*César Rojo Costa para Prensa Social

Para los que me leen por primera vez, vaya por delante que no me considero en absoluto una persona alarmista, catastrofista, ni negacionista sino más bien realista.

Los que no sabían de mi hasta ahora pueden creer o no esto que yo le decía a mis conocidos, hace al menos unos doce o quince años “veo asomar por el horizonte los actuales cuatro jinetes del Apocalipsis, es decir: la crisis socioeconómica, el cambio climático, el accidente o atentado biológico y las guerras por los recursos”. Sin embargo me equivoqué en el plazo de tiempo, porque pensaba que esos jinetes no caerían sobre nosotros antes del 2030 o más.

A la vista de cómo van las cosas y dado que el destino de la humanidad pende de un hilo por todo cuanto está pasando: las enormes injusticias sociales, las crisis económicas, los populismos y el fundamentalismo, el abastecimiento de agua potable y de energía, el cambio climático, una prueba o guerra biológica, una guerra nuclear, etcétera, la vida en el planeta tierra se va pareciendo cada vez más a una versión edulcorada del infierno pero que sin embargo está lleno de demonios, que —si bien es cierto que algunos los llevan dentro la gran mayoría están fuera— nos asedian sin descanso día tras día, robándonos nuestra energía sin esperar a que llegue nuestro final.

Los políticos que nos dirigen a nivel mundial con discursos para apaciguar la protesta de las masas y evitar la llamada «alarma social», junto con las multinacionales de la energía, las armamentísticas y las farmaceúticas, que se limitan a tomar medidas de las que la gran mayoría vienen a ser como la escena del Titanic: ordenar que la orquesta siga tocando en la cubierta mientras el barco se hunde en el fondo del mar.

Y aquí viene el gran problema, ¿podemos hacer algo para evitarlo? Tendríamos que intentar aplicar lo que yo llamo «la triada», dentro mis diez principios de vida*:

• Aceptar lo inevitable, que ya no se puede cambiar.
• Luchar por lo posible y no por utopías.
• Tener confianza en el futuro a pesar de las amenazas.

Aunque cada vez lo veo más difícil porque como se atreve a decir algún científico ya hemos sobrepasado el punto sin retorno, pero no por eso debemos dejar de perseverar, porque no debemos tener miedo al fracaso sino a no intentarlo, situándonos mentalmente por encima del resultado, ya que si conseguimos mejorar es estupendo, pero sino lo conseguimos no pasa nada, lo volveremos a intentar.

César Rojo es psicólogo.

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