Del blog de Santiago González en El Mundo, 21 de junio de 2009. […] A finales de 1974 este tipo fue detenido por la Policía como uno de los responsables del atentado que ETA perpetró contra la cafetería Rolando, donde fueron asesinadas doce personas […]
Quien puso a este tipo en su sitio fue la abogada feminista Lidia Falcón, detenida en aquella misma operación policial. En la transición escribió dos libros muy necesarios sobre el caso: Es largo esperar callado (Ed. Pomaire, Barcelona, 1975; Vindicación Feminista, Madrid, 1984) y Viernes 13 en la calle Correo (Ed. Planeta, Barcelona, 1981) en los que deja pocas dudas sobre la complicidad de Sastre y su esposa, Eva Forest, en aquella masacre, en la que ETA esperaba asesinar a mansalva […].
Escribe sobre semántica este miserable y sobre el correcto uso de las palabras, negando sentido metafórico alguno al verbo «fumigar», empleado por Carlos Iturgaiz en frase inadecuada. Ah, la añoranza de las cámaras de gas. En el preciso momento de escribir el artículo, Sastre se sentía judío gaseado por los nazis, lo que no le impide simpatizar con los terroristas palestinos que hacen explotar sus cinturones de explosivos en un cine o restaurante de Tel Aviv. Esa persistente memoria de Auschwitz, convocada 64 años después por el verbo ‘fumigar’ en boca del enemigo. […]
No es posible que un escritor no tenga un concepto claro de los que es una metáfora, dirán ustedes muy razonablemente. Y acertarán. Alfonso Sastre, este tipejo, escribía su artículo mientras los telediarios escupían todavía las imágenes del coche de Eduardo Puelles envuelto en llamas con su cadáver dentro. Él considera que el asesinato de ayer es una metáfora del conflicto. No sé si he escrito ya que este sujeto es un miserable.
Hemeroteca: elmundo.es/elmundo/2009/06/21/elblogdesantiagogonzalez/1245571559.html

























