Asma: la falta de aliento que revela una enfermedad crónica

0

Decir asma es invocar un estado patológico y persistente en que la tos, las sibilancias, la opresión en el pecho y la falta de aire están a la orden del día.

Hombres y mujeres la sufren por igual, mientras niños y mayores rehacen su vida bajo su sombra. El asma no es una discapacidad, pero sí una enfermedad que se presenta mañana, tarde y noche, y que gusta condicionar la vida de sus afectados bajo accesos de tos, falta de aliento, opresión y pitidos en el pecho.

Para conocer más en profundidad a esta patología cardiovascular asómense a este desglose de sus causas, síntomas, diagnósticos y tratamientos, así como a la frecuencia de su incidencia, y al perfil habitual de sus afectados.

¿Qué es el asma?

Se trata de una enfermedad cardíaca con diferentes formas y niveles de afectación, que se manifiesta en forma de unas vías aéreas inflamadas; un estado que a su vez desencadena una obstrucción bronquial. No es de extrañar, por tanto, que la tos y las sibilancias, por un lado, y la sensación de ausencia de aire o dificultad al respirar, por otra parte, compongan la habitual carta de presentación de esta patología cardiovascular que hoy en día afecta a dos millones y medio de personas en toda España, aproximadamente.

Multifactorial e imprevisible, muchos y variados son los elementos que facilitan la aparición del asma, ya estén relacionados con la persona o guarden lazos con el entorno; esto implica la influencia de diversos factores de talla genética, comorbilidad, y exposición ambiental a alérgenos, contaminantes e irritantes.

Hablamos de una patología que exige una inmediata mejoría nacional de las tasas de control de la enfermedad, tal y como sostiene la presidenta de la Asociación de Apoyo a Personas Afectadas por el Asma en Vizcaya (ASMABI) Irantzu Muerza. ¿Y por qué?

Puesto que más de la mitad de los pacientes aquejados viven con el asma sin nunca llegar a dominar la enfermedad. Un coctel de descontrol al que además debe sumarse la preocupación de los pacientes, que temen presenciar una posible restricción de los pMDI.

Tales inhaladores son dosificadores presurizados, precisamente las medicaciones más y mejor indicadas que ayudan a evitar las crisis de asma o a reducirlas; ¿cómo? planteándolas como tratamiento de rescate, a la vista de que ayudan a superar esas situaciones de crisis que pueden producirse en cualquier momento y estadio de la enfermedad.

La escasez de estos artículos vendría a limitar aún más el tratamiento de esos asmáticos cuyo organismo no tolera bien los inhaladores de polvo seco.

«Es importante tener en cuenta que la elección entre inhaladores presurizados y de polvo seco no es una simple ecuación de edad y capacidad inhalatoria», explicó Irantzu Muerza. «La clave de la elección está en el criterio clínico, pero también en otros muchos factores como la fase de la enfermedad, el estado emocional del paciente, su capacidad para manejar bien los dispositivos de inhalación, su movilidad o, incluso, su confianza en los tratamientos».

¿Cuál es la situación médica actual de los asmáticos?

Para entender mejor en qué situación clínica se encuentran esas personas que sufren de asma, cabe aclarar que esta dolencia acumula una prevalencia del 5 por ciento en adultos; cifra que asciende al 10 por ciento entre el colectivo de los más niños, afectando en total a una media de dos millones y medio de personas en todo el país, aproximadamente.

¿Lo peor? Que buena parte de las personas con esta patología se ven abocados a desarrollar un asma con más gravedad, puesto que no llegan a controlar a la enfermedad; un descuido que se traduce en un gran (y muy negativo) impacto en su calidad de vida. ¿Cómo?

Porque acaban sumergiéndose en una sucesión de síntomas que perturban las actividades diarias, desde el mismo sueño hasta frecuentes accesos de crisis, pasando por elevados requerimientos de medicación, una hospitalización, y/o un tratamiento basado en corticoides.

«Lo más importante es que se piense en el paciente y en sus necesidades de un modo individual, sin restricciones terapéuticas», aseveró Muerza.

«Restringir el uso de los presurizados supondría dejar de tener ese salvavidas que nos libra muchas veces de ingresos hospitalarios y poner en juego la vida de los pacientes que no toleramos los inhaladores en polvo seco», reflexionó, remarcando que ello «supondría incluso un mayor riesgo de que una crisis asmática acabe con nuestra vida».

Por norma general, los afectados de esta dolencia cardíaca gestionan su asma con un tratamiento enfocado a mitigar las crisis puntuales, lo que en jerga médica entre especialistas y de paciente se denomina ‘tratamiento de rescate’. A ello se suma el denominado ‘tratamiento de mantenimiento’, llamado así porque es, precisamente, el que debe usarse regular y diariamente, a fin de mantener a raya la enfermedad, aun cuando el asmático en cuestión se encuentre totalmente asintomático o no en ese momento.

El asma también tiene una cara pediátrica

El asma es una patología con una altísima incidencia en edad pediátrica, tal y como lamentan los expertos, con un 10 por ciento de los niños españoles viéndose afectados, según estimaciones; cifras en aumento, además, a juzgar por los últimos datos conocidos, siendo la contaminación del aire uno de los factores principales de este índice disparado.

A ello se suma la contraindicación de los inhaladores de polvo seco para esos pequeños de hasta cinco años que presentan asma, pues tales formatos médicos requieren que el paciente pueda inspirar enérgica y voluntariamente, algo que no siempre son capaces de hacer, dada su edad, precisamente.

«Pero es que fuera ya de la edad del niño o su capacidad inhalatoria, en muchos casos sencillamente no toleran los inhaladores de polvo seco», y así lo aclara la portavoz de ASMABI, agregando que para dicho colectivo «es fundamental poder contar con los presurizados»

Se dice que el asma tiene diferentes grados y formas porque…

…existen diferentes niveles en que la enfermedad somete al colectivo de sus pacientes, aunque todos usan los mismos parámetros de medición: las comorbilidades, el tipo de proceso inflamatorio subyacente, la edad en que se comenzó con la enfermedad, y la asociación con otros procesos… entre muchos otros aspectos.

Al interrogante de las opciones que existen actualmente para aquellos asmáticos que no toleran bien los inhaladores más clásicos, la presidenta de ASMABI asegura que la única alternativa terapéutica factible hoy en día a los pMDI, los inhaladores de polvo seco, son los inhaladores con gases fluorados; están hechos a base de propelentes menos contaminantes y seguros para la salud, y prometen ser especialmente beneficiosos para aquellos asmáticos con tan baja capacidad inhalatoria, que son incapaces de hacer llegar el fármaco a los pulmones.

«Es la única opción», insistió Muerza, «y esto debe llegar a través del respaldo incondicional a la investigación y del compromiso de la industria farmacéutica, para hacer posible el cambio en el menor tiempo posible. La solución no puede estar en la restricción sino en la innovación y el desarrollo de nuevos propelentes», resume. No en vano «tener controlada el asma con el inhalador que convenga es infinitamente menos contaminante que acudir una y otra vez a urgencias o pasar varios días ingresado».

¿Existe una selección correcta del tratamiento respiratorio del asma?

Para Muerza, tanto la seguridad como la eficacia forman parte de los tres pilares fundamentales de cualquier prescripción médica, un pódium de tres completado con el fundamental acuerdo con el paciente, especialmente si respecta a los inhaladores.

«En la elección del tipo de dispositivo resulta fundamental tener en cuenta no solo las opciones terapéuticas disponibles, sino también la historia, las preferencias, las habilidades y las capacidades del paciente. Siempre decimos que no hay dispositivos buenos o malos, y que ningún inhalador es en sí mismo mejor o peor que otro, porque lo que puede funcionar muy bien en algunos casos puede ser completamente ineficaz en otros».

Por otra parte, Muerza afirma que «es imprescindible dotar de recursos a la sanidad pública, para incrementar el tiempo medio de dedicación a los pacientes respiratorios por parte del conjunto de los profesionales sanitarios, garantizándose que disponen del tiempo necesario para la formación y revisión de las técnicas de inhalación».

En este sentido, la presidenta explica que «hay estudios que indican que hasta el 70% de los pacientes españoles pueden estar utilizando mal sus inhaladores, y que el principal factor asociado es la ausencia de una instrucción adecuada. Nuestra obligación es la de defender que los pacientes obtengan de sus médicos el mejor tratamiento posible y más fácil de utilizar, para garantizar su salud e incrementar las posibilidades de que lo usen correctamente».

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí