Bután, el destino turístico más caro del mundo

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Monasterio de Taktshang Goemba (Madriguera del Tigre), Bután, imagen cortesía Unsplash.

Templos budistas, halo de magia, misterio entre las nieves… Bután es el último reino del Himalaya, y sus atractivos turísticos figuran entre los más costosos.

Abrazada por la geografía continental de Asia y por la cordillera del Himalaya, Bután es un país fascinante que extiende parte de su mapa sobre una cresta histórica y por encima de una oscura garganta legendaria, lo que le ha permitido recaudar un pasado lleno de hazañas, méritos, dioses y mitos.

Singular y único, este enclave se encuentra a caballo entre la India y el Tíbet, en un ambiente que en el pasado le ha brindado aislamiento, pero que en los últimos años ha nutrido al país del alto poder adquisitivo de la política de su turismo que, si bien tiene poco volumen de visitantes, es absolutamente exclusivo y significativamente recaudador.

Bután, una interesante mezcla de tradición y modernidad

Picos montañosos, montes nevados, bosques vírgenes, sombríos desfiladeros, hermosas rutas, monasterios hechos templo, majestuosas fortalezas, icónicos edificios construidos con la arquitectura jong… así es Bután, sencillamente. O como sus aldeanos prefieren llamarlo, Druk Yul’, que viene a significar ‘la Tierra del Dragón que truena’.

Y visitarlo es adentrarse en un país que respira protección medioambiental e inhala sostenibilidad, que deja a sus aves campar a sus anchas por sus muchos parques nacionales, que coquetea con la modernidad a la par que se mantiene fiel a sus tradiciones, y que tiene al respeto y conservación de la naturaleza como su segunda religión, solo superado por su tradicional fe budista.

Tras un tiempo de parón de dos años impuesto por la pandemia del coronavirus, Bután se ha decidido a reabrir finalmente sus puertas al turismo, aunque para traspasar sus fronteras por el Himalaya habrá que esperar a que den las campanas del próximo 23 de septiembre, fecha en que los visitantes podrán volver a codearse con la alegre y jovial hospitalidad de sus habitantes.

¿La letra pequeña? Que lo hará a un alto precio; con una nueva tasa de entre 200 y 250 dólares por día y persona, para ser exactos, gastos aparte y no incluidos. Un expendio económico que desde este otoño coronará a esta pequeña región del sudeste del Himalaya como el país más caro del mundo.

Y es que entre las nuevas condiciones turísticas impuestas desde el Gobierno destacan las nuevas tasas por día y persona, que ya no incluirá el alojamiento ni las comidas, los desplazamientos y traslados, como tampoco el acceso a los guías y las entradas a museos y otros edificios emblemáticos.

¿Significa esto que ya no se podrán visitar tales huellas emblemáticas del país? No; solo implica que, para hacerlo a cuerpo de rey, como venía siendo lo habitual hasta ahora, el monte total irá en desgloses, siendo 200 dólares por persona durante un día en temporada baja, véase los meses entre diciembre a febrero y entre junio y agosto; y 250 dólares por jornada y visitante durante la temporada alta, es decir, de marzo a mayo y de septiembre a noviembre.

¿Por qué visitar Bután?

Sus pueblos y aldeas parecen no haber cambiado en siglos, incluso desde que en 1974 recibió a su primera tanda de turistas en un acto de visitas que no estuvo libre de cribas; un halo de eterna inmutabilidad que también destilan sus montañas y paisajes, sus valles y templos, sus tradiciones y creencias.

Prueba de la firme apuesta del país por su medioambiente es que todas las gestiones turística se gestionaban por un turoperador oficial, el cual reservaba una parte del dinero para destinarlo exclusivamente a desarrollo sostenible y protección de los recursos naturales.

Las nuevas normas turísticas que Bután ondea al viento del ocio y los viajes buscan incrementar esa estrategia turística tan exclusiva como de poca afluencia, por lo que, a partir del 23 de septiembre, la tasa de 200 y 250 dólares por día y persona no incluirá absolutamente nada, se pagará directamente al gobierno, y obligará a los visitantes a abonar otro coste por la comida, el traslado, los guías y demás.

¿El argumento oficial de esta postura del gobierno? Una forma de reducir la huella de carbono, ante todo; mejorar las experiencias de los viajeros, después, con alojamientos más sostenibles e infraestructuras viarias, según los responsables del Ministerio de Turismo del país; y beneficiar de paso y en un solo golpe político las condiciones laborales de los butaneses.

Una postura que algunas agencias de viaje especializadas de Bután no comparten para nada, como es el caso del director ejecutivo de Bhutan Travel Club, Pelden Dorji, lamentando la instauración de la medida y observando en un mensaje directo que el coste por día y persona en Bután va a duplicarse cuando se le sumara el alojamiento, las comidas, las entradas a museos, etcétera. Lo que puede echar para atrás a muchos turistas.

De modo que a partir del próximo mes asomarse a Bután será una experiencia aún más exclusiva que no por ello resultará menos fascinante, aunque tal vez sí más solitaria.

Hablamos de un país en el que el turismo es un elemento esencial de su economía; y prueba de ello son las 315.599 personas que turistearon por sus lindes durante el último trimestre de 2019, o los 29.000 turistas que quisieron conocer sus riquezas patrióticas en 2020, antes del cierre de fronteras del mes de marzo. Así, el último trimestre de este año en curso hará de termómetro medidor, a fin de evaluar el efecto de esta nueva normativa.

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