Como una veinteañera, Anita Obregón termina el culebrón que ha mantenido a esta España nuestra en vilo. Ninguna ley ni discriminación ha hecho que se movieran tantas alfombras y que opinara hasta el topotitolasoba. Porque portadón va, silla de ruedas viene, la trama de la exclusiva organizada magníficamente por los compañeros del ¡Hola! ha permitido que las incógnitas se barajen y que la pusieran a escurrir durante varias semanas, pero la cosa continúa.

Y efectivamente la septuagenaria Ana García, que se nos olvida tu nombre, photoshopazo en mano por el director de arte de la publicación, ¡Hola!, con una tez blanca presenta a su queridísima nieta Ana Sandra Lequio; ¡oye tocaya, qué difícil…«Analé»! para que la pobre niña —que se va a quedar más sola que la una—, viva del culebrón de la abuela y del último deseo del padre que era dejar el semen «por lo que sea».

Ahora aparece la novia que dice tener una carta en donde el finado pedía destruir el semen como si uno lo guardara como un sello de correos, por si las moscas.

Y así se escribe la historia de este guion que da para varias temporadas, sin contar que jugar a la casitas no impide que esa niña, —nacida para ser explotada desde ya—, sea una persona a la que le narren que su padre murió con 27 años pero su abuela de 68 la encargó para que la dinastía se perpetuase. Y no solo eso, sino que el horno fue abonado en los Estados Unidos de Biden y tuvo que ser registrada con un nombre-apellido porque el donante que es el hijo de la abuela pasa a ser tu padre. ¡Toma ya!

Ahora tendremos a las terelus y compañía haciendo sus cábalas para ver cómo, qué, cuándo y así pasará el primer veranito y podrá vendernos el bautizo, los primeros pasos, la primera papilla y suma y sigue. Vamos, que le va a salir gratis criar a la muchacha.

Voy a ver si reposo todo esto porque el inconmensurable amor que esa niña le dará a su abuela no sustituirá a su hijo aunque ahora sean todo puntillas y biberones. Lo malo es que el sufrimiento aparecerá pronto y la nena, a la edad de su padre ya no tendrá abuela, ni padre, ni madre, ni perrito que la ladre. No sé, pero deberíamos darle una vuelta y que esto no se ponga de moda, que la gente como va a lo suyo todavía se hace viral.

Ahora que pensábamos que el cuento se acabó, la abuelita Anita se hace escritora. Hay que reconocer que esta señora era «Anita la fantástica» pero ahora se supera a sí misma.

Hoy sale a la venta el libro: «El chico de las musarañas», al parecer una novela empezada por su hijo Aless que comenzó a escribir cuando le fue diagnosticado el cáncer. Entre los múltiples deseos del chaval, estaba también terminar su obra literaria, y por ello, la buena mujer, Montblanc en mano, ha reescrito la historia pensando en las musarañas; algo habitual en ella desde hace décadas.

Según reza la sinopsis del libro: «el lector encontrará un relato sincero, ácido, irónico, vibrante y con un sentido del humor único que hará descubrir a su autor, por su talento, carisma y personalidad, que de no haber fallecido habría triunfado como escritor»

Voy a ver si me lo compro que todavía me quedo sin él. Nos falta ver a Anita Obregón firmar en la Feria del Libro la semana que viene. Si no fuera porque esto es una tragedia se mire por donde se mire, nos reiríamos mucho. Pero no. Perder a un hijo es un dolor inconmensurable; es antinatura y eso le hace hacer todo lo demás. Por ello disculpamos muchas cosas y que todo este tráfico de semen, vientre de alquiler y obra póstuma no lo tomemos en cuenta aunque de forma aislada, si lo pensamos bien, no hay por dónde cogerlo. Digamos solamente eso que decían las abuelas antaño: «que se crie bien». El resto, mejor, lo obviamos, el libro ya es el más vendido en Amazon; ¡pa habernos matao!

Cosas veredes, Sancho…

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