Actividad física: la salvadora de la salud mental en la cuarentena

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Alejandro García para Prensa Social


Dícese que se era, que el año 2020 será recordado por muchos/as por el hecho de que el mundo se “parase” ante la pandemia del SARS-CoV-2 o COVID-19. Ante este contexto quedan muchas tragedias y secuelas, tanto económicas como sociales. A nivel humano, una de las áreas que se perciben como más afectadas y que probablemente tardarán más en recuperarse es la de la salud mental.

Aunque en este artículo vamos a darle un matiz más positivo y dinámico, hoy leemos acerca de una heroína tan silenciosa como agradecida, tan humilde como alegre y tan fiable como emocionante; hoy leemos sobre como la Actividad Física (AF) salvó la salud mental de muchos/as durante la pandemia.

Vamos a empezar por las consecuencias perniciosas para la salud mental y los factores de vulnerabilidad asociados que influyeron en el malestar, siendo que la pandemia trajo consigo las cuarentenas, siendo que en una revisón sobre la evidencia del impacto de la pandemia como estresor, se encontró preocupaciones como el miedo a infectarse, o la pérdida de ingresos estaban significativamente relacionado con síntomas de salud mental (Brooks, 2020); además del tamaño de la casa (percibida como pequeña), exposición a los medios de comunicación (exposición a desastres) y las actitudes hacia las medidas tomadas durante la cuarentena (actitudes negativas), se relacionan con problemas de salud mental.

Una manera de trabajar con respecto a lo anterior, sería restaurando el sentido de control para aliviar las reacciones de estrés. Con respecto a la Teoría Social Cognitiva, la eficacia percibida de afrontamiento” (percepción de que uno/a es capaz de controlar o afrontar la amenaza), juega un papel central en una adaptación exitosa (Bandura, 1997).

La eficacia de afrontamiento percibida y la confianza en las instituciones son predictores significativos de síntomas de salud mental y bienestar. La preocupación juega un papel en los síntomas de salud mental; con respecto al Modelo de Procesamiento Paralelo Extendido (Witte, 1992), altos niveles de preocupación llevan a un comportamiento de protector cuando la eficacia percibida es alta. Según los resultados de un estudio realizado en Italia (Patri, 2020), la colaboración activa entre las autoridades públicas sanitarias y los medios de comunicación en un equilibrio de mensajes sobre amenaza/eficacia, jugó un papel significativo en la salud mental de los ciudadanos/as; siendo que las actitudes positivas sobre las medidas predijeron menos sintomatología y mayor bienestar.

Sobre todos los indicadores medidos, las personas con un estatus psicosocial desaventajado y con antecedentes de problemas mentales reportaron los peores resultados en salud mental (O ́Connor & el., 2020).

En un estudio donde se analizó la asociación de ansiedad/depresión con factores sociodemográficos (edad, género, pobreza), sociales (apoyo social, soledad), psicológicos (riesgo percibido, representación de la enfermedad). Los resultados dicen que la soledad, falta de apoyo social y pensamientos sobre COVID-19 aumentaban los efectos de estos factores sobre la salud mental (Hubbard, Den Daas, Johnston, & Dixon, 2021).

Con respecto a lo anterior, tomando com referencia la ansiedad como un indicador de malestar, encuestas realizadas en UK con el GHQ-12 se encontró un aumento significativo de los niveles de malestar psicológico de un 18.9% en 2018-2019 a un 27.3% en abril de 2020. Los indicadores de bienestar mental fueron menores en personas con multimorbilidad psíquica (Smith, y otros, 2020), los datos indican que esta población fue especialmente vulnerable a experimentar una pobre salud metal durante la pandemia.

En relación al bienestar mental, se encontraron una serie de factores mediadores importantes durante la pandemia, los más destacados fueron:

(1) Soledad y apoyo social, entendiendo la soledad como el sentimiento subjetivo de estar solo/a, o a parte de otros/as; vinculado a esta, está el aislamiento social, definido como la separación objetiva de otras personas; y el apoyo social, como grado objetivo en que uno/a está socialmente conectado/a y la percepción subjetiva de la predisposición de apoyo de los/as demás (Leigh-Hunt & et., 2016; Tomaka, Thompson, & Palacios, 2006).

Mantener contacto regular con amigos/as y familia, aunque fuera on-line, se ha encontrado como un factor clave en el mantenimiento de la salud mental y el bienestar (Cowan, 2020). Atendiendo a lo anterior, nos podemos hacer una idea de la importancia de los matices con respecto a la percepción que puede tener la persona de su situación, siendo que no es lo mismo el estar solo/a o el sentirse solo/a, aun estando rodeado/a de gente.

(2) Amenaza o riesgo percibido, al medir la ansiedad/depresión se encontró que la baja percepción de posibilidad para contraer el COVID-19 estaba significativamente asociada a una baja puntuación en ansiedad y viceversa (Wang & et., al. 2020). De igual manera se ha encontrado que un alto nivel de percepción de susceptibilidad, severidad e impacto eran fuertes predictores de altos niveles de ansiedad, siendo esto relacionado con depresión (Lin, 2020).

Un estilo de vida saludable podría influir en la percepción de afrontamiento a las enfermedades por lo que puede ser un mediador de la sintomatología ansiosa/depresiva.

Dado que la percepción de impacto y severidad de la enfermedad podría reducirse al verse la persona a sí misma como más capaz de afrontar una enfermedad por tener un organismo saludable y un buen sistema inmunitario.

También se ha encontrado una relación negativa entre la percepción de amenaza y el apoyo social, siendo que esta percepción media la relación entre el apoyo social y la ansiedad; se puede entender con esto que las personas pueden desarrollar miedo a relacionarse con otras personas por el riesgo de contagio, lo que se traduce en un menor contacto y apoyo social.

Un modelo teórico que puede ayudar a explicar estos comportamientos con respecto al riesgo percibido es el de la “Protecction Motivation Theory” (Teoría de la motivación de protección), las personas realizan una evaluación del riesgo basado en como de grave creen que es la amenaza y como de vulnerables se perciben ante ella (Milne, Sheeran, & S., 2000).

(3) Representación de la enfermedad, esta está asociada con sintomatología ansiosa/depresiva, (Evers, 2001). El “Leventhal ́s Commonsense Model of Self- Regulation” (CS-SRM) (Modelo de autorregulación del sentido común de Leventhal), propone que las personas construyen representaciones sobre los riesgos de salud, lo que les ayuda a dar sentido a sus experiencias y les provee de unas bases para sus propias respuestas de adaptación. Se ponen en marcha dos sistemas de respuesta cognitiva ante un riesgo para la salud: (1) procesamiento cognitivo para regular el riesgo objetivo; (2) procesamiento emocional para regular la ansiedad y el miedo (Leventhal, Phillips, & Burns, 2016). Este último puede ser el más importante para entender los efectos del COVID-19 en la salud mental.

Las creencias sobre la enfermedad tienen un papel central en el modelo antes mencionado, el cual tiene cinco componentes clave: (1) Identidad (creencias sobre la naturaleza de la enfermedad); (2) Línea temporal (curso de la enfermedad); (3) Consecuencias (impacto personal); Causa (factores causales); Control/cura (viabilidad de control o cura).

En conclusión, hay un relación directa entre ansiedad y depresión con variables sociodemográficas (edad, género, estatus socioeconómico), factores sociales (apoyo social, estado de las relaciones sociales, soledad), factores psicológicos (riesgo percibido, representación de la enfermedad).

Siendo que las personas jóvenes, mujeres y personas que viven en áreas de bajos recursos reportaron valores más altos de ansiedad. Estos factores están relacionados con la salud mental, por lo que trabajarlos podría ser de utilidad a la hora de hacer frente a situaciones parecidas que se puedan dar en el futuro. De igual manera, ciertos mecanismos psicosociales, incluyendo soledad, percepción del riesgo y representación de la enfermedad pueden aumentar el efecto de los factores sociodemográficos.

Ahora que hemos visto los efectos que trajo la pandemia y las cuarentenas sobre la salud mental de las personas, vamos a ver como influyo en la calidad de vida el realizar Actividad Física respondiendo a ciertas preguntas, ¿por qué las personas la practicaban?, o de lo contrario, ¿por qué no lo hacían? y ¿qué buscaban de ella?

En un estudio realizado en Canadá sobre las barreras y los motivadores para la AF en la cuarentena (Marashi, Nicholson, Ogrodnik, Fenesi, & Heisz, 2021), los datos mostraron que hubo una reducción con respecto a los niveles de AF previos a la pandemia (aeróbica -11%, fuerza -30%, sedentarismo +11%) comparando los niveles de 6 meses antes al confinamiento.

A colación de lo anteriór, la salud mental resultó afectada con un incremento del estrés psicológico (+22%) de la sintomatología ansiosa y depresiva. Las personas con una salud mental más deteriorada fueron aquellos/as físicamente menos activos/as.

Con respecto a las barreras percibidas para realizar actividad física durante la cuarentena, la mayoría de los entrevistados/as estaban desmotivados debido a elevada ansiedad (+8%), falta de apoyo social (+6%), acceso limitado a equipamiento (+23%) o poco espacio (+41%). Quienes reportaron estar más activos/as físicamente reportaron estar poco motivados/as debido a resultados de salud física como pérdida de peso (- 7%) o incremento de fuerza (-14%); resaltando el que se sintieron más motivados/as por los resultados relacionados con la salud mental como alivio de la ansiedad (+14%).

Las barreras percibidas más relevantes fueron: la falta de confianza (+8%); nulo acceso a instalaciones (+41%); falta de equipamiento (+23%); ansiedad elevada (+8%); falta de apoyo (+6%). Las personas que reportaron unos mayores niveles de depresión fueron más tendentes a reflejar falta de motivación como barrera, los que reportaron mayores niveles de ansiedad, reflejaron el alivio del estrés como motivador y ansiedad como barrera.

Las personas participantes reportaron menos motivación para realizar AF por pérdida de peso (-7%); aumento de fuerza (-14%); diversión (-4%); entrenamiento deportivo (-5%) y recomendaciones de salud (-2%). Por otra parte, las personas más motivadas fue por reducción del estrés (+5%); alivio de la ansiedad (+14%) y mejora del sueño (+4%).

Relacionándolo con trabajos anteriores al respecto de la relación directa entre la salud mental y la AF, los resultados del presente estudio muestran el potencial efecto protector de la AF en la salud mental y la necesidad de apoyo psicológico para superar las barreras percibidas para que las personas consigan mantenerse físicamente activas durante un tiempo estresante como la pandemia.

Con respecto a una población especialmente vulnerable como son las personas afectadas con problemas de salud mental, la AF es de las intervenciones más eficaces para prevenir el estrés inducido por enfermedad mental (Bull, y otros, 2020), las personas que son más activas físicamente suelen ser menos tendentes a los estados ansiosos y deprimidos; las personas sedentarias que empiezan a hacer ejercicio consiguen un alivio de sus síntomas depresivos.

Esto nos puede indicar que la AF es una herramienta muy útil para tratar sintomatología ansiosa/depresiva, según las necesidades de la persona.

De igual manera se pueden trabajar otras áreas que favorezcan un mayor apoyo social al practicar deporte con otras personas, con ello una reducción del miedo y aumento de la eficacia percibida, por lo que se genera una intervención integral.

Con respecto a la razón por la cual la pandemia ha exagerado la inactividad física y el sedentarismo se puede explicar por el Modelo sobre Creencias de Salud (Health Belief Model: Rosenstock, 1974), el comportamiento con respecto a la salud y la AF está mediado por las barreras y los motivadores percibidos.

Para terminar, según la ciencia, treinta minutos de ejercicio aeróbico de intensidad moderada, tres veces a la semana puede ser igual de efectivo al reducir el malestar psicológico y reducir la sintomatología ansiosa/depresiva sin los efectos secundarios de la medicación, como náuseas, fatiga y pérdida de apetito”. (Netz, 2017; Kvam, Kleppe, Nordhus, & Hovland, 2016).

Alejandro García Guerrero

Psicólogo col. M-34.573

Técnico Superior en Actividad Física y Animación Deportiva

Referencias:

Bandura, A. (1997). Self-efficacy: The exercise of control. Freeman.

Brooks, e. a. (2020). The psychological impact of quarantine and how to reduce it: Rapid review of the evidence. The Lancet., 395(10227), 912-920. Obtenido de https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30460-8

Bull, F., Al-Ansari, S., Biddle, S., Borodulin, K., Buman, M., Cardon, G., & al., e. (2020). World Health Organization 2020 guidelines on physical activity and sedentary behaviour. British Journal of Sports Medicine, 54(24), 1451-1462. Obtenido de https://doi.org/10.1136/bjsports-2020-102955

Cowan, K. (2020). Survey results: Understanding people’s concerns about the mental health impacts of the COVID-19 pandemic. Londres.

Evers, A. (2001). Beyond unfavorable thinking: the illness cognition questionnaire for chronic diseases. J Consult Clin Psychol., 1026-1036.

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Kvam, S., Kleppe, C., Nordhus, I., & Hovland, A. (2016). Exercise as a treatment for depression: A meta-analysis. J. Affect Disord., 67-86. Obtenido de https://doi.org/10.1016/j.jad.2016.03.063

Leventhal, H., Phillips, L., & Burns, E. (2016). The Common-Sense Model of Self- Regulation (CSM): a dynamic framework for understanding illness self- management. J Behav Med., 39(6), 935-946. Obtenido de https://doi.org/10.1007/s1086 5-016-9782-2.

Lin, Y. (2020). Knowledge, attitudes, impact, and anxiety regarding COVID-19 infection among the public in China. Front Public Health., 8:236.

Marashi, M., Nicholson, E., Ogrodnik, M., Fenesi, B., & Heisz, J. J. (2021). A mental health paradox: Mental health was both a motivator and barrier to physical activity during the COVID-19 pandemic. PLoS ONE, 16(4), 1-20. doi:https://doi.org/10.1371/journal.pone.0239244

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Patri, G. (2020). Mental health and it ́s psychosocial predictors during national quarantine in italy against the coronavirus disease 2019 (COVID-19). Anxiety, Stress, and Coping., 0-12. Obtenido de https://doi.org/10.1080/10615806.2020.1861253

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Smith, L., Jacob, L., Yakkundi, A., McDermott, D., Armstrong, N., Barnett, Y., & al., e. (2020). Correlates of symptoms of anxiety and depression and mental wellbeing associated with COVID-19: a cross-sectional study of UK-based respondents. Psychiatry Research, 1-7.

Wang, C., & et., a. (2020). Inmediate psychological responses and associated factors during the initial stage of the 2019 Coronavirus Disease (COVID-19) epidemic among the general population in China. Int J Environ Res Public Health.., 1700- 1729.

Witte, K. (1992). Putting the fear back into fear appeals: The extended parallel process model. Communication Monographs., 59(4), 329-349. Obtenido de https://doi.org/10.1080/03637759209376276

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