Sucede un día, como suceden casi todas las cosas en las que no reparamos. En esa jornada, desayunamos con alcohol —porque es lo que tenemos a mano— y curiosamente, no pensamos en ello, pero lo cierto es que nos hace sentirnos bien. Salimos de casa y vamos a un bar. Es la segunda copa y son las diez de la mañana. Así todos los días durante varios años.

Poco a poco, en ese afán, aprendemos a rodearnos de personas como nosotros, ésas que están a diario en un bar y en el caso de Pablo no fue distinto. Frecuentaba a la misma hora el mismo establecimiento. En su ritual«pedía lo de siempre» y repetía, una y otra vez. Divagaba asuntos de la vida con otros como él —sus amigos— quizá hombres y mujeres igualmente perdidos, mientras pasaban las horas muertas; muertos en vida, los de la barra del bar, ésa a la que hacía referencia Gabinete Caligari.

«No hay como el calor del amor en un bar»

Le veo en la puerta de Alcohólicos Anónimos (A.A.) en la localidad madrileña de Collado-Villalba. Quiere contarme cómo le ha ido para ver si alguno que lea Prensa Social sale del mismo agujero en el que él se encontraba. Le he contado que soy periodista y que me gustaría que me narrara cómo llegó hasta aquí y qué le ha empujado a dejarlo.

Tiene mediana edad, cabello oscuro, talla baja y algo de tripa. Lo ha perdido todo. No trabaja pero espera hacerlo en breve.«Parece que voy saliendo», dice. Actualmente vive con un subsidio y de la pensión de sus padres que viven en Alpedrete (Madrid). En su afán está «el salir de aquí» me repite cada dos frases. Empezó bebiendo como todos; porque sí, por socializarse, por calmar la ansiedad, por hartazgo, dependiendo de la época, me decía.

«Me mostraba inerte a cuanto acontecía. Ningún proyecto encima de la mesa y deudas. El principio del alcoholismo no se maneja, te lo digo yo. Siempre dices que lo controlas, siempre subrayas que se regula, dicen los que beben a diario. Yo elijo cuándo y cómo me cojo un pedo», refiere nuestro entrevistado.

Y en ese devenir, pasaron los años y muchos tóxicos más que fue probando día a día. Finalmente sin ser consciente de cuánto había dejado atrás, coincidió con un exalcohólico en la estación de tren de Cercedilla, un pueblo de Madrid al que solía acudir los domingos también para beber. Hablaron de cuestiones comunes: del abandono, de la autoestima, de lo poco que le quedaba ya a cada uno, de la enorme pérdida. Y en ese discurso le dijo que su lema diario era «Sólo por hoy». ¿Te animas a venir?

«Mantener la abstinencia es el fin, porque ser alcohólico es para siempre, un mal, que desgraciadamente no tiene cura», refiere.

Pablo ignoró por completo cuanto le dijo Alberto. Éste fue albañil de profesión y hoy se dedica a acompañar a personas como él, personas que han pasado por el ocaso de la vida, exalcohólicos que llevan de la mano a alcohólicos. Van a su lado, hablan de la vida, «pero nunca nos da la chapa, sólo te proponen acudir a un centro de A.A. y empezar con eso del sólo por hoy».

No hablan del pasado porque pasado está, pero si aprenden frases nuevas cada día:«sólo por hoy». Entre ellas, figuran las metas a corto plazo;«no beber hoy, cualquiera puede pasar 24 horas sin tomar una copa», añade. De mañana nos ocuparemos cuando llegue… Ha visto morir a muchos que llegaron tarde.«Vinieron ya con una esteatosis hepática, otros con cirrosis sin saberlo. Porque estas enfermedades no tienen ningún síntoma y cuando llegan, lo hacen en silencio y zas, te llevan por delante», dice con angustia.  

Pablo no tiene dinero pero en A.A. no se cobra nada, así que accede a acudir a una de las reuniones. No existen cuotas ni honorarios y no participan de ninguna organización ni política ni religiosa. Su objetivo sólo es uno; alcanzar la sobriedad para ayudar a otros a salir de ahí.

Los pensamientos confusos, el miedo al fracaso, la negatividad, la falta de futuro y un presente poco amable, hacen que en un intento fallido, Pablo no pueda continuar en algún momento del día —pero esto es normal con las personas que intentan salir—. Por esa razón no ve salida; sólo morirse algún día. Pero aun así, accede y escucha a otros alcohólicos como él a los que prefiere llamar enfermos, porque así se siente.

«Un programa fácil de llevar a cabo si se quiere» comenta Alberto. Pasos para una recuperación real acompañado siempre de personas como tú, esas que un día, fueron los amigos de la barra del bar.

En el decálogo,«sólo por hoy» se establecen las metas diarias:

«Sólo por Hoy»: seré agradable. Me mostraré lo mejor que pueda. Vestiré apropiadamente, hablaré en voz baja, actuaré cortésmente, no haré crítica alguna, no le encontraré faltas a nada y trataré de no superar ni dirigir a nadie más que a mí mismo.

«El alcohol nos ayudó a salir de muchos atolladeros dice cualquiera de ellos. Calmó la ansiedad, nos dio paz. Acaso fue el mejor aliado cuando las cosas no iban bien. Ser ayudado de forma anónima es el primer gran mensaje. No ser identificado como alcohólico, el segundo». 

Pablo se inicia en los doce pasos, ésos que poco a poco lograrán que entre en el otro lugar en donde todo parece lo que es. Alberto le enumera cómo funciona esta organización que tiene sedes de voluntarios en todo el territorio nacional.

Los doce pasos de Alcohólicos Anónimos comprenden, en primer lugar, el reconocimiento de la adicción; el rendimiento frente a un poder superior (no hablamos de religión pero sí de esa fuerza que nos lleva a seguir bebiendo); la enmienda u oportunidad para pedir perdón y perdonarnos de los errores pasados. Por otro lado, hacemos inventario de nuestra propia vida; admitimos ante nosotros mismos o ante otros seres humanos nuestros defectos. Estamos dispuestos a liberarnos de todo lo anterior. Hacemos una lista de aquellas personas a las que hemos ofendido o dañado; reparamos diariamente de cuanto hemos hecho mal; seguimos haciendo un inventario diario; buscamos a través de la oración o la meditación mejorar nuestro contacto con Dios o con nuestro ser superior. Buscamos finalmente un despertar espiritual y un nuevo yo.

Más de seis millones de personas en el mundo han conseguido lo que Pablo pretende. A.A. aparece en España en los años 70 imitando el modelo americano que triunfó en 1955 en Nueva York. Es en 1979 cuando se legaliza la asociación como tal, y en 1980 se celebra la primera conferencia del Servicio General de A.A. en nuestro país. Alcohólicos que un día sufrieron se reúnen a calzón quitao para llevar el mensaje a los que hoy sufren sin saberlo. 

«Si le dijéramos a alguien que va a tener que estar el resto de su vida sin beber alcohol, todos se irían corriendo».

Así explicó el leit motiv de la institución su presidente en la Argentina, país en el que está presente desde 1965.

En España existen 616 grupos en todas las comunidades autónomas. Una media de dos reuniones semanales son las que procuran aunque los voluntarios están todo el día contigo, si tú quieres salir de ahí. No tiene que obligarse, solamente tiene que acudir un día a la puerta de uno de los centros y preguntar si puede probar. Entra, se sienta y escucha. Quizá en esa decisión empiece su segunda vida; ésa que se merece y que hoy no ve. Acaso la vida que cualquiera desea: volver a empezar de la mano de otros que cayeron también. Salir juntos es un hallazgo; volver a empezar, otro.

Cada jornada en casa, escucha las Reflexiones diarias de otros en el canal de YouTube. Es el principio de todo: querer. Un pequeño empujón y una nueva vida.«Sólo quiero dar un consejo a sus lectores, señora: hay que intentarlo», nos despide Pablo.«Gracias a Alberto, a haber cogido aquel tren, sólo por hoy, empecé a dejar de beber».

«Qué bonito y qué suerte», le comento.

«Espero que lo logren muchos lectores que estén entre la espada y la pared y ésos que creen que ya no hay otra opción».

«Gracias por su magnífico testimonio. Estoy segura de que ayudará a muchas personas», le digo.

Ya es de noche. Estamos en verano y parece como si en esos días tan largos un pequeño logro aparece cada día a las puertas de ese lugar. En Alcohólicos Anónimos he descubierto que detrás de un desastre puede también aparecer la vida; una nueva vida que amanecerá cuando una persona se haya salvado del alcohol.

Siempre hay luz en las tinieblas; afortunadamente, no será«sólo por hoy».

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