La Asociación a favor de Personas con Discapacidad Intelectual de Álava (Apdema) critica la decisión del Instituto Foral de Bienestar Social (IFBS) de Álava de elevar el número de sesiones ya que supone un «recorte drástico en la atención que ofrecen estos trabajadores.
Ante esta situación, Apdema ha reclamado al IFBS «que siga garantizando una atención integral, dotando a cada profesional del tiempo necesario programado de intervención indirecta para ello» .
De una hora de Atención Temprana a doce minutos
Lo cierto es que la decisión Instituto Foral de Bienestar Social de implementar el número de sesiones ha conllevado una reducción de la duración de éstas.
«Con esta medida, se ha pasado, de forma «progresiva», de contar con 60 minutos al mes de intervención «indirecta» para cada niño, a doce minutos», aseguran desde la entidad.
Además, ha pedido que «no se retroceda en calidad de intervención y se respete el derecho a una atención temprana integral a los niños con trastornos en su desarrollo o con riesgo de padecerlos».
Asimismo, Apdema apuesta por una consolidación de la plantilla de los profesionales de Atención Temprana y un incremento del número de contrataciones, «cuando la demanda lo hace necesario» .
Preocupados por la discapacidad intelectual en la edad adulta
Desde la asociación vasca muestran su preocupación la salud de las personas con discapacidad intelectual, en todas las etapas de la vida.
No solo cuando son niños. En esta entidad trabajan con la mirada en su futuro.
En este sentido, los servicios más utilizados son los de ocio y participación social (33 por ciento), con clara diferencia respecto al programa de respiro (14,2 por ciento), seguido de los servicios de vivienda y hogares (13,3 por ciento), según señala Apdema.
El servicio de Atención Temprana es el menos empleado (1,4 por ciento), aunque cabe señalar que se dirige a una franja muy concreta de población: los menores, hasta los seis años de edad.
Desde esta entidad exigen una mejora de la atención y cercanía del personal sanitario, especialmente en el área de salud mental.
Las familias necesitan tener más formación para apoyar a la persona con discapacidad intelectual; contar con apoyo psicológico y disponer de recursos de respiro para quienes se ocupan de su cuidado.

























