Investigadores identifican dos nuevos síntomas capaces de detectar en el organismo la presencia del cáncer de páncreas, uno de los carcinoma más letales.
Golpear al cáncer de páncreas es encontrar técnicas que lo traten, terapias que lo alivien, estudios que destripen sus secretos, e incluso síntomas que chiven su presencia en un diagnóstico precoz.
¿Por qué investigar sobre el cáncer de páncreas?
Tal vez se deba a la dificultad de diagnosticarlo, pero el cáncer de páncreas es, sin duda alguna, uno de los tumores con mayor índice de mortalidad en toda España y el resto del mundo, más aún entre los pacientes con enfermedades cancerígenas.
Tampoco ayuda que muchos de los síntomas que identifican este mal sean esquivos, y que no estén presentes en los estados tempranos de la patología, haciéndose notar únicamente cuando los tumores empiezan a afectar al cuerpo, por norma general.
Cierto es, además, que los síntomas de un agresivo cáncer de páncreas varían notablemente, dependiendo sobre todo de la zona exacta donde se localizan los tumores, frustrando el diagnóstico y poniendo a prueba la detección de la enfermedad.
A nadie extraña, por tanto, que esa sea la razón principal por la que científicos y otros expertos continúan recurriendo a la investigación de la sintomatología de esta patología: para así mejorar su detección.
De hecho, una nueva investigación inglesa ha corroborado los 21 signos ya conocidos del cáncer de páncreas, los cuales, dicho sea de paso, pueden presentarse hasta un año antes del diagnóstico.
A su vez, los investigadores han conseguido agregar a la lista de señales conocidas de esta enfermedad dos nuevos síntomas; y se dicen nuevos porque antes no se asociaban con esta dolencia y, por ende, tampoco se las tenía en cuenta.
¿Cuáles son estos dos nuevos síntomas del cáncer de páncreas?
Se trata de la sed y de la orina oscura.
«Cuando un cáncer de páncreas se detecta temprano, los pacientes tienen una probabilidad más alta de sobrevivir», explicó Weiqi Liao, científico de datos y perteneciente a la Universidad de Oxford, en Reino Unido.
Bajo esta premisa de conseguir un mejor entendimiento de estos síntomas, Liao y los demás investigadores vinculados al estudio consultaron datos de salud, analizando y rebuscando entre los 24.236 personas residentes en Inglaterra, que entre los años 2000 y 2017 recibieron la noticia de que pasaban a ser pacientes diagnosticados con cáncer de páncreas.
En el ejercicio de dicho análisis, los investigadores hicieron un careo entre los síntomas que aparecieron con el transcurso del tiempo, versus los síntomas de pacientes que no recibieron diagnóstico alguno, al menos no de la enfermedad.
«Es posible diagnosticar pacientes cuando acuden a su médico de cabecera, pero tanto estos pacientes como estos médicos necesitan estar atentos a los síntomas asociados a este cáncer», indicó Liao.
El sangrado en el estómago o en los intestinos y La ictericia han sido, de siempre, los dos síntomas más comúnmente vinculados al diagnóstico del cáncer de páncreas, tanto en su versión de adenocarcinoma pancreático, como en los menos frecuente, el neoplasia neuroendocrina pancreática y el adenocarcinoma pancreático ductal.
Pero ahora la orina oscura y la sed se han sumado al camino de migas de pan que conduce al diagnóstico del cáncer de páncreas, junto a la diarrea, la indigestión, la acidez, los vómitos, el estreñimiento, el cansancio, las náuseas, las flatulencias y la fiebre; sin olvidar la pérdida de peso y/o de la masa abdominal, la falta de apetito, la grasa en las heces, el amarillamiento de la piel, los problemas para tragar, los cambios en los hábitos intestinales, el dolor y/o hinchazón abdominal, y el picor y/o dolor en la espalda.
Cabe añadir, además, que nueve de todos estos síntomas enumerados fueron alistados por los investigadores para la detección de la neoplasia neuroendocrina pancreática.
El problema de no descubrirlo a tiempo
Si bien es cierto que muchos de los signos sintomáticos arriba mencionados no son específicos del cáncer de páncreas, ni tampoco exclusivos de la mentada patología, dicho sea de paso, los científicos del estudio británico captaron, no obstante, que los pacientes diagnosticados tenían una probabilidad mayor de haber experimentado algunos de ellos un año antes de recibir el diagnóstico final.
Esta revelación es, en sí misma, lo que da esperanzas a los investigadores y les hace pensar que su investigación sirve para mejorar los esfuerzos por detectar antes la enfermedad del cáncer de páncreas.
«Estos nuevos descubrimientos nos permiten trabajar más en el entendimiento de los síntomas que pueden sugerir un cáncer de páncreas», declaró Liao. «Esto ayudará a los médicos de cabecera a tomar una decisión sobre quién necesita una prueba urgente, especialmente cuando los pacientes presentan varios síntomas que no parecen específicos».
En la publicación que difunde esta investigación científica se explica, por otra parte, que el estudio tuvo ciertas dificultades; empezando por el hecho de que algunos de sus datos más antiguos no entraban a detallar el estadio de cada caso. Otro problema añadido fue la dificultad de aislar los síntomas de la neoplasia neuroendocrina pancreática, un tipo de cáncer de páncreas más extraño que los otros, escasez que implica que tiene menos datos en los que apoyarse.
Para Pippa Corrie, presidenta del flujo de trabajo en páncreas del Grupo del Sistema Gastrointestinal Superior y la Consultoría Médica Oncológica del Addenbrooke’s Hospital de Cambridge, en Reino Unido, quien además ni siquiera estaba relacionada con el trabajo, los resultados de esta investigación siguen siendo un logro significativo.
«Estar atentos a los síntomas tempranos del cáncer de páncreas es crucial si queremos diagnosticar pacientes antes y mejorar la supervivencia a este cáncer», manifestó.
«Esta investigación puede ayudar a los médicos de cabecera y sus pacientes a saber más acerca de las señales del cáncer de páncreas», defendió. «Es muy importante que la gente hable con su médico de cabecera si advierte estos síntomas».
A juicio de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), el cáncer de páncreas tiene una incidencia anual de 8.169 casos; los últimos estudios, por cierto, cifran su mortalidad en 6.868 pacientes, siendo su tasa de supervivencia relativa a los cinco años la más baja de todas, a nivel nacional, eso sí, estableciéndose en el 4,6% al tratarse de los hombres, y en el 5,4% en el caso de las mujeres.
En este sentido, Pippa Corrie aseguró que «en el futuro otras investigaciones pueden ayudarnos a desarrollar herramientas para los médicos de cabecera, para ayudarles a hacer referencias, especialmente cuando los pacientes presentan varios síntomas no específicos».

























