¿Sabía que el consumo medio del sodio es dos veces superior al recomendado? Mas con estos trucos podrá empezar a comer menos sal y, por ende, a cuidarse mejor.

Reconocido como un nutriente muy necesario para el buen funcionamiento del organismo de una persona, el sodio es el segundo elemento que complementa al cloruro en la formación de la sal de mesa y cocina que se ingiere día a día. Con todo, este mineral tiene una pega en su contra, y es que puede acarrear consecuencias nefastas para la salud, si uno se excede consumiéndolo.

¿Por qué comer menos sal al día es bueno para la dieta?

La sal contiene sodio, y el sodio es tan necesario para el buen funcionamiento del cuerpo como lo son otras proteínas y nutrientes, ya que el organismo recurre a él para controlar tanto la presión arterial como el volumen sanguíneo.

Según señalan desde esta enciclopedia médica, el quehacer proteico del sodio también influye en la acción y vitalidad de los nervios y de los músculos, poniendo su granito para que estos trabajen apropiadamente. El sodio, de hecho, está presente de forma natural en la mayoría de los alimentos que se ingieren, desde la leche y el opio hasta en las remolachas y en el agua potable, si bien su presencia y cantidad en este último varía en función de la fuente.

Pero el sodio también es un ingrediente añadido en muchos otros productos comestibles, ya sea el nitrito de sodio y el glutamato monosódico (GMS), como en el polvo para hornear (bicarbonato de sodio), la sacarina de sodio y benzoato de sodio, presentes estos últimos en la soja, en la salsa Worcestershire, en la sal de cebolla y ajo e incluso en los cubos de caldo concentrado. Un sodio agregado que también aparece en los embutidos y en las comidas rápidas, el jamón y el tocino, las rosquillas y pasteles y galletas, las sopas y verduras enlatadas y demás carnes y horneados procesados.

Pero ingerir más cantidad de sal de la debida le abre las puertas de par en par a la hipertensión arterial, contribuyendo con ello a favorecer el aumento del riesgo de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares, tal y como indica la propia OMS como Organización Mundial de la Salud.

Según esta entidad, existe cierta cantidad de sal que tomar al día, variando la cantidad en función de patologías, sexos y edades, siendo importante no pasarse de esos márgenes, si realmente se pretende evitar caer en los riesgos que su abuso conlleva para la salud.

A rasgos generales, la OMS recomienda a los adultos que su consumo diario de sal sea inferior a 5 gramos, lo que equivale a poco menos de una cucharita de té, y que desde luego es bastante menos sal que la media de 9 a 12 gramos que tiende a ingerir la gente en el día a día.

Azuzados por este organismo sanitario de Naciones Unidas, son muchos ya los países que se están tomando en serio esta amenaza contra la salud, siendo intención de los Estados miembros de la OMS conseguir reducir en un 30 por ciento el consumo de sal diario entre la población mundial para 2025.

Entonces, ¿cómo limitarse a consumir solo el sodio necesario para el cuerpo?

Entre tanto, comer menos sal al día es una tarea que puede hacer cualquiera desde casa y jornada tras jornada, plato tras plato, empezando por disminuir en la medida de lo posible los alimentos procesados que particularmente andan ricos en sal, o dejar directamente de comprarlos, sin más.

Esto implica decir adiós a las comidas preparadas, sí, aunque también significa despedirse de los snacks salados y del queso, de los embutidos y encurtidos, de los ahumados y cereales y hasta del pan industrial. Una renuncia que no tiene que acarrear la desaparición de los nutrientes que tales productos aportan a la dieta, sino más bien una sustitución reflexiva y mejorada con otros alimentos más frescos.

Otro de los trucos que se puede adoptar para lograr comer menos sal al día

Pasa por el propio uso que uno hace de este producto, sencillamente, siendo lo más importante empezar a reeducar al paladar a aceptar el sabor de la comida sin tanta sal.

¿Qué hay que hacer antes que nada? Reducir progresivamente la cantidad que se ingiere, primero, máxime cuando se puede disfrutar igualmente de la comida sin necesidad de que esta rebose el doble de cantidad de sal recomendada por las autoridades sanitarias. Más que renunciar a este alimento de un día para otro, es mejor ir comiendo menos sal, pues de esta manera tanto el paladar como el organismo se van haciendo a la idea y acostumbrándose, casi sin darse cuenta.

Otro de los trucos que los expertos recomiendan adoptar en la campaña diaria e individual de comer menos sal consiste en utilizar especias y hierbas aromáticas frescas al cocinar, añadiéndolas al plato antes de la pizca de sal dictaminada por la OMS.

Igual de recurrente es sazonar los alimentos con sal de sésamo o gomasio, un condimento oriental que venden los herbolarios, y que está compuesto de sal marina y semillas de sésamo. Ahora bien, ¿por qué es mejor, nutritivamente hablando?

Porque contiene menos sodio, básicamente, a la par que aumenta el sabor y el valor nutritivo de la receta en la que se eche, pues entre los nutrientes que aporta destacan el calcio y el hierro, varias proteínas y otros tantos minerales.

Más práctico de cara a consumir menos sal es el truco de no comprar salsas industriales, siendo preferente elaborarlas de forma casera, de hecho. Tampoco está de más leer detenidamente las etiquetas de los alimentos procesados, a fin de poder escoger de entre todos ellos a aquellos productos que anden bajos en sodio.

Con las mismas, evitar acumular saleros en casa también es una cauta prevención en favor de ingerir menos sal, y lo mismo se puede decir del truco de depositar la sal en un recipiente más pequeño del habitual.

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