La apuesta por salir de las adicciones pasa por querer, como casi todas las cuestiones que tienen que ver con los cambios de hábitos de vida. Existen varias opciones, pero ninguna como la que procuró Madre Elvira en la Comunidad del Cenáculo, una organización que ya está en varios países del mundo. Personas de todas las edades acuden para probar y piden ayuda para abandonar el hábito de las drogas o el alcohol. Y resulta que sucede.

Fue en Saluzzo, Cuneo (Piamonte) donde Madre Elvira Petrozzi inició una comunidad para ayudar a las personas desesperadas, marginadas, abandonadas a su suerte por la droga o el alcohol. Esta idea arrancó durante la Segunda Guerra Mundial entre 1940 y 1945.

Hija de un padre alcohólico y toxicómano, durante muchos años se avergonzó de su propia vida. Él al final al llegar a la vejez, le enseñó una cosa: desde la pobreza y la humildad se puede mirar de otra forma a una persona. La tangibilidad de la vida —según refiere en sus escritos— era su padre en persona, cuando éste se quebraba, cuando buscaba alcohol y la droga porque le hacía falta.

Madre Elvira

Ella, tras mucho sufrir, pidió perdón a aquellas familias a quien su padre pudo haber humillado con sus actos y por ello le devolvió a la vida con su trabajo e idea, una comunidad para curar el alma de personas que como él, no tuvieron una oportunidad.

Con poco dinero —pero mucho esfuerzo—, abrió su primera casa de jóvenes para que pudieran encontrar sentido a todo ese maremágnum. Primero se inauguró en Italia y más tarde, una tras otra, en varias ciudades de Europa. Cuando ya se instauró un modus operandi, abrieron casas en el resto del mundo.

En España, se han abierto dos casas: una en Barcelona y otra en Tarragona, aunque también en muchas iglesias se reúnen padres de personas afectadas por estos hábitos y piden cada jueves por todos los miembros del Cenáculo. Una de ellas, es la parroquia de San Ignacio en Torrelodones (Madrid).

Cada jueves se reza el Rosario a las ocho de la tarde y se ruega por estos jóvenes. Familias enteras, padres agradecidos, otros perdidos, se reúnen para compartir el dolor y la experiencia. Y lo mejor de todo es que siempre encuentran luz entre tanta oscuridad. Siempre hay una oportunidad en esa pequeña capilla en donde se reúnen.

Madre Elvira dice:

«…somos nosotros los primeros testigos de un milagro de Dios, jamás pensado ni proyectado en un escritorio, que nos supera y sorprende y que por Su gracia somos partícipes»

Miles de personas han pasado ya por estas casas del Cenáculo y en ellas, con el trabajo en el campo y la oración, los jóvenes —acaso agnósticos, ateos, sin valores— han logrado adquirir una forma de vida; una que luego les ha transformado para ayudar a otros como ellos.

La Comunidad del Cenáculo está reconocida por la iglesia, en el Consejo Pontificio para los laicos y como asociación internacional de fieles.

«Quien reza bien
trabaja bien
El que trabaja bien,
reza bien” , Madre Elvira

El trabajo permite que se refugien ahí, bien para renacer, para construir un diálogo, para crecer en la humildad y para descubrir sus propios dones, dice Madre Elvira, que sigue cada jornada como si acabara de empezar, con el mismo afán. Trabajando reconstruyen su voluntad, aprenden responsabilidad, vuelven a tener confianza en sí mismos, se descubren capaces de sacrificio, de esfuerzo, de constancia.

Reunión de jóvenes del Cenáculo en una iglesia en Madrid.

«Averiguan que se enriquecen no tanto con lo que hacen sino con la ilusión de curarse. Experimentan que un plato cocinado con amor alimenta mejor y da alegría al corazón y por ello, un trabajo bien hecho impresiona a quien lo hace; permite reflexionar al que lo ve y al resto, les da serenidad y paz al alma» afirma la Madre.

Con el Rosario se acercan a los rezos —aunque para muchos no tiene ningún sentido al principio— lo cierto es que tras vivir en la Comunidad del Cenáculo, terminan el día con el milagro de la oración y el trabajo en el campo en unión con otros como ellos.

Para contactar con ellos, es suficiente con acercarse a Torrelodones (Madrid) cualquier jueves del mes o bien, pueden enviar un correo electrónico a los responsables de la Comunidad del Cenáculo.

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