La juventud, esa insultante juventud llena de vida a veces se apaga porque no naces con suerte. Esa vida que todos despreciamos en algún momento porque nos sentimos valedores de algo y creemos que esto es para siempre, hace de las suyas en escenarios como este.

Charlie, un chaval de 20 años tiktoker ha viralizado su día a día, su cáncer, la fortuna de sentirse amado por su novia y una serie de intangibles que permanecerán en la memoria de cuantos alguna vez le leímos con desdén.

Y sí, la frágil vida se descoyunta cuando nos atrevemos a retarla y hacemos cosas impropias para tentar a la misma; a la enfermedad, quizá también a la suerte de sentirnos con salud. En cambio, en otros mundos menos amables, un día, en una consulta cualquiera, un doctor le dice —al entonces menor de edad—, que padece un cáncer y con suerte, —esa que rara vez aparece— se curará.

Pero la vida dura y contradictoria como solía decir mi querido padre, se escribe como sabemos, basta con visitar cualquier planta de oncología infantil o juvenil para saber de qué va de verdad. Personas que apenas han vivido dos décadas, a veces ni siquiera una, debutan con la agresividad del pilar que sujeta su frágil salud. Y muchos mueren, pierden, se van tras haber luchado, como dicen esos que tienen terror a esa palabra, cáncer. Y este se extiende, se apodera de sus días y se van.

Antes no lo sabíamos, Charlie, pero ahora lo hacemos viral en TikTok como hacen muchos a tu edad. En vez de hacer el pavo enseñas qué supone ese viaje y has narrado con ilusión la búsqueda de la cura y la forma única de afrontar el cáncer, casi nada.

Un sarcoma de Ewing es el nombre del que te ha arrebatado los momentos que te quedaban.

En ese devenir nos has dado varias lecciones de vida; acaso la más importante: sin amor nada es posible y tu compañera de vida, la joven Nerea, que ha pasado contigo los mejores años de su vida entre sábanas de hospital, te ha amado hasta el infinito. Pocas personas pueden decir que en lo malo, en lo que tiene lugar cuando existe un terrible enfermedad, un problema sine die, una adicción, un devastador diagnóstico que te aniquila día a día, permanece dándote la mano y sujetando la columna que mantiene a la vida a raya.

Charlie tuvo esa suerte como nosotros la tenemos al leer su diario del cáncer. La investigación es la asignatura pendiente y la que afecta a los niños debería estar encima de todas las mesas como prioridad. Mientras muchos mueren, seguimos aquí hablando de idioteces y pensando que podemos jugar con la nuestra porque eso de morir les pasa a otros. De sufrir, hablamos otro día.

Gracias por tanto, joven. Tus padres han tenido un regalo que nos han dejado 20 años. Nadie te sustituirá porque tu mensaje es único; habla de amor y las bondades de la otra vida en donde nos veremos. Te lo aseguro. Tu novia, Nerea, se merece el mejor de los lugares en este jodido mundo y nos ha enseñado qué es el amor de verdad; solo cuando algo va mal se ve quién se queda remando en el barco. Grande, muy grande, pequeña @lanenahbrugal.

«Adiós hijos de puta, nos vemos en la otra vida». Claro que sí.

Descansa en paz, Carlos Sarriá.

2 COMENTARIOS

  1. Es el artículo más bonito que he leído en prensa escrita sobre mi hijo. Lo has reflejado a la perfección. Porque la valentía existe en los jóvenes y Carlos lo demostró durante toda su trayectoria. Simplemente, mi enhorabuena por el artículo.

    • Querida doña Rosa:
      Muchas gracias por sus palabras. Charlie no era un joven más; acaso uno cuyos valores y valentía sirvieron para que muchos adultos no tiraran la toalla. Como madre le mando un fuerte abrazo y mi enhorabuena porque él fue educado por usted y ha sido ejemplar y su historia vital le sera útil a muchos jóvenes que pasan el terrible peaje de la enfermedad.
      Un fuerte abrazo,
      Ana De Luis, directora.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí