Con la llegada del otoño, caen las hojas de los árboles, desciende el número de horas con luz y, al parecer, también aumenta la caída del pelo. ¿Por qué?

La caída del pelo es estacional, según consenso de los dermatólogos. Una pérdida capilar que se agudiza en otoño, curiosamente, pero no por ello preocupa menos. Se trata de una muda capilar afectada por distintas agresiones externas, que a veces se hace extensible a los cinco millones de folículos que esconden los cinco millones de pelos repartidos por todo el cuerpo.

Otoño versus caída del pelo

A excepción de los labios, las plantas de los pies y las palmas de las manos, las personas estamos recubiertas de pelo de pies a cabeza. A veces rizado, a veces liso, a veces largo y grueso y otras veces tan corto y fino que no es más que vello.

Cada uno de ellos está injertado en la piel a través de una especie de bolsas implantadas, los llamados folículos, que cuentan con una glándula sebácea encargada de engrasar y darles impermeabilidad a las pequeñas bolsas que las protegen, y cada uno de ellos se arriesga a una caída de la que luego el folículo o bien se recupera regenerando otra hebra, o bien nunca vuelve a reaparecer.

El reparto de esos cinco millones de pelos en el cuerpo es bastante desigual; basta con fijarse en la cabeza, o mejor dicho en el cuero cabelludo, que por sí solo acumula unos 100.000, a 600 pelos por centímetro cuadrado. Tampoco hay una medida estándar para el grosor, que varía de un pelo a otro, desde 0,6 milímetros a 0,06, erigiéndose los más gruesos como los más fuertes.

Los dermatólogos aseguran que los pelos crecen en torno a unos 0,35 milímetros al día, y que alrededor de unos 100 de ellos se caen a diario. Perder pelo es normal, sin embargo; lo preocupante es que luego no vuelva a crecer, eso sí. Una diferenciación en el que estos especialistas de la piel ponen el énfasis, señalando que debe haber un equilibrio entre la caída del pelo y su nuevo crecimiento.

El pelo también tiene sus fases

Así, el pelo es como una planta que bajo influencias del verano crece, alimentada por el calor y los rayos UVA, y que al llegar el otoño languidece, generando una pérdida notable. No obstante, es normal que haya una permanente caída del pelo; es algo fisiológico de recambio capilar que implica a unos 100 pelos diarios.

Para entender esto último cabe matizar que, al igual que una persona que nace, crece y muere, el pelo también tiene sus etapas de vida. En la primera, llamada anagen, está en crecimiento, situación en la que permanece el 90 por ciento del tiempo. A su segundo periodo se le conoce como telogen, caracterizado porque deja de crecer; se calcula que un 6 por ciento del pelo distribuido por el cuerpo permanece atascado en esta fase.

Al tercer y último periodo se le conoce como fase de CATAGEN o de recambio, cuando por debajo del pelo ya existente brota otro, uno nuevo, uno que inicia su ascensión empujando al viejo hasta ganarle terreno por el folículo y hacerle caer; esta es la etapa en la que perseveran el resto de los pelos del cuerpo.

Alrededor del 90 por 100 del pelo repartido por el cuero cabelludo está en fase anagen, normalmente, mientras que el resto lo hace en telogen, por norma general. Una tendencia de etapa que varía según las estaciones y la edad, y que, ante un desequilibrio en ellas, como una falta de repoblación capilar adecuada, generan una mayúscula caída o ausencia de pelo que, en el plazo de tres meses, mismamente, daría una alopecia o calvicie total.

La caída del pelo debe producirse, y ni una creencia popular ni un tratamiento milagro ni toda la higiene capilar más estricta del mundo lo puede detener.

«Aunque es importante un cuidado e higiene adecuada del cabello, esto no va a frenar su pérdida», avisan desde la Academia de Dermatología, concluyendo que el otoño es la estación que más caída de pelo genera… si se la compara con el verano, cuando su periodo de crecimiento está más en forma.

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