*Teresa Rosario Velasco para Prensa Social

Según los proyectos de medicusmundi en Etiopía, Malí y Burkina Faso se ha de seguir trabajando para combatir la dimensión económica, social y cultural de la práctica viva más inhumana de dominio hacia la mujer: la mutilación genital femenina que aún mata a 44.000 niñas y jóvenes cada año.

¿Costumbre? ¿Tradición? ¿Convención social para ser aceptada en la comunidad? ¿Control de su sexualidad?, ¿Asegurarse su virginidad?¿La manera de evitar adulterios? ¿El acceso de las niñas y adolescentes en el ‘mercado’?.

Entramos en el mundo de la Mutilación Genital Femenina, la practica más inhumana de dominio hacia la mujer.

Mutilación, según la RAE: cortar o cercenar una parte del cuerpo viviente, o de algo que de suyo debiera tenerlo. 

A finales de los setenta del siglo XX el término ’Circuncisión femenina’se sustituyó por Mutilación para poner el acento en el daño irreversible sobre la salud de las mujeres. Pero también para visibilizar el aspecto tanto de violación, como de integridad física como de derechos humanos.

La práctica de la Mutilación Genital Femenina (MGF), que carece de justificación médica y de beneficio alguno para la salud, es un peligro que se cierne aún hoy sobre 200 millones de niñas, y que mata cada año a más de 44.000, siendo una de las principales causas de muerte entre niñas y jóvenes, según un estudio de la Universidad de Birmingham (Reino Unido) publicado en ‘Nature Scientific Reports’. Aunque dar cifras exactas es difícil, porque no siempre se identifica esa muerte como causa subyacente, y también porque los países donde se practica, al ser de bajos ingresos, tienen una capacidad estatal limitada de control. Lo cierto es que es ilegal en casi todos los países, excepto en cuatro, que siguen sin tipificar la amputación como delito.

A pesar de todos los esfuerzos que se están haciendo a nivel internacional, todavía quedan países en el mundo como Chad, Malí, Somalia donde la MGF sigue siendo legal. Y es importante conseguir que se ilegalice en todo el mundo, pues la experiencia en otros países demuestra ya que una ley puede llevar a un cambio cultural.

Cultura, costumbre y patriarcado

Son precisamente la cultura, la costumbre, los condicionamientos económicos y las instituciones patriarcales los motivos por los que persisten estas prácticas. Las comunidades en las que se practica llegan a imponer altos costes a niñas y mujeres no mutiladas, como la exclusión, el rechazo social, la marginación y los agravios hacia el honor de esas mujeres y sus familias. Es grande el impacto de la MGF en los matrimonios y el papel pasivo que juegan los hombres al negarse a casarse con mujeres no mutiladas por miedo a una infidelidad y la deshonra, y para mantener los roles de sumisión-dominación entre mujeres y hombres.

A su vez, las familias con menos recursos ponen a sus hijas-niñas apenas circuncidadas “en el mercado” porque son «más valiosas», impidiendo así su educación y desarrollo personal, y aumentando los casos de matrimonio infantil. En muchísimos casos la MGF es un precursor del matrimonio infantil, lo que deriva en que las niñas tengan que interrumpir su escolarización, y termine ahí su acceso a la educación.

Es sabido ya que entre las mujeres que han tenido acceso a la educación, sus hijas tienen más probabilidades de terminarla también.

En la región Somalí de Etiopía, a las mujeres, al no poder trabajar ni tener acceso a tierras ni herencias, sólo les queda el matrimonio si quieren tener poder adquisitivo. En esta zona hay un 99% de casos de MGF, y si alguna no ha sido amputada y se casa sin que el marido tenga conocimiento de ello, los hombres suelen pedir el divorcio y las repudian, ya que lo consideran una deshonra.

Según Paula Fernández, del Fondo de Población para las Naciones Unidas (UNFPA) en Etiopía, hablamos de 25 millones de mujeres y niñas, ya que es uno de los países con el valor absoluto más alto de Africa del Este y del sur.

Un carro y un burro por no volver a realizar la MGF

Precisamente en Etiopía, en la región Somalí, medicusmundi Gipuzkoa trabaja desde 1996. Y actualmente asociada a la local Pastoralist Concern suman esfuerzos desde la sensibilización junto a los líderes religiosos, las comunidades tradicionales, las autoridades públicas, los grupos de hombres, los de jóvenes, a nivel escolar, en centros de salud y con el dialogo social. Esther Cano, cooperante y responsable de desarrollar estos proyectos, nos explica los cinco tipos de intervenciones holísticas en terreno que la ONG está llevando a cabo. 

La primera tipología trabaja la sensibilización comunitaria, donde participan diferentes perfiles de personas: comunidad de mujeres, personal médico, organizaciones de mujeres,…y líderes religioso y tradicionales, porque al final son los que toman las decisiones dentro de la comunidad.

La segunda serían las intervenciones de mujer a mujer, con sesiones de orientación con un grupo de mujeres (de 50 a 100) que tienen presencia dentro de la comunidad. Luego ellas, con un pequeño presupuesto asignado, se encargan de organizar sesiones un poco más privadas en las propias casas, donde se habla ya no sólo de MGF, sino de todas las practicas, de los derechos de las mujeres y trasmiten una toma de conciencia.

El tercer tipo de intervención se centra en las mujeres que practican la circuncisión: se las ofrece una alternativa económica (un carro y un burro) a cambio de comprometerse públicamente delante de las autoridades públicas y líderes religiosos a no volver a practicar mutilaciones. A las más jóvenes se les da formaciones para que sean matronas tradicionales para ayudar a mujeres embarazadas en zonas remotas que no cuentan con centros de salud.

La cuarta tipología actúa en escuelas, a través de Clubs de género mixtos cuyo objetivo es acabar con la desigualdad de género, prevenir la práctica en adolescentes y detectar posibles casos de riesgo.

Por último se trabaja con las oficinas de las mujeres que son la máxima autoridad y tienen poder. Con ellas se organizan estrategias, agendas de prevención y asistencia directa. Se les refuerza en formación y en recursos para llegar a zonas remotas .A su vez  trabajan con grupos de voluntarias recogiendo datos de su zona en materia de MGF, detectan casos de riesgo, lo comunican a la oficina de las mujeres y activan los mecanismos de prevención.

Experiencia en Koulikoro (Mali): el problema de las abuelas

Malí sigue siendo uno de los pocos países africanos que carecen de legislación nacional que prohíba la mutilación genital femenina. Para medicusmundi norte desde el principio una de las preocupaciones principales y prioridad fue la lucha contra la Mutilación Genital Femenina. Nuestra compañera Mónica Peña, responsable del proyecto, nos cuenta la situación en la región de Koulikoro.

Son las abuelas quienes llevan a las nietas a que se les practique la incisión. Las madres ni lo ven. Ese ha sido uno de los problemas para la perpetuación de la práctica; el hecho de que, aunque los padres se opongan, las abuelas son quienes se encarga de que se les circuncide.

Con cada proyecto que llevamos a cabo hay jornadas de formación donde se habla de todos los problemas que genera la escisión, se rebaten los argumentos de lo que impone la religión, y todos los mitos alrededor y el especialista explica las consecuencias que acarrea la mutilación. Sobre todo se lucha contra los mitos. Si en un principio apenas acudían una veintena de maridos, ahora el número se aproxima a 200 sobre 350 mujeres. De estas formaciones han salido ya parejas que se niegan a que sus hijas sean escisadas (ver los vídeos del sufrimiento de las niñas y de cómo se realiza la escisión es muy convincente), pero todavía queda el resto de la familia.

Al ser polígamos, normalmente lo que aprende una de las parejas se comunica a las otras dos mujeres del matrimonio y poco a poco, pero muy poco a poco, va calando la idea. Lo que hemos aprendido es que lo único que funciona es la comprensión: cuando comprenden que la escisión no aporta nada, que perjudica y que hay muchas mentiras para mantener la práctica es cuando interiorizan que no quieren que se practique. 

Además, se han empezado a realizar reparaciones fisiológicas de la escisión en aquellas mujeres que presentan consecuencias más graves. Y en el momento de dar a luz se interviene sobre aquellos aspectos fisiológicos que puedan mejorar la vida de la mujer.

Burkina Faso y el enfoque GED en el proyecto

Más de 30 años lleva actuando medicusmundi Sur en Burkina Faso. En esta última etapa se trabaja con un Enfoque de Género en el Desarrollo (GED) para empoderar a las mujeres. Esta visión holística permite defender tanto su derecho a la salud y a una vida libre de violencia frente a la mutilación genital femenina, así como su posición social en cuanto a la capacidad de decidir sobre su propio cuerpo como un derecho individual. Desde esta perspectiva se ha integrado el enfoque GED en el proyecto, orientándolo desde las formaciones, que incorporan el enfoque de género impartido por especialistas en género de la DRS para dar una perspectiva más integral. Se pretende concienciar sobre los derechos de las mujeres, más allá de la técnica sanitaria.

Así mismo, las acciones de sensibilización pretenden dotar a las mujeres de herramientas para que puedan tomar decisiones por sí mismas y en beneficio de sus hijas, rompiendo la idea del rol que la sociedad determina para ellas.

El proyecto cuenta con la participación de las asociaciones locales de las provincias de Boulgou y de Kouritenga en las acciones de sensibilización planificadas. Estas asociaciones son entidades con representatividad y reconocimiento en la población y están implicadas en la lucha por los derechos a la salud y contra la violencia de género.

Desde todas las asociaciones de medicusmundi tratamos de cambiar la percepción social de una práctica lesiva como la MGF a sabiendas de que nos encontraremos con mucha resistencia por parte de la sociedad. Lo que hacemos es trabajar, no sólo con un enfoque de salud, sino con un enfoque de derechos de las mujeres para que entiendan que no solo es una cuestión de salud, sino también del derecho a decidir sobre su propio cuerpo.

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