La artritis y la artrosis son dos dolencias muy frecuentes y, aun así, la gente tiende a pensar que son la misma patología. ¿Y usted? ¿Sabría distinguirlas?

Oír hablar tanto de la artritis como de la artrosis no es infrecuente, como tampoco lo es conocer a gente afectada por alguna de ellas. El error está en que muchas personas unen ambas dolencias, creyendo que son lo mismo, cuando claramente se trata de dos patologías distintas que comparten, eso sí, el dudoso mérito de aparecer en la lista de enfermedades que más quebraderos de cabeza generan.

¿Qué tienen en común la artritis y la artrosis?

Se trata dos dolencias reumáticas que provocan dolor. Y como enfermedades reumáticas, afectan a una o a varias articulaciones del cuerpo, mostrando predilección en aparecer con más asiduidad en mujeres que en hombres. Ahora bien, tanto su origen como su tratamiento son muy diferentes.

Mientras que la artrosis es el trastorno crónico de los huesos que causa alteraciones tanto en el cartílago como en los tejidos que lo circundan, la artritis es la sensibilidad y la hinchazón en sí de una o varias articulaciones.

Puede decirse, por tanto, que la artritis es una enfermedad reumática, inmunomediada y a veces crónica, con capacidad de forjar una discapacidad, y cuyo rasgo principal es su determinación para producir inflamación en las articulaciones, generar un dolor constante, causar rigidez, fatiga y falta de movilidad.

Efectos que encima pueden ir a más e implicar en su afectación a otros órganos o sistemas, lo que a su vez puede rebotar negativamente en el equilibrio del bienestar del organismo, empeorando la calidad de vida de quienes la padecen.

La artritis es, por ende, una inflamación que afecta a la membrana o líquido sinovial, provocando que dicha sustancia deje de ser reabsorbida y empiece a esparcirse por la articulación, ocasionando una constante erosión del hueso y del cartílago.

Esta patología no siempre es crónica, y suele surgir como consecuencia de otras enfermedades, englobando muchas otras comorbilidades, como son la gota o la artritis reumatoide, psoriásica o infecciosa.

Frecuente en personas mayores de la tercera edad, y no tan extraño en jóvenes, la artritis mantiene una táctica de camuflaje que impide su reconocimiento incluso entre aquellos que la padecen, afectando con esa estrategia a más de un millón de personas de todas las edades, y eso solo en España.

La artrosis, por su parte, es una enfermedad de las articulaciones, cierto, cuya característica principal le hace distinguirse de la artrosis porque provoca una degeneración progresiva del cartílago de la superficie articular. Y como consecuencia de dicho menoscabo, el dolor crónico y la rigidez en las articulaciones supone una constante amarga para las personas que la sufren, perdiendo en el camino mucha flexibilidad de las articulaciones.

Y tan aguda se vuelve su decadencia con el paso del tiempo, que encabeza con justa razón las listas de las principales causas de discapacidad en la vejez.

Más de 300 millones de personas en todo el mundo sufren los síntomas de esta patología, conviviendo así con una enfermedad que carece de tratamiento curativo (de momento), lo que reafirma la necesidad de hallar una mejor comprensión de las causas que la propician, así como el desarrollo de nuevos tratamientos calmantes que los pacientes desean como agua de mayo.

¿Cuáles son las causas de la artritis y de la artrosis?

Los expertos aseguran que la aparición de la artritis puede deberse a infecciones ocasionadas por gérmenes que llegan a la articulación, amén de otras causas dispares como ciertas enfermedades autoinmunes, traumatismos producidos por un golpe fuerte, e incluso por depósitos de cristales que se acumulan en la membrana sinovial, lo que se conoce popularmente como gota.

En los factores que causan la artrosis, sin embargo, despunta la edad y una asociación directa con el envejecimiento, apareciendo generalmente a partir de los 40 años. La obesidad o el sobreesfuerzo de la articulación, empero, también tienen mucho que decir en el desarrollo de esta patología, cabe añadir.

¿Qué síntomas producen la artritis y la artrosis?

Ambas pueden afectar a cualquier articulación del cuerpo. Ahora bien, de su localización en el cuerpo dependerá su distinción. Así, mientras la artrosis tiene a concentrar su dolor especialmente en manos, columna, caderas, rodillas y pies, el toque de la artritis varía en función de su clasificación. La artritis reumatoide es un tipo que ataca más a las muñecas y dedos de las manos, mientras que la artritis que genera la gota se deja sentir sobre todo en rodillas, tobillos y pies.

Ni siquiera el dolor se manifiesta de igual forma en ambas enfermedades. Mientras que la artritis descarga un dolor constante, la artrosis produce más dolor al mover la articulación afectada, mejorando únicamente al mantener en reposo esa extremidad.

Los expertos describen la apariencia de unas articulaciones aquejadas de artritis como calientes, rojas e hinchadas, zonas que con el tiempo pueden deformarse; para la artrosis emplean palabras más graves, empero, desde articulaciones que crujen al moverlas, hasta extremidades que se deforman y pierden movilidad.

Otro rasgo distintivo de ambas patologías es que la artrosis perturba a las articulaciones afectadas, únicamente, mientras que la pérdida de peso acompaña a muchos tipos de artritis, sumándose la fiebre y el cansancio, entre otras secuelas.

¿Cómo se diagnostican y se tratan la artrosis y la artritis?

No existe hoy en día una prueba médica concreta que detecte específicamente la aparición de la artritis en las arterias; es el médico, en función del tipo de inflamación que sufra el paciente, quien determinará la presencia o no de esta enfermedad.

Un criterio bastante voluble, por muy médicamente correcto que esté realizado, que está tan condicionado que no es de extrañar que requiera a veces de una gran variedad de pruebas que verifiquen definitivamente el diagnóstico, desde análisis de sangre hasta análisis del líquido de la articulación inflamada.

La artrosis, por su parte, se diagnostica por los síntomas que genera en la persona afectada, así como por la exploración física que realiza el médico. Un diagnóstico que empieza por una radiografía, pero cuya última palabra lo tiene el cuadro clínico.

En cuanto al tratamiento, La artrosis no tiene cura, de modo que los tratamientos que prescriben a quienes conviven con ella están orientados más bien a reducir el dolor, por un lado, y a mejorar la movilidad y la función de la articulación, por otra parte. ¿Cómo? Evitando la obesidad, primeramente, y realizando un ejercicio físico que se adecúe a la edad de la persona y a la articulación afectada.

Y aunque ningún fármaco comercializado hoy en día frena la artrosis, algunos son válidos para combatir únicamente el dolor; es por ello por lo que los médicos suelen recomendar analgésicos y antiinflamatorios a los pacientes con artrosis, como el paracetamol y el ibuprofeno.

La base de los tratamientos de la artritis, por su parte, reside en los antiinflamatorios y el reposo de la articulación. Y aunque es cierto que también se pueden brindar otra suerte de tratamientos acompañantes, estos siempre dependen de la causa que ha generado la artritis, para empezar.

En la artritis infecciosa se usan antibióticos, por ejemplo, mientras que en la reumatoide y la psoriásica se recurre más a corticoides o fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad, aquellos que contienen metotrexato y fármacos biosimilares.

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