Los baños árabes de Gerona (C) Xevi Planas - Banysarabs.cat

Los banys àrabs o baños árabes de Gerona son un legado de culturas, un espacio que seduce por su antigüedad y medianamente accesible para mayores y personas con discapacidad.

¿Baños árabes? ¿O un santuario de recreo?

A nadie le amarga un buen baño tras una buena caminata, y menos con este calor (o también cuando hace mucho frío); y si encima es en aguas con reconocidas propiedades de esparcimiento… mejor que mejor.

Hablamos de unos baños cuya visita vale la pena, ya que mezclan historia con modernidad, arquitectura con cultura medieval, baños de diversión y aguas de temperatura cambiante, según la época del año. Y todo ello aderezado con una consagración a la salud y con una accesibilidad (aprobada por los pelos, eso sí) para personas mayores y/o con discapacidad. ¿Quiere conocer esta oda al turismo? ¡Siga leyendo!

Baños árabes: una conquista pasada por agua

La ciudad de Gerona fue para íberos, romanos, judíos y musulmanes lo que Romeo y Julieta para las tragedias de amor: un imán. No en vano se la tiene por una de las ciudades con mejor calidad de vida. Una calidad que cobra tintes de sumisión, mansedumbre, hermosura y bienestar al traspasar las puertas de sus banys àrabs.

El fuego y la sangre y las armas no son los únicos métodos conocidos para conquistar a un país, eso está claro; y copiar las costumbres extranjeras es también otra forma de conquistar e influir en la población y hacerse un hueco a la hora de renovar su estilo de vida. Prueba de ello son estos baños árabes, de estructura románica y espíritu árabe, que albergan en su interior un entorno plurirreligioso, como queda patente al contemplar, por ejemplo, el grabado de una estrella de David saludando desde lo alto de uno de sus muros.

¿Qué tienen que ver?

Una piscina rectangular, sustentada por columnas de medio punto ofrece el primer chapuzón en estos baños árabes, símbolo de historia y legado. Y sus dibujos de jeroglíficos, animales y vegetales embelleciendo el dintel del arco hablan de la conquista de la región gerundense por los musulmanes del Norte de África.

Situado en la cumbre del casco antiguo, rodeado de pavimento empedrado e irregular, cinco son los recintos que se reparten la disposición de su interior, marca del siglo XII: el apodyterium o vestuario; el frigidario o sala fría; el tepidario o sala tibia; el caldario o sala caliente; y el furnus o sala del horno, la zona más industrial. Es bastante curiosa la extensa lista de dueños que han tenido desde su construcción, pues el edificio de estos baños árabes ha pasado de mano en mano a lo largo de los siglos, destacando en especial su uso como convento de las Capuchinas en 1617.

¿Por qué visitarlos?

Las vistas cortan el aliento; el solaz del abrazo de sus aguas hace lo mismo con la tensión y rigidez de los músculos. Y todo ello mientras la luz natural se prodiga con generosidad por el interior a través de un vano en la bóveda, una corona con forma de cúpula que se asienta sobre columnas de fino fuste y capiteles bellamente ornamentados, mientras contempla a los bañistas de la piscina.

Toda una mirilla del presente que nos ancla a la realidad, trayéndonos de vuelta desde los remotos tiempos donde moros y cristianos no conocían puntos intermedios, amándose u odiándose con la intensidad de esas pasiones que siembran guerras y derrocan imperios.

El contacto con la tranquilidad es el hechizo que invoca a sus visitantes; y su singular envoltura románica, la brújula con que los guía, boquiabiertos, por el despliegue de sus estancias, empezando por la entrada, cubierta con una bóveda anular y destinada en la actualidad a usarse como vestuario y sala de descanso. Y la belleza y diversión que les da la bienvenida, la explicación más sincera de por qué recomendarlo y volver.

¿Cuál es su accesibilidad?

Toda maravilla tiene una pega, y la escasa accesibilidad de estos baños es una pesada cruz que les cargamos a la espalda, confiando en que mejore. Su entorno no puede clasificarse de urbano adaptado, precisamente, pues sus pavimentos presentan una geometría irregular.

Por tanto, no, los baños árabes de Gerona no cuentan con servicios adaptados al cien por cien, y su entrada es de difícil acceso para usuarios en sillas de ruedas o con movilidad reducida, empezando por la escalera que precede su umbral. No menos dificultoso resulta desplazarse por el interior, desde la metálica escalinata de caracol hasta unos escalones de acceso nada fáciles de salvar sobre ruedas.

En cuanto a compensar las carencias de otras discapacidades, también dejan que desear. ¿Por qué lo decimos? Porque ni dispone de elementos táctiles para invidentes ni tampoco de señalización en textos explicativos para las personas con sordera, por no hablar de que ni siquiera cuenta con visita guiada adaptada.

¿Cosas buenas?

Vende una entrada reducida, planteada únicamente para un titular con discapacidad. Tiene una parada muy próxima con transporte público, por lo que les pone la llegada fácil a aquellas personas mayores que no tienen problemas de movilidad y aún conservan fortaleza y energía para soslayar sus pegas.

A ello se suma que ofrece un tríptico personalizado con una breve descripción de los baños a las puertas de su entrada, y con una ilustración muy visual y lograda y fácil de entender e interpretar. Además, tiene una buena iluminación en el interior, por lo que aquellos con resto visual medio no tendrán que esforzar la vista para captar todos los matices de su esplendor. Por no hablar de los taxis, que pueden parar directamente bajo su sombra.

¿Los recomendamos? A pesar de todo, sí. Pero sólo para aquellos mayores cuya edad se lo permita, sabiendo de antemano lo que van a encontrar; y también para aquellos cuya discapacidad no suponga un freno a la visita; es decir, con una deficiencia capaz de sobreponerse a las pegas antes mencionadas. A despecho de éstas, los baños árabes de Gerona no dejan de ser uno de los rincones con más cautivador encanto de toda España.

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