La salud humana no es inmune a la contaminación atmosférica, en absoluto; y mucho menos cuando contribuye a aumentar el riesgo de desarrollar demencia a futuro.

Deterioro de la calidad del aire, más nivel de polución, una mayor exposición a infecciones respiratorias, aparición de enfermedades cardíacas, propensión al derrame cerebral, exposición al cáncer de pulmón… etc. La contaminación atmosférica entraña todo esto y más papeletas para acabar padeciendo algún resultado adverso para la salud, y una de ellas es el aumento del riesgo de demencia, según una reciente revisión sistemática con carácter de metaanálisis observacional.

Cuando la contaminación atmosférica les abre la puerta a los problemas de salud mental

El nuevo trabajo, publicado en la revista ‘The BMJ‘, y realizado por investigadores pertenecientes a la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, en Estados Unidos, pone el foco en los motivos que disparan el acabar padeciendo o no de demencia, una condición mental y neuronal con beneficiosos respaldos en la fisioterapia, y para la que no hay cura y que afecta actualmente a más de 57 millones de personas en todo el mundo. Cifra que, dicho sea de paso, llegará a situarse en torno a los 153 millones para 2050, según estimaciones.

Hablamos pues de un problema de salud donde el 40 por ciento de los casos están relacionados con factores de riesgo potencialmente modificables, según la opinión más reiterada entre los científicos, empezando por la propia exposición a contaminantes atmosféricos.

Entrando en detalles, este estudio se presenta como la primera revisión sistemática y metaanálisis que recurre a la ROBINS-E o Risk of Bias In Non-Randomized Studies of Exposure para abordar el sesgo en los estudios ambientales, una nueva herramienta que permite incidir en el análisis con mayor detalle que otros enfoques anteriores de evaluación. Y es que, entre sus conclusiones, los autores sugieren que la exposición a esas partículas finas y contaminantes que flotan en el aire, las llamadas PM2,5, puede aumentar el riesgo de desarrollar demencia en el futuro.

«Se trata de un gran paso para proporcionar a las agencias reguladoras y a los médicos datos que les permitan comprender el estado de la literatura sobre este tema tan importante para la salud», en palabras de Marc Weisskopf, autor principal del ensayo y catedrático en Epidemiología y Fisiología Medioambientales, añadiendo a tal respecto que los hallazgos de su equipo «respaldan la importancia para la salud pública de una medida de este tipo».

Hablamos de un trabajo que, de hecho y a juicio de sus ensayistas, también puede presumir de ser el primero en incluir estudios más recientes que en su día utilizaron la ‘detección activa de casos’, un método de observación que implicaba el cribado de poblaciones de estudio enteras, seguido eso sí de una evaluación en persona de la demencia, tras aplicarlos en individuos que no presentaban esta condición neuronal al inicio del estudio.

Tanto Marc Weisskopf como su equipo coautor, compuesto por cierto por Elissa Wilker y Marwa Osman, investigadora del Centro de Salud Ambiental Harvard Chan-NIEHS y estudiante de doctorado del programa de Ciencias Biológicas en Salud Pública, respectivamente, se tomaron la tarea de analizar más de 2.000 estudios. Un trabajo exhaustivo que los llevó a identificar 51 ensayos publicados en los últimos diez años cuyos datos evaluaban una asociación entre la contaminación atmosférica ambiental y la demencia clínica.

La contaminación atmosférica revela cuáles son sus partículas más pro-demencia

Durante la investigación, los científicos participantes evaluaron el sesgo de esos estudios mediante ROBINS-E, primeramente, verificando así que 16 de ellos cumplían los criterios para el metaanálisis. Cabe añadir, en este punto, que buena parte de los trabajos estudiados se referían a las PM2,5 como el contaminante más común, aunque muchos otros se focalizaron en el dióxido de nitrógeno y el óxido de nitrógeno. En cualquier caso, nueve estudios del total que recurrieron al metaanálisis utilizaron la determinación activa de casos.

De igual forma, los investigadores hallaron pruebas consistentes de que existía una asociación entre las PM2,5 y la demencia, aun cuando la exposición anual era inferior a la norma anual actual de la EPA, situada por cierto en 12 microgramos por metro cúbico de aire.

¿Qué implicó esto, exactamente?

Que pudieron dar fe y evidencia de un aumento del 17 por ciento en el riesgo de desarrollar demencia por cada dos microgramos/m3 de aumento en la exposición media anual a las PM2,5, poniendo sobre la mesa lo reflejado en los ensayos que emplearon la determinación activa de casos; hallando, de paso, pruebas que sugerían unas asociaciones vinculantes entre la demencia y las propias PM2,5.

Y si bien es cierto que los datos de los casos eran más limitados, los científicos también encontraron pruebas que referían a una relación entre la demencia y el óxido de nitrógeno en un aumento de hasta el 5 por ciento, según el riesgo por cada 10 microgramos/m3 en la exposición anual, y lo mismo puede decirse del dióxido de nitrógeno, con un aumento del 2 por ciento del riesgo por cada 10 microgramos/m3 de aumento de la exposición anual.

  • «Dado el enorme número de casos de demencia, la identificación de factores de riesgo modificables para reducir la carga de la enfermedad tendría un enorme impacto personal y social», y así lo hizo ver Weisskopf, para quien «la exposición a las PM2,5 y otros contaminantes atmosféricos es modificable en cierta medida por los comportamientos personales», si bien «lo más importante es la regulación».

Un punto de vista que el experto mantuvo al observar, junto a su equipo, que la asociación estimada de la contaminación atmosférica con el riesgo de demencia se mantiene por debajo de la sombra arrojada por otros factores de riesgo, véase el tabaquismo e incluso la educación.

¿Cuál es el problema, sin embargo? Que las implicaciones sanitarias a nivel poblacional respecto a la salud del medioambiente podrían ser sustanciales, sobre todo teniendo en cuenta el número de personas expuestas a la contaminación atmosférica.

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