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Los beneficios del ejercicio son muchos y variados. ¿pero sabía que es también una herramienta de combate contra el envejecimiento del cerebro? ¡Aprenda cómo!

Envejecer es ley de vida, aunque de cada uno depende el nivel de estado vigoroso en que se arribe a ese último periodo de la adultez. Si a algo se puede recurrir a favor de hacerse mayor, empero, es en los beneficios del ejercicio físico, pues cuando las personas mayores se mantienen activas están actuando directamente contra el Alzheimer y otras enfermedades similares de demencia, según se ha comprobado en una nueva investigación científica.

Los beneficios del ejercicio también comulgan con la salud mental de las personas mayores

El estudio en cuestión, realizado por la Universidad de California San Francisco, en Estados Unidos, y publicado recientemente en la revista ‘Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association’, viene a reafirmar los beneficios del ejercicio dentro del ámbito de la salud mental. ¿Cómo?

Demostrando que aquellos mayores que practican deporte consiguen que su cerebro acumule una mayor cantidad de proteínas, una bastante específica, encargada de mejorar las conexiones entre las neuronas y, así, mantener una cognición saludable.

A este impacto protector de los beneficios del ejercicio en forma de proteínas se le pudo localizar incluso en personas con cerebros invadidos por proteínas tóxicas, aquellas asociadas con el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas, y eso pudo verse en la autopsia. Kaitlin Casaletto, autora principal del estudio, y profesora asistente de neurología en la institución educativa antes señalada, declaró al respecto:

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«Nuestro trabajo es el primero que utiliza datos humanos para demostrar que la regulación de las proteínas sinápticas está relacionada con la actividad física, y puede impulsar los resultados cognitivos beneficiosos que observamos».

Si bien es verdad que los beneficios del ejercicio sobre la cognición se han demostrado más en ratones que en personas, es cierto que tales efectos de la actividad física han sido mucho más difíciles de demostrar en el ser humano.

Para esta presente investigación, Casaletto, quien también es neuropsicóloga, y forma parte de los miembros del Instituto Weill de Neurociencias, compartió créditos, esfuerzo de trabajo e incluso autoría del ensayo con el doctor William Honer, profesor de psiquiatría de la Universidad de Columbia Británica.

¿Qué resultó de su cooperativa? El aprovechamiento en profundidad y entre ambos de los datos del ya conocido Proyecto de Memoria y Envejecimiento, impulsado por la Universidad Rush de Chicago, el cual realizó un seguimiento de la actividad física de los participantes con edad avanzada, quienes más tarde también aceptaron donar sus cerebros tras fallecer.

«Mantener la integridad de estas conexiones entre neuronas puede ser vital para evitar la demencia», subrayó al respecto Casaletto, «ya que la sinapsis es realmente el lugar donde se produce la cognición», explicó. «La actividad física -una herramienta fácilmente disponible- puede ayudar a impulsar este funcionamiento sináptico», aseguró.

Una investigación en favor de los beneficios del ejercicio y sus consecuencias neuronales

Con la realización del trabajo, ambos científicos pudieron descubrir que las personas mayores que se mantenían activas tenían más cantidad de niveles de proteínas, pero no cualquiera; más bien se enriquecían en las proteínas que facilitan el intercambio de información entre las neuronas.

Un resultado que, por otra parte, se complementa a la perfección con el hallazgo anterior de Honer en investigaciones pasadas, acerca de que las personas a las que se les descubrió más cantidad de estas proteínas en sus cerebros al morir correspondían a aquellos mayores que resultaron tener una mayor capacidad de mantener su cognición en la edad avanzada.

Según recuerda Honer, tanto él como Casaletto hallaron que los efectos iban más allá del hipocampo, la sede de la memoria del cerebro, para absoluta sorpresa de ambos investigadores, con el propósito de abarcar otras regiones del cerebro asociadas con la función cognitiva.

«Puede ser que la actividad física ejerza un efecto global de mantenimiento, apoyando y estimulando la función saludable de las proteínas que facilitan la transmisión sináptica en todo el cerebro», en palabras caviladas de Honer.

Para captar debidamente el alcance de esta revelación científica sobre los beneficios del ejercicio en la salud mental, especialmente su asociación fructífera con las patologías neuronales tal vez sea preciso aclarar que los cerebros de la mayoría de las personas mayores acumulan amiloide y tau, proteínas ambas alistadas a las tóxicas, y que preceden a la llegada del Alzheimer.

Y si bien el debate sobre qué proteína se acumula antes está servido, (siendo que muchos investigadores apuestan primero por el amiloide, afirmando por la acumulación de la tau en segundo lugar), lo cierto es que ambas provocan el desmoronamiento de las sinapsis y, por consiguiente, también de las neuronas.

En este sentido, Casaletto encontró en trabajos anteriores que la integridad sináptica parecía amortiguar la relación entre el amiloide y la tau, así como entre la tau y la neurodegeneración.; una tendencia que se mantenía tanto al medirse en el líquido cefalorraquídeo, perteneciente a aquellos adultos aún vivos, como en el tejido cerebral de personas mayores sometidos a una autopsia tras fallecer.

«En los adultos mayores con niveles más altos de las proteínas asociadas a la integridad sináptica, esta cascada de neurotoxicidad que conduce a la enfermedad de Alzheimer parece atenuarse», tradujo la científica. «En conjunto, estos dos estudios muestran la importancia potencial de mantener la salud sináptica para apoyar al cerebro contra la enfermedad de Alzheimer», resumió.

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