Si somos capaces de empatizar con el sufrimiento ajeno, seremos capaces de observar más claros nuestros propios problemas y, por tanto, la solución.
Álvaro Villanueva en El País, lunes 9 de noviembre de 2021.
Querido Alvarete:
Este fin de semana ha sido complicado, nos has llevado a tu madre y a mí hasta el límite de nuestras fuerzas. He de reconocerte que el domingo por la noche, cuando por fin te quedaste dormido, sentí un cierto alivio al pensar que al día siguiente era lunes. ¡Quién me lo hubiera dicho hace unos años!
En un momento dado del domingo, te subí al coche para darte una larga vuelta (casi dos horas), ya que, como bien sabes, esto suele relajarte mucho desde que eras pequeño. Mientras que dábamos vueltas por los alrededores, vi a un matrimonio amigo con sus hijos paseando, iban cogidos de la mano hablando tranquilamente, al tiempo que los críos correteaban alrededor. Me dio mucha envidia, sana, pero envidia. Me pregunto si son conscientes de la suerte que tienen de poder pasear tranquilamente en familia mientras hablan de sus cosas, seguramente no lo sean, ya que no solemos valorar lo que tenemos hasta que lo perdemos.
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