Libros accesibles: audiolibro versus Braille

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Mujer sentada en un escritorio con unos auriculares puestos

Una lectura que conquista otros sentidos: audiolibros versus Braille.

Para las personas con discapacidad visual, los audiolibros han supuesto un bum en la accesibilidad de los libros, tanto así que han relegado el braille a un segundo plano. Hoy en día, pocas personas con ceguera o baja visión leen más en audiolibros que en braille. ¿Y por qué? ¿Qué tiene por ofrecer un audiolibro que el braille no satisface? Conozcamos en este artículo la batalla entre audiolibro versus braille, la lucha de estos dos modelos de lectura para los usuarios con discapacidad visual.

Desde siempre se ha leído con los ojos y la vista. No fue hasta 1829, con la creación del sistema de lectoescritura de Louis Braille, que se concibió la idea de involucrar a otros sentidos para la lectura, en ese caso, el tacto. Hoy en día, con la llegada de los audiolibros y la conciencia social por volver accesibles los libros, ha nacido el leer con los oídos o, más exactamente, el escuchar un libro. Con o sin discapacidad, cualquiera puede disfrutar de este formato acústico de lectura, cualquiera y en cualquier momento, y he ahí donde reside el secreto de su éxito.

Los audiolibros: una experiencia sensorial

Los audiolibros se escuchan, y al seguirlos, se leen. No se trata de oír lo que textualiza una voz sintética, inflexible e impersonal, sino lo que narra una voz humana; los matices de su voz, las riquezas de sus diferentes entonaciones, la capacidad de transmitir emoción al audiolector. ¿Diferencia? Las voces sintéticas textualizan, las voces humanas, relatan.

En ambos casos, no puede negarse que los audiolibros son una estimulación del sentido del oído, amén de sus otras ventajas, que son muchas:

  • Sus temáticas son variadas: abarcan un amplio público y un amplio catálogo de gustos.
  • Favorecen la comprensión lectora: los audiolibros vigorizan el sentido sensorial del oído, agudizan la memoria, optimizan las conexiones neuronales y nutren la capacidad de retención cognitiva del cerebro.
  • Fomentan la creatividad: las pausas, la entonación, los matices orales, la dramatización de una escena… todo eso contribuye a sentir lo que se está relatando en el oído. Dispara un dardo de estimulación a la mente, despertando la imaginación y, con ella, la inspiración y la creatividad.
  • Son un apoyo en el entrenamiento auditivo: los especialistas recurren a la técnica de hacer volver a escuchar al paciente esos sonidos que, a causa de un principio de hipoacusia o pérdida auditiva, llevan mucho tiempo sin percibir. Por ello los audiolibros pueden venir bien en esta terapia de recuperación; siempre y cuando se haga bajo la guía y supervisión de un experto, por supuesto.
  • Ayudan a conciliar el sueño: especialmente al ponerse como cuentos nocturnos para niños. Y también pueden resultar un sonido relajante para otras personas.
  • Permiten practicar ese idioma que se está aprendiendo, al poder escuchar la pronunciación de expresiones y frases que, solo en texto, no se pueden sentir, especialmente en esos idiomas que se escriben de una forma y se leen de otra.
  • Mejoran la concentración: leer un audiolibro implica prestar atención a quien narra, a lo que narra, y al desarrollo y giros de la trama.
  • Hacen compañía: llenan el silencio del coche de camino al trabajo, y matan esos tediosos minutos en la consulta del médico, mientras uno espera a que le llegue el turno.
  • Se pueden compaginar: planchando, cocinando, viajando, paseando, haciendo deporte, conduciendo… mientras la actividad que se esté realizando no exija de toda la concentración para poder llevarse a cabo bien y a salvo, el audiolibro puede seguir escuchándose en cualquier momento. Es una compaginación que da libertad de hacer otras tareas a la vez y, por tanto, permite economizar bien el tiempo.

¿Tienen alguna repercusión negativa?

El único riesgo de los audiolibros está en el volumen, la potencia con que se escuche. No deja de ser otro sonido, después de todo, por lo que conviene escucharlos en un volumen adecuado. Cuidar los oídos es muy importante, y esa importancia se multiplica cuando se tiene discapacidad visual, pues los oídos son el modo principal en que los invidentes recopilan información de su exterior, como dicen en el Instituto Nacional para Ciegos de Colombia:

“El sentido del oído, es tal vez el que más utilizamos para guiarnos, nos permite percibir los sonidos, las voces pudiendo reconocer su volumen, tono, timbre y la dirección de la que provienen”.

Por tanto, se debe ir con más cuidado cuando se está escuchando el audiolibro a través de los auriculares, pues el sonido está más pegado al tímpano, y eso vuelve más vulnerable ese sentido. Como recomienda la OMS acerca de los ruidos recreativos, más vale no abusar ni pasar muchas horas con el audiolibro a todo volumen en los cascos.

El braille: una lectura con tacto

Diseñado en 1829 para el uso de las personas con discapacidad visual, el braille es un sistema de código de puntos en relieve que cambia el tradicional estilo de lectura visual, por un estilo más táctil, con la mano. No es un lenguaje, contrario a lo que muchos piensan, sino un alfabeto, mediante el cual aprender diferentes lenguas. Son seis puntos en relieve a palpar y leer con la yema de los dedos, que encima contienen letras, números y signos. Tal y como explica la ONCE en su página web:

«Aporta a las personas ciegas una herramienta válida y eficaz para leer, escribir, acceder a la educación, a la cultura y a la información sin necesidad de ver, guiándose solo por el tacto».

En suma, el braille es un sistema que ha permitido que millones de personas aquejadas de problemas de la vista se mantengan en el carro del progreso y el desarrollo, a la par que el resto de la sociedad.

Texto, documentos, láminas de color en relieve, libros de todo tipo y género. El uso del sistema braille está muy diversificado hoy en día, lo que permite más educación y más información a quienes lo utilizan. Los invidentes que se defienden bien con este sistema de lectoescritura táctil lo usan para leer y reconocer y elegir un medicamento, para pulsar el botón correcto del ascensor, para aprender las fórmulas matemáticas, para iniciarse en las partituras musicales y en la gramática textual de los idiomas. Desde luego, sus ventajas son muchas.

  • Es un fomento a la integración social, cultural, escolar y laboral, favoreciendo así la expresión, la comunicación y la diversidad en el mundo.
  • El braille es autonomía: leer, comunicarse, formarse… permite hacerlo de forma autónoma, sin depender de nadie.
  • Estimula el tacto y contribuye a mantener bien desarrollado y afinado este sentido, tan importante para quienes no ven.
  • Sin el braille, las personas con ceguera y sordera no podrían aprender ni formarse, pues el alfabeto de puntos en relieve se adapta a su incapacidad de ver y oír, suponiendo así su principal y más apreciado auxilio escolar, educativo y cultural.
  • Mejora la ortografía: el braille se lee letra a letra, palpando, uniendo con los dedos palabras, descifrando con las yemas las normas ortográficas. Gracias a que se toca, se puede recordar mejor cómo se escriben las palabras, si algo va con “V” o “B”, si tiene “H”, si va acentuada…
  • A pesar de sus casi doscientos años de vida, el braille se ha ido modernizando con el paso del tiempo. No en su estilo ni metodología, sino que se le han sumado recursos tecnológicos como la máquina Perkins y el punzón, y recursos informáticos como los teclados adaptados, que lo han hecho más accesible y lo han mantenido actualizado al progreso social.

¿Tiene alguna desventaja?

Sí. Su principal desventaja es su volumen. Los textos en braille ocupan más que el triple de sus homónimos en tinta. Una desventaja que se traduce en más peso, y que repercute a la hora de transportarlo, organizarlo y guardarlo.

Aun cuando incluya letras, números, símbolos de puntuación y signos de ortografía, algunos otros rasgos de la escritura en tinta se le escapan. Y es que en braille no existe ni el subrayado ni las negritas ni las tablas, y eso limita el aprendizaje de ciertas materias.

Los seis puntos que inicialmente forman el braille se combinan hasta 64 veces para formar letras, números y signos. No obstante, en ese recuento de combinaciones no están incluidas las icnografías de la química, la física, la música y la informática. Estas ciencias tienen otra combinación, por lo que hace falta memoria para recordarlas todas. Por no hablar de las letras especiales y características de cada idioma (la «Ñ» del español, el «‘» del inglés, la «ç» del francés, etc, etc).

Los usuarios lectores de braille no alcanzan la velocidad de lectura de los lectores en tinta. Por norma general, mientras un vidente puede leer de 300 o 320 palabras en un minuto, el promedio de velocidad de un usuario de braille es de unas 150 palabras por minuto, 200 como máximo.

Los libros en braille requieren de más tiempo para transcribirse. Esto repercute negativamente a muchos estudiantes, pues a la hora de adquirir ese manual o tesis o ensayo mandado en clase, no pueden ir a una biblioteca del barrio y hacer el pedido, sino que deben solicitar su transcripción en la organización de invidentes de su ciudad o país, lo que al final se convierte en un retraso, en más espera.

Audiolibro versus braille

Ya hemos visto que ambos formatos de lectura son importantes y están muy extendidos. A pesar de sus puntos en contra, los beneficios tanto del audiolibro como del braille superan con creces y eficacia a sus respectivas desventajas, poco significativas en comparación, lo que anima cada día a más gente a recurrir a ellos. ¿Pero qué ocurre cuando el debate se da entre ambos formatos? ¿Quién tiene más adeptos entre los lectores ciegos, el libro en sonido o el libro en seis puntos de relieve?

“La tecnología que hace que la información esté fácilmente disponible para los lectores ciegos, como es el caso de los audiolibros, está reemplazando al braille en lugar de complementarlo, por lo que el uso del braille entre la población con discapacidad visual está disminuyendo”. (Rose, 2012, Braille is spreading but who’s using it? BBC).

Un proceso paradójico, y al mismo tiempo lógico. Las ventajas del audiolibro resuelven muchas de las desventajas del braille. El audiolibro no ocupa espacio físico, no pesa, no tarda en ser transcrito, no relentece la velocidad del lector, no exige el uso de las manos y la negativa a hacer otras tareas entre tanto. Ante ventajas así, no es de extrañar que muchos ciegos o personas con problemas de vista opten antes por leer en audiolibro que leer en braille.

Con el audiolibro, además, las personas con problemas de visión pueden leer esos libros que son moda y tendencia, los últimos que han salido o de los que todo el mundo habla. Para el audiolibro solo se necesita un ordenador o móvil o dispositivo similar, algo que es más fácil de encontrar y comprar que los tomos y dispositivos de lectura braille que encargar y esperar y esperar.

¿Por qué es importante leer en braille?

No obstante, el braille tiene algo que ni todos los audiolibros juntos pueden suplir: la lectura directa, la autónoma, la que alfabetiza.

“La alfabetización braille está positivamente relacionada con el nivel educativo, la probabilidad de empleo y la cantidad de ingresos de las personas ciegas”. (National Federation of the Blind Jernigan Institute, 2009).

El ser humano no nace leyendo ni sabiendo ya leer. La lectura es una habilidad aprendida, adquirida y entrenada, no un legado de los genes o cromosomas o neuronas. Se enseña al cerebro a leer, no al revés. Conforme crecemos y maduramos, vamos recaudando más habilidades aprendidas, unas capacidades que moldean nuestro cerebro.

 El estudio de los efectos de la lectura en adultos, que realizaron en el 2017 en la India científicos del instituto Max Planck, demostró que, tenga la edad que tenga, cuando alguien aprende a leer su cerebro registra cambios notorios en su corteza cerebral, en el tálamo y el encéfalo. Por tanto, desde el momento en que se dan los primeros pasos en el aprendizaje de la lectura y la escritura, se está obligando al cerebro a hacer hueco al nuevo aprendizaje, una obligación que se traduce en adaptación neuronal.

¿Qué pasa con esas personas que jamás aprenden a leer? que se convierten en analfabetos. ¿Qué sucede con esos ciegos que no saben leer braille? que son ciegos sin la habilidad neuronal de leer. Son, en el más estricto sentido cerebral y neuronal, “analfabetos”.

El secreto del braille es su alfabetización

“A diferencia de otras tareas que realiza el cerebro, la lectura es una actividad de reciente invención, cerca de 5.400 años. El lenguaje Braille lleva usándose menos de 200 años; no es suficiente tiempo para que la evolución haya dado forma a un módulo cerebral dedicado a la lectura”, afirma Amir Amedi, líder de un estudio de imagen cerebral realizado en el 2011 en la Universidad Hebrea de Jerusalén. El estudio, publicado en Current Biology, un diario sobre ciencia, manifiesta que al leer braille, los invidentes utilizan la misma parte del cerebro que las personas sin problemas de vista activan al leer en tinta.

Por tanto, el braille tiene un beneficio inmensurable e incomparable: la alfabetización, la adaptación cerebral. Y a pesar de ello, está muriendo a manos de los invidentes, los primeros que deberían fomentarlo, ahogado bajo las voces de los audiolibros.

Y es que sí, los audiolibros están bien, muy bien, pero no dejan de ser libros en audio, libros que exigen escuchar, libros donde un tercero, persona o voz sintética, lee en voz alta. Libros que, en otras palabras, no activan ni adiestran la parte del cerebro encargada de la lectura, la escrita.

Así que en la lucha de elecciones de los libros en audio o braille, los audiolibros llevan las de ganar en cuanto a inmediatez y actualidad, pero el braille tiene a su favor el beneficio básico y primordial de esta capacidad lectora: la alfabetización.

Braille o audiolibro: ¿Por qué elegir?

Si bien el artículo se llama Audiolibro versus Braille, tal vez este no sea el titular más adecuado, pues señala que hay una clara intención de elección entre uno y otro para los usuarios lectores, siendo que no debería existir ninguna competitividad entre ambas modalidades. Cada una tiene sus propias ventajas, sus propias características, y lo cierto es que deberían fomentarse a la par. Porque no es necesario elegir, realmente.

Tanto el braille como el audiolibro ayudan a la accesibilidad literaria de las personas con discapacidad, y eso es lo importante. Ambos formatos se han inventado para poner a los invidentes al mismo nivel educativo y cultural de los demás, por tanto sí, se pueden emplear los dos, usar los dos, disfrutar los dos. Lo importante es no relegar el braille en pro del audiolibro, porque entonces se está relegando la alfabetización en detrimento de la dependencia, la autonomía, la libertad lectora.

Igual que al escoger la ropa elegimos el modelo del día según la ocasión, el braille y el audiolibro son excelentes aliados del aprendizaje y la información, aliados en los que apoyarse dependiendo de si la meta es alfabetizarse o economizar el tiempo, mejorar la concentración o la ortografía, informarse, solamente, o comunicarse, también.

Braille o audiolibro, papel o epub… lo que no puede negarse es que la lectura es estimulación, es cerebro, es bienestar, es salud. Y algo que siempre se debe revalidar.

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