Así de conectados están la esclerosis múltiple y la depresión, según un ensayo

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Aunque la depresión figura entre las consecuencias psicológicas de sufrir esclerosis múltiple, un nuevo estudio ha esclarecido cuán de estrecho es ese vínculo.

¿Sabía que los pacientes con esclerosis múltiple o EM se exponen a casi tres veces más riesgo de sufrir depresión que la población general? Una tendencia que durante mucho tiempo no se ha sabido cómo ni por qué se daba… hasta ahora; y todo gracias a que un equipo de científicos del Brigham and Women’s Hospital, institución fundadora del sistema sanitario Mass General Brigham de Estados Unidos, por cierto, se decidió a vadear en esta laguna de conocimiento.

Esclerosis múltiple y depresión: un vínculo recién destripado

La investigación en cuestión, basada en la descripción de un circuito de depresión en el cerebro, ha sido difundida recientemente por la revista Nature Mental Health’, y entre sus conclusiones destaca que la depresión y la EM comparten una estrecha conexión; un vínculo que podría abrir la puerta a nuevas dianas terapéuticas que, a su vez, podrían conducir a la llegada de nuevos tratamientos.

Durante la evolución del trabajo, los investigadores hicieron lo posible por localizar la depresión causada por la EM; para ello compararon las lesiones cerebrales de los pacientes con esclerosis múltiple con las lesiones que presentaba el circuito descrito en cuestión. Un careo que les condujo al hallazgo de nuevas conexiones y posibles dianas terapéuticas, y que implicó estudiar una base de datos compuesta de 281 pacientes con EM y elaborada por los doctores Tanuja Chitnis, Bonnie Glanz y Rohit Bakshi, del Centro de Esclerosis Múltiple Brigham del Departamento de Neurología.

«Si queremos encontrar localizaciones específicas de lesiones cerebrales que causan síntomas concretos, a veces funciona, pero sólo para funciones cerebrales más sencillas como la visión o el movimiento», tal y como explicó Shan Siddiqi en el artículo que difunde su trabajo, añadiendo al respecto que «cuando se trata de funciones como las asociadas a la depresión, no es tan sencillo».

En opinión de este doctor, profesor adjunto de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard, por cierto, y director de investigación en neuromodulación psiquiátrica del Centro Brigham and Women’s de Terapéutica del Circuito Cerebral, «cuando un paciente tiene lesiones por todo el cerebro, solíamos suponer que no estaban relacionadas con la depresión, porque parecían muy desconectadas. Pero con el mapeo de redes de lesiones (LNM) podemos ver que incluso cuando las lesiones no se solapan directamente entre sí, pueden solaparse con el mismo circuito».

Si bien y hasta ahora la tendencia de muchos clínicos ha sido suponer que ciertas lesiones tienen más probabilidades de causar depresión en la esclerosis múltiple que otras, lo cierto es que dicha predisposición nunca se ha llegado a demostrar, como tampoco se ha encontrado un patrón específico que conecte esas lesiones. Así que el LNM ha resultado ser fundamental para ver por fin ese patrón en el caso de la depresión, permitiendo a los investigadores visualizar redes de conectividad donde antes solo veían lugares solitarios de daño.

La idea de esta apuesta de investigación del Brigham and Women’s Hospital surgió a raíz de identificar en uno de sus estudios anteriores del 2021 un circuito cerebral común, que curiosamente conectaba zonas de lesiones cerebrales aparentemente dispares en pacientes con depresión post ictus o traumatismo craneoencefálico penetrante; un pistoletazo de salida y hallazgos que impulsó al equipo a determinar si las lesiones de la esclerosis múltiple y la depresión podían estar conectadas a través de este nuevo circuito.

Es una revelación que proporciona una nueva localización de la depresión de la EM, por un lado, o al menos en conjunto, al mismo tiempo que ofrece mucha más información importante acerca de la depresión vinculada a la esclerosis múltiple.

Y es que utilizando la LNM y la base de datos del conectoma, los investigadores se toparon con una conectividad funcional significativa entre las localizaciones de las lesiones de EM y su circuito de depresión a priori. A ello se suma la lectura del circuito de depresión de la EM, extraídos de los propios datos, los cuales revelaron una topografía muy similar a la mostrada por el circuito de depresión a priori.

Limitaciones, pegas y contratiempos

Pese a lo descubierto, los autores del ensayo, Isaiah Kletenik y Shan Siddiqi, entre otros, son los primeros en reconocer que el estudio tiene muchas carencias y lagunas aún sin salvar. ¿Como cuáles?

El hecho de que los investigadores aún desconozcan todos los antecedentes de los pacientes que estuvieron analizando, por ejemplo, lo que implica que algunos de ellos podrían haber sufrido depresión antes de empezar a padecer la esclerosis múltiple, por no hablar del hecho de desconocer también otros antecedentes potenciales.

Otro de los vacíos a los que no responde este trabajo es el tamaño de la muestra empleada; si bien es la mayor de este tipo empleada hasta la fecha, no por ello deja de contar con un número limitado. Con todo, y ya que esta novedosa localización de la depresión en la esclerosis múltiple abre un abanico de posibilidades terapéuticas, los autores del ensayo aseguran que el siguiente escalón al que se enfrentan son los propios ensayos clínicos.

Después de todo, y tal y como sostiene Siddiqi, «cuanto más conozcamos la conectividad de las lesiones que causan los síntomas, más capaces seremos de seleccionar el lugar de estimulación ideal para esos síntomas». De hecho, «ya hemos demostrado el éxito de dirigir nuestro circuito de depresión a priori en otros pacientes», observó este facultativo, añadiendo a renglón siguiente que «ahora que hemos demostrado que el circuito puede aplicarse a la depresión de la EM, deberíamos ser capaces de encontrar una diana de tratamiento también para estos pacientes».

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