El envejecimiento es un proceso biológico natural que se manifiesta de distintas formas: entre ellas, el bloqueo cognitivo por la edad que conlleva pérdida de autoestima y aislamiento social. Estos cambios orgánicos afectan al cuerpo física y mentalmente de forma que la función cognitiva es cada vez menor y por ello se visibiliza la falta de accesibilidad cognitiva del entorno del mayor.

La consecuencia de todo ello es una ralentización del pensamiento que provoca que las personas mayores necesiten más tiempo para comprender e interpretar la información que existen a su alrededor; una pérdida de memoria y hasta dificultades en el habla. 

Estas dificultades visoespaciales hacen que las personas mayores y/o las personas con discapacidad intelectual encuentren más barreras que el resto de la población en su día a día. Estas barreras pueden ser físicas y cognitivas. En el primer caso, la accesibilidad física está ampliamente estudiada; pero la accesibilidad cognitiva, entendida como la propiedad de los objetos y de su entorno que facilita la comprensión y su uso, no. 

No hay por tanto informes ni una normativa que permita hacer estimaciones oficiales del alcance real del bloqueo cognitivo. Ante esta ausencia, se puede hacer referencia a la última Encuesta Europea de Salud en España (EESE) publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondiente al año 2020, según la cual el 19,5% de la población de 65 y más años tuvo dificultad para realizar alguna actividad básica de la vida diaria como alimentarse, asearse, vestirse, sentarse o levantarse.

Si echamos un vistazo a nuestro alrededor, descubrimos barreras cognitivas por todas partes: edificios demasiado grandes, con muchas salas diferentes y pasillos; abigarramiento de carteles y símbolos por todas partes o la introducción de la tecnología para resolver tareas cotidianas, como las máquinas para recoger las citas médicas o los cajeros automáticos, son solo algunas de ellas.

«La cognición permite atender a los estímulos, manipular y almacenar la información, expresar y comprender ideas, y anticiparse a las consecuencias de una conducta» explica la psicóloga y Presidenta de la Asociación Española de Psicogerontología, Ana María González Jiménez. Es decir, garantiza a las personas mayores y/o con discapacidad cognitiva el derecho a tener autonomía, independencia y seguridad, permitiendo su participación social y su integración en la comunidad.  

La pérdida de estos derechos «supone la pérdida de autoestima y, por tanto, el aislamiento social» tal y como apunta esta profesional.«Su dignidad se ve mermada y por tanto la persona tiende a evitar los retos. En última instancia, puede acabar cayendo en exclusión social», aclara.

Para evitar que cada vez más personas mayores vivan al margen de la sociedad, tendencia que se ha agudizado durante la situación de pandemia mundial por COVID 19, es necesario identificar las barreras cognitivas e implementar actuaciones para que los adultos mayores y las personas con discapacidad intelectual puedan hacer un uso fácil del entorno.

Berta Liliana Brusilovsky, presidenta de la Asociación para la Comprensión Fácil de Entornos y Edificios (ACFEE), arquitecta y experta en Accesibilidad Cognitiva lleva años interviniendo espacios como Centros de Día y Residencias para mayores para hacerlos más accesibles cognitivamente. 

En palabras de Brusilovsky, la accesibilidad cognitiva es «una fortaleza para la vejez y para la cualquier ser humano; un vocabulario espacial, que actúa como facilitadora de las actividades de la vida diaria para el adulto mayor». Además, «modifica el ambiente» dice Brusilovsky, «ya que contribuye a aumentar la actividad física y mental de las personas mayores y, por tanto, a mejorar su salud». 

Para implementar actuaciones que propiciaran la accesibilidad cognitiva de los adultos mayores, la arquitecta estudió neurociencia durante cuatro años. Esta le ha servido para investigar qué bloqueos pueden sufrir las personas mayores y/o con discapacidad cognitiva y actuar en consecuencia. «Me imagino escenarios para ese bloqueo» aclara. 

Aunque cada entorno tiene sus propias características, según esta profesional en general favorecen la accesibilidad cognitiva los espacios «abiertos y bien señalizados, usando colores y signos fácilmente reconocibles, para evitar el efecto laberinto» En sus diseños juegan un papel fundamental los patios y los sistemas de apoyo especiales para contrarrestar la fatiga del comportamiento, mientras que los dígitos contribuyen a la orientación, pues Brusilovsky son uno de los últimos recuerdos que se pierde.

González y Brusilovsky son algunas de las voces que tratan de sensibilizar e informar sobre la necesidad de facilitar la accesibilidad cognitiva para desarrollar entornos saludables para las personas mayores, demanda a la que se suman entidades como el Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia (CEDDD). «Pese a que queda mucho por hacer, ambas confían que en pronto se desarrollen y se implanten mejoras en este terreno, pues al fin y al cabo será algo que a medio largo-plazo llegará a beneficiar a todo el mundo», han comentado.   

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