Enfermedades hepáticas: si no duelen ¿cómo las prevenimos?

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Entendidas como esos males de la salud que de alguna forma afectan al hígado, las enfermedades hepáticas se dejan reconocer porque impiden que este importantísimo órgano trabaje o funcione correctamente en sus tareas vitales.

¿Qué tienen en común las alteraciones genéticas y los virus, el abuso del alcohol y sustancias similares y el exceso de grasa?

El hecho de que todas ellas, ya sean juntas o por separado, constituyen factores de riesgo, básicamente, representando así una amenaza para la salud del hígado.

Algo que dificulta bastante la labor de este órgano de mantener limpio el organismo, por un lado, a la par que complica su tarea de descomponer por nutrientes todos y cada uno de los alimentos que acaban en el cuerpo, eliminando sus toxinas y convirtiéndoles al final en energía.

Porque el hígado no duele y prevenir es curar, cada vez se hace aún más necesario prestar una mayor atención a las enfermedades hepáticas

Durante la celebración de ‘Retos de las enfermedades hepáticas: desde la prevención hasta la curación’, encuentro informativo realizado este miércoles y organizado por Europa Press, en colaboración con la compañía biofarmacéutica AbbVie, los expertos sanitarios volvieron a insistir en la necesidad de mejorar la prevención de las enfermedades hepáticas, máxime cuando buena parte de ellas son hasta prevenibles.

Catalogadas como la undécima causa de muerte en España, según datos de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), hablamos de un grupo de patologías entre las que se encuentran la hepatitis A, B o C, así como el carcinoma hepatocelular, la cirrosis, el hígado graso, la ictericia y la hemocromatosis… entre muchas otras.

¿Qué es lo peor?

Que la mayoría de estas enfermedades hepáticas son asintomáticas, lo que significa que cuando los pacientes dan muestras de las primeras manifestaciones, es que en realidad se encuentran en una fase mucho más avanzada de la dolencia, dejando a los médicos con una menor capacidad de actuación terapéutica.

Para José Luis Calleja, presidente de la AEEH y jefe asimismo del Servicio de Gastroenterología del madrileño Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda, las enfermedades hepáticas exigen recibir a tiempo el diagnóstico, especialmente cuando el paciente se halla en esa etapa sintomática tan propia de estas patologías, de la misma manera en que es importante que todos sus aquejados reciban un acceso a los tratamientos más innovadores.

Pero uno de los problemas más acuciantes de estas patologías es que los países desarrollados, España entre ellos, se aquejan de una «pandemia» de mal estilo de vida; una condición que propicia la aparición de problemas en el hígado, tanto ahora como de cara al futuro; y ello se ve en la actual incidencia del hígado graso, que ya aqueja a uno de cada cuatro españoles.

«Cada vez tenemos más obesos y diabéticos, y el consumo de alcohol ha crecido después de la pandemia», constató a este respecto Calleja, advirtiendo a renglón siguiente que todos estos factores «van a contrarrestar el efecto de la bajada de mortalidad por hepatitis A y B, debido a los nuevos tratamientos».

Las enfermedades hepáticas se revelan como un cáncer silencioso que corroe la salud metabólica de las personas

Una línea de razonamiento que el jefe del Servicio de Hepatología del Hospital Clínic de Barcelona, Ramón Bataller, no ha dudado en resaltar, instando a los sanitarios a acudir a los pacientes de riesgo de este tipo de dolencias, emulando el estilo de los profesionales que tratan a personas adictas al alcohol o que se encuentran ingresados en una clínica para batallar y superar su obesidad.

«Tenemos que hacerles pruebas no invasivas para detectar si tienen enfermedad hepática», reivindicó el también portavoz de la AEEH.

Después de todo, el hígado no duele, de modo que cuando está enfermo lo hace notar de manera discreta y tardía. Y al no doler, «es más difícil de detectar» el mal, razón por la que los cribados, mismamente, deben ser más amplios.

Hablamos de un órgano que «tiene sus límites», en opinión de este experto, pese a la tendencia de este importantísimo órgano de dar una segunda oportunidad. Con todo, fundamental y prioritario cuidarlo en todos los aspectos.

Es un hecho que el estilo de vida de la población española está cambiando; una circunstancia que Rocío Aller, especialista en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid dentro del departamento del aparato digestivo ha lamentado, explicando que ello es como ponerle dos velas de invocación a los problemas de hígado.

«Los pacientes no hacen dieta mediterránea, que es un factor protector de hígado graso», criticó la también investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC).

En contrapartida, «los alimentos ultraprocesados o con mucho azúcar son un gran factor de riesgo», máxime cuando tanto la grasa como el alcohol producen cirrosis.

Un fuego de azuzamiento a las enfermedades hepáticas que la pandemia del coronavirus ha venido a avivar, ciertamente, tal y como expone esta facultativa.

«La gente se ha quedado en casa, ha dejado de hacer actividad física y aumentado su consumo de alcohol. Y lo peor es que han sido cambios estructurales. La mitad de los españoles ha aumentado de peso desde la pandemia», lamentó, concluyendo que ello «ha supuesto un flaco favor para el hígado graso».

A su entender, otro factor que dispara la incidencia de las enfermedades hepáticas es que el 30 por ciento de la población infantil española presenta sobrepeso. Y es que no solo no cumplen con la recomendada hora diaria de hacer deporte, tiempo aconsejado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), sino que esa inactividad implica que cuando lleguen a los 50 años tendrán problemas metabólicos y una enfermedad hepática avanzada».

Esta situación, de hecho, ha empujado al vicepresidente de la AEEH, Manuel Romero, a defender la importancia fundamental de diseñar un Plan Nacional de Enfermedades Hepáticas; un planteamiento estatal que meta a la salud hepática de cabeza en la agenda política, situándola para más inri en una posición muy elevada.

«Necesitamos un plan porque hay mensajes y acciones que tenemos que poner en marcha», afirmó el también jefe de sección de Aparato Digestivo del sevillano Hospital Universitario Virgen del Rocío.

«Tenemos que educar a los padres, a los maestros, a todos los que toman decisiones en el territorio local», detalló; «habrá que modificar impuestos y tomar decisiones que van a tener un impacto muy importante», aseguró igualmente, un punto que contempla la importancia de contar con comités multidisciplinares que ayuden a mejorar el abordaje de las enfermedades hepáticas.

En este sentido, todos los expertos coinciden en que estaría muy bien, y que sería una medida muy preventiva, que en la analítica general se incluya una analítica hepática, siendo que actualmente se suele realizar una vez al año y, no obstante, el mal del hígado puede no haberse manifestado este año y en cambio hacerlo en el transcurso del siguiente periodo anual.

Resta añadir, por último, que en España, tanto la AEHH como la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), han elaborado en equipo un decálogo para la eliminación de la hepatitis C, con la ayuda eso sí de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y la colaboración del Grupo de Estudio de Hepatitis Vírica de la SEIMC (GEHEP).

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