El Long Covid o covid persistente ha sido reconocido como enfermedad, aunque no así la baja laboral por su patología, pese a contabilizar más de un millón de afectados en España.

Los pacientes aquejados de Long Covid han pasado de vivir en un limbo laboral, en el que se omitía su condición sanitaria, a un reconocimiento oficial de su patología por parte de las administraciones correspondientes.

De lo que actualmente carecen, sin embargo, es del respaldo legal de sus bajas laborales; un desamparo que obliga al 60 por ciento de ellos a continuar en sus puestos de trabajo, forzados a rendir económicamente pese a encontrarse enfermos.

Más de la mitad de los pacientes de Long Covid se sienten no aptos para trabajar

En España hay más de un millón de personas que padecen Covid Persistente, entre niños y jóvenes y mayores y adultos de edad media. Hablamos de una enfermedad que provoca que una persona siga sufriendo en carne propia dos o más síntomas asociados al coronavirus, incluso tres meses después del contagio. Según estadísticas internacionales, el 10 por ciento de los infestados por covid-19 acaba desarrollando el llamado Long Covid o Covid Persistente, unos índices que en España se traducen en más de dos millones de afectados en total.

Sí, es cierto que muchos de ellos no tienen que acudir a la oficina, por pensión y jubilación o escolarización, el 60 por ciento de los que sí continúan en etapa laboral han admitido que no se ven ni aptos ni preparados para seguir rindiendo igual que antes de su dolencia, heredada por infección del virus SARS-CoV-2.

Es por ello por lo que los colectivos de los aquejados por Long Covid han lanzado hace poco una campaña de reclamación, demandando públicamente y para sus representados más cobertura de las incapacidades temporales que llegan a sufrir, pese a figurar ya en la lista de enfermedades con motivo de baja laboral.

Es el caso de Carolina Latorre, de casi 50 años, quien en agosto de 2020 sucumbió a un covid-19 en forma de resfriado, conviviendo desde entonces con unas secuelas que le impiden hacer vida normal, sin llegar a abrazar en estos casi dos años un estado propicio que le permita trabajar, incapacidad debida, fundamentalmente, a su Long Covid.

«Estoy tan mal que vivo para dormir y trabajar», confiesa Latorre, a quien le han denegado la ampliación de la baja y, por tanto, tiene que acudir a su puesto de trabajo como educadora social en un centro de menores. «Voy del centro a la cama y de la cama al centro. Solamente cuando tengo tres días libres seguidos puedo usar uno, el de en medio, para vivir algo. El resto me los paso recuperándome del esfuerzo de ir a trabajar con mis síntomas, en mis condiciones».

Sin vida social y con un Long Covid que lastra y discapacita

El cuadro clínico de Carolina coincide casi punto por punto con muchos de los síntomas que se asocian al Long Covid, véase cefaleas, migrañas recurrentes, niebla mental, fatiga extrema, pérdida de capacidades cognitivas, e «insoportables» dolores musculares y articulares, amén de falta de aire, desconcentración, facultades cognitivas en caída y alarmante bajada de la masa muscular.

«En mi trabajo con los chavales no puedo estar al 30%, es inviable. Así que me dieron un tiempo más de baja para recuperarme, dos meses», cuenta, agregando a su relato la admisión de que durante todo ese tiempo estuvo esforzándose todo lo posible para reincorporarse al trabajo en plenas facultades.

¿Cómo? Saliendo a andar y haciendo ejercicio. Un esfuerzo que le llevó a creerse preparada para volver, empalmar cuatro meses continuos de trabajo, y acabar con medio cuerpo paralizado, vencido por muchos síntomas y el esfuerzo realizado a pesar de solo estar sobrellevando médicamente la situación. Desde entonces no ha podido volver a retomar su actividad profesional en el centro de menores.

El caso de Carolina es uno entre otros miles parecidos con Long Covid, desafortunadamente. De hecho, el 88 por ciento de los aquejados de Coronavirus de larga duración tuvieron que coger baja laboral en algún momento de su enfermedad por infección, siendo que el 60 por ciento de ellos acabó recibiendo un alta forzosa y una obligada vuelta al puesto de trabajo.

En España existe un sistema de baja laboral por enfermedad que se otorga por incapacidades temporales; puede durar 365 días, como máximo, plazo a partir del cual se puede prorrogar unos 180 días extra, recibiendo 18 meses en total. Si pasado ese tiempo uno sigue igual o peor, el paso siguiente es solicitar la incapacidad definitiva.

«Fui a un tribunal médico que debía decidir si prorrogarme la baja o no», contó Latorre, quien confesó que ni siquiera le concedieron la prórroga de seis meses. «La mujer que lo presidía me dijo que esos 180 días se conceden a la gente que puede mejorar en ese tiempo, pero que yo no voy a mejorar y tengo que acostumbrarme a vivir con ello».

Desde entonces trabaja a turnos de 8 o 12 horas, obligada a usar el resto de la jornada para trabajar y así poder rendir mínimamente en su puesto de trabajo. No ha sido hasta este año cuando en España se ha reconocido la incapacidad temporal por Long Covid, por lo que a Carolina le tocó vivir la época en que las bajas intermitentes se concedían por los síntomas.

Del despido al abandono laboral

Y eso que Carolina quiere trabajar, tal y como admite ella misma; el problema es que no puede; es más, siente que el sistema la ha desamparado bastante en este sentido, un desabrigo que comparten todos los enfermos de Long Covid incapacitante, algo que también acusa la portavoz del colectivo de Covid Persistente de Madrid, Beatriz Fernández, con seria y activa presencia en Twitter.

«Te sientes barrido de la sociedad; no queremos ser dependientes. Pero mientras nos recuperamos necesitamos acompañamiento, una manera de mantenernos económicamente».

En su colectivo han tenido que ayudar a una afectada de Long Covid a no ser desahuciada, según cuenta la portavoz de la entidad, o gestionar ayudas de Cruz Roja para comer, «porque personas en plena edad activa se ven condenadas a dejar sus trabajos», lamentó Fernández, «o les despiden cuando se reincorporan forzosamente y en sus empresas ven que ya no rinden».

Tanto es así que el 30 por ciento de las personas aquejadas de Long Covid demanda, por su nueva patología adquirida tras la infección, una adaptación completa y adecuada de su puesto de trabajo; pese a ello, el 18,7 por ciento de ellos ni siquiera la consigue, según una encuesta española realizada no hace mucho por los colectivos de pacientes con Covid de larga duración.

Un aislamiento estatal

El cuestionario reflejó que el 88 por ciento de este perfil de pacientes tuvieron que coger baja laboral, con el 60 por ciento de ellos obligados a recibir una alta forzosa, aun cuando todavía no se sintieran aptos para trabajar. Es más, «entre el 82% de los pacientes de covid persistente que estamos trabajando no consideramos que estemos bien para trabajar», esclarece Fernández.

Otra reciente encuesta, todavía abierta, por cierto, reveló que el 24,5 por ciento de los afectados por covid persistente en España se encontró sobrellevando más de 12 meses de baja.

«Reivindicamos que se proteja al enfermo de covid persistente», demandó Fernández, aclarando que «no queremos renunciar a trabajar; lo que querríamos es recuperarnos, pero eso llevará tiempo porque hace falta investigación. Así que al menos, mientras encuentran cómo tratarnos o nos vamos recuperando lentamente, necesitamos seguir teniendo recursos para vivir».

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