Clamor contra la «amnesia» y el «historicidio»

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El Congreso aprobó ayer la llamada Ley de Memoria Democrática desoyendo protestas masivas y razonadas a izquierda y derecha del espectro político

«El Partido podía alargar su mano hacia el pasado y decir que tal o cual acontecimiento nunca había ocurrido. Esto resultaba mucho más horrible que la tortura y la muerte» (George Orwell, 1984).

ETA ha muerto. ¡Viva ETA!

—Tengo una mala noticia que decirle a Vd. y a la bancada de la derecha: ETA no existe.

El autor (o en su caso, más probablemente plagiario) de esta frase infame —pronunciada el miércoles 13 en sede parlamentaria, durante el debate sobre el Estado de la Nación— hace una de sus consabidas pausas para que sus incondicionales le aplaudan, enfervorizados. Y ellos obedecen, como siempre, pues su poltrona depende de su capacidad para el halago: ‘Así se habla, presi’; ‘Bravo, eres el mejor’, et patati et patata. Todos piensan lo mismo, que ya se sabe: es lo que pasa cuando ninguno está pensando —más allá del pensamiento emoji, claro—; y ninguno quiere ser el primero en dejar de aplaudir, por si acaso…

La respuesta del diputado Carlos Gª Adanero (UPN) a la infamia que acaba de oír (y no por primera ni segunda vez) es inmediata y contundente: «Si ETA no existe, ¿por qué cambió Vd. presos por presupuestos? Presos de ETA. Y si ETA no existe, ¿por qué permite los homenajes a los etarras? Si ETA no existe, ¿por qué siguen haciéndose pintadas de Gora ETA? Y si ETA no existe, ¿por qué le da Vd. el pésame [a su brazo parlamentario] por la muerte de un etarra? […] Y si ETA no existe, ¿por qué seguimos aguantando incidentes el 7 de julio en la procesión de San Fermín, si ETA no existe? Claro que existe, claro que existe. Lo que pasa, el pecado que tiene Vd. es que hace veinticinco años su socio prioritario, el que más apoyo le está dando en esta Cámara, estaba tumbado en una playa [se refiere a Arnaldo Otegui Mondragón] esperando a que asesinaran a Miguel Ángel Blanco. Y mientras, al partido de Miguel Ángel Blanco, concejal del PP, por defender la libertad y la unidad de España, por eso fue torturado y asesinado, y Vd. a ese partido le dice que sobran en este país y que estorban. Ése es el problema que tiene Vd.» (Congreso de los Diputados, Diario de Sesiones).

Réplica del diputado de UPN Carlos Gª Adanero al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el reciente debate sobre el Estado de la Nación.

No, no es la primera vez que se profiere semejante enormidad como la de afirmar que la supuesta inexistencia de ETA es una «mala noticia» para quienes durante tantos decenios fueron sus principales víctimas. Como recuerda Cristina Losada en Libertad Digital («Qué incordio lo de ETA»), «se ha dicho muchas veces, pero se ha profundizado poco en todo cuanto implica decirlo. Y lo que implica es mucho. Si en la izquierda piensan que al PP le convendría que ETA continuara con su actividad criminal, es que creen que la lucha contra el terrorismo era un asunto en el que sólo el PP se sentía cómodo y de la que sólo ese partido, ninguno más, extraía rédito político. Esto significa, ni más ni menos, que en la izquierda dan por sentado que el terrorismo de ETA preocupaba única o principalmente a la gente de derechas. Y lo más notable: que no preocupaba mucho o no importaba nada a la base social y electoral de sus partidos, los de izquierdas«.

Advierte Losada: «Cuidado con estas armas arrojadizas, porque siguiendo su trayectoria, al final damos con un significado profundo que aquellos que las lanzan a la ligera no querrían ver negro sobre blanco». Y para concluir, observa: «Tiene pinta de que ha incordiado que la portavoz del PP empezara su discurso en el debate con un recuerdo a Miguel Ángel Blanco. Pinta tiene de que no cayó bien el minuto de silencio que quiso hacer, y la Cámara hizo con ella. Se diría que ese minuto en pie, no previsto, se lo tienen que hacer pagar. Y habrá que preguntarse por qué. Por qué la incomodidad. Por qué resulta incómodo y cargante el recuerdo de un terrorismo nada lejano, de un terrorismo que llegó a ser una de las más graves amenazas para la democracia y la nación, y que ha dejado secuelas políticas que perviven».

ETA no existe, Franco sí

Como reza el dicho popular, el mayor triunfo del diablo fue hacer creer a la gente que no existe. Pero es que, aun admitiendo que ETA efectivamente haya desaparecido (que no es poco admitir, habida cuenta de que su brazo político, ese parásito de la Constitución de 1978 que siempre quiso subvertir, cada vez acumula más poder), lo que llama poderosamente la atención que el vacío dejado por esta desaparición decretada por Ley lo cubra rauda y veloz la reaparición del régimen franquista, no tan reciente. ¿O será que —como ha observado agudamente Antonio Banderas— en 1985 Franco llevaba más años muerto que ahora?

Es frecuente que un artista exprese de forma sencilla lo que cien intelectuales no aciertan a formular de manera alambicada. Así ocurre en este caso: el célebre actor malagueño —una agradable excepción entre la abultada troupe de comediantes metidos a politólogos— ha dado en el clavo. Exista o no la ETA, lo que obviamente existe es el interés en resucitar a Franco; o como mínimo exhumarlo, sacar a pasear su fantasma, aunque así se reaviven, o porque así se reavivan, esas cenizas guerracivilistas que ya en los ochenta llevaban largo tiempo apagadas.

El reverso del franquismo

¿Con qué fin? Una pista puede encontrarse en la propia exposición de motivos de la Ley aprobada ayer: «La construcción de una memoria común no es un proyecto nuevo en la sociedad española. El régimen franquista impuso desde sus inicios una poderosa política de memoria que excluía, criminalizaba, estigmatizaba e invisibilizaba radicalmente a las víctimas vencidas tras el triunfo del golpe militar contra la República legalmente constituida».

Según el expresidente de la CAM Joaquín Leguina (PSOE), «ahora se quiere hacer lo mismo que hizo Franco, pero al revés […] A este paso, los libros escolares acabarán enseñando que José Calvo Sotelo murió de pulmonía», ironiza. No en vano, ya hace casi dos años el viejo socialista sabiamente advertía: «Unir ‘memoria’ a ‘democracia’ como pretende la nueva ley llamada de “Memoria Democrática” es, simplemente, una idiotez (y ¿por qué no una Ley de Digestión Cosmopolita?, se preguntaba con sorna don Fernando Savater). La ley no pretende recuperar memoria alguna. Lo que sí pretende es el olvido de los muchos miles de asesinatos cometidos en la retaguardia republicana. Aunque yo creo que el objetivo último de esta barbaridad es tener abierto el enfrentamiento entre españoles y, de paso, acabar con la Transición».

La serpiente anida en el Congreso

Por su parte, Miquel Giménez, en Voz Pópuli («Cuando la serpiente anida en el Congreso»), opina que, además de esos objetivos implícitos, Sánchez esconde una agenda oculta; a saber: «presentar a los bilduetarras como unos perfectos demócratas […] El nuevo Sánchez Style obliga; y el subtexto del Debate ha sido ofrecernos una visión idílica de Bildu. Son varios los motivos que tiene este gobierno de miseria moral y perjurio institucional, puesto que al acceder al cargo juran o prometen acatar la Constitución y hacerla cumplir».

A mayor abundamiento, Giménez especifica los susodichos motivos: «El primero y más importante para ese autócrata que dirige el país es asegurarse los votos de Bildu. Si ello comporta pactar una ley de memoria histórica que anule la Transición, prolongando el franquismo hasta 1983, se hace. Si hay que olvidarse de los más de 300 asesinatos cometidos por ETA todavía sin resolver, se olvidan. Si se ha de afirmar que hablar de ETA está obsoleto porque ya no existe —vayan ustedes por las Vascongadas con la bandera de España en la solapa y verán lo que pasa—, se afirma. Como decía un hiperventilado sanchista, es mucho mejor que los etarras se hayan integrado en las instituciones que el que continúen matando. Eso es más que discutible. Recordemos que fue un concejal de la malhadada HB quien dio a la banda asesina toda la información acerca de los movimientos, rutinas y itinerarios que su compañero Miguel Ángel Blanco hacía. Por lo demás, el fenómeno de HB y partidos antisistema, incubadores de serpientes y destructores de la convivencia, es algo que nuestros socios europeos no acaban de entender. Que alguien pida ilegalizar a Vox —antes lo hicieron con el PP o Ciudadanos, incluso con el PSOE— por franquistas, represores, autoritarios y poco demócratas mientras se hacen fotos con Otegi, festejan los ongi etorris, acosan a la policía, escupen a diario en las fuerzas armadas u organizan escraches contra personas constitucionalistas es más que peregrino, es suicida. No lo entienden y no se entiende».

¿Algo más, Giménez? Pues sí: «Esa serpiente, la que representa a ETA y también a toda la batahola antisistema, vive, repta y emponzoña la vida de la Cámara de representación nacional. Esa lacra ha conseguido llegar a gobernar España, puesto que gobernar es pactar con quien ocupa el Gobierno e influir decisivamente en sus decisiones. ETA, admitámoslo, nos ha ganado la batalla del compadreo, del pacto por debajo del mantel, del politiqueo sin escrúpulos. Creímos haberla derrotado y ahora nos la encontramos leyéndonos unas homilías terribles y redactando qué podemos y qué no podemos recordar, qué es historia y qué no lo es, qué es bueno y qué es malo. Sánchez ha hecho otro de sus magníficos trucos de prestidigitación. En una reciente encuesta realizada a jóvenes universitariosla mayoría decía no saber quién era Miguel Ángel, afirmaba haber oído hablar de ETA muy poco, sin saber mucho de qué iba la cosa. Y muchos de los ciegos que todavía apoyan al PSOE dirán que, hombre, menos mal que Sánchez los ha traído al redil. Sumen ese cúmulo de ignorancia a la nueva memoria histórica, añádanle la rebaja de edad a la hora de votar, contemplen la actitud de cargos como Batet y podrán hacerse una idea».

Por último, Giménez concluye: «No ganamos. Pero fue porque los socialistas nos engañaron con aquel “Nunca pactaré con Bildu”. Ellos son los culpables. Y ahí están, en pleno corazón de nuestra democracia, incrustados».

Convocatoria contra la llamada Ley de Memoria Democrática, ayer jueves 14.

La rebelión de la Vieja Guardia del PSOE

En El Correo, Juan Carlos Viloria da cuenta de la rebelión de exdirigentes socialistas (la Vieja Guardia o el «Antiguo Testamento«) contra la mal llamada «Ley de Memoria Democrática» pactada con Bildu. Un pacto bastardo por naturaleza —tanto por el con quién como por el qué— que «ha desatado todos los demonios en el interior del PSOE». No en vano pone en el disparadero al expresidente González, en virtud de una disposición adicional (la 16ª), impuesta por los (pro)etarras, que extiende el franquismo hasta diciembre de 1983, cuando el mítico dirigente socialista habitaba la Moncloa.

«Como miembros de la Asociación para la Defensa de los Valores de la Transición, [los profetas del Antiguo Testamento] han exigido a Pedro Sánchez que retire el proyecto de Ley de Memoria Democrática por crítico y tergiversador de la historia de la lucha por la democracia y la reconciliación a la salida del franquismo. Y no son cuatro disidentes afiliados de base o el habitual sector crítico, sino exministros como García Valverde y García Vargas. Pesos pesados del socialismo como Laborda, Rojo, Cosculluela, Paco Vázquez, Mohedano o Rodríguez de la Borbolla. En la firma del documento no aparecen Felipe González ni Alfonso Guerra, pero no es arriesgado afirmar que ellos y todo lo que representan de la España que superó las heridas de la Guerra Civil y el gran salto a la democracia y Europa rechazan de plano el nuevo relato que el nuevo PSOE ha acordado con Bildu», concreta Viloria, que a renglón seguido añade: «Desmontar, como han dicho los portavoces de Bildu, la ejemplar Transición con un nuevo relato que haga llegar el franquismo hasta 1983 no tiene otro objetivo para los herederos de ETA que justificar el terrorismo contra la democracia. ETA fue la mayor oposición a la llegada de la democracia, asesinando a políticos de UCD y utilizando la violencia para intentar desestabilizar una democracia que dejaba en evidencia los intentos de independencia del País Vasco. Si ahora se consigue dar por hecho en texto legal aprobado por las Cortes Generales que el franquismo llegó hasta 1983, el mundo de ETA podrá justificar la existencia de la banda y sus crímenes incluso después de tres Elecciones generales democráticas, del Pacto del Estatuto de Gernika, de la Amnistía a todos los presos políticos. Una especie de origen legítimo de la violencia política y de las siglas que más daño han hecho a la democracia».

«Tabernas oscuras»

En ABC, Juan Carlos GirautaA jugar«) resume la situación con una imagen bien gráfica: «Dicen que [Sánchez] pone a Euskadi en pie de igualdad con España. ¡No! La pone por encima, pues es en tabernas oscuras del País Vasco donde tipejos con sangre seca en las manos van a diseñar la historia común, la que luego se contará en los coles de Córdoba y de Soria. Si sus hijos van a la escuela pública o concertada, lector, ya están siendo adoctrinados. Pronto estarán tiernos como pulpo golpeado y aprenderán lo que diga Bildu. ¡Pero si la ETA ya no existe! —afean los altavoces de la izquierda a la oposición—. Su argumento es que empeñarse en hablar de la ETA no es propio de gente que mira al futuro».

«Chorradas y demagogia«, concluye Girauta. «¿Acaso juzgar cualquier delito no es mirar al pasado? O estudiar historia. Quizá por eso la han quitado del currículum como cronología y la van a servir en módulos ideológicos, con su capuchita, su hachita y su serpiente, cuando se trate de explicar la Transición. Mucho más razonable mirar hacia delante… y que no se te caigan Franco ni el franquismo de la boca. Porque este curioso progresismo —que más que pasar página quiere pasar libro— denuncia luego que la judicatura está llena de franquistas, y mucha mucha policía. Y la oposición».

Ataque a las libertades

El historiador Pío Moa tampoco se anda por las ramas: «Esa Ley ataca las libertades básicas de opinión, investigación, expresión, asociación y cátedra; y debe reconocerse como una gravísima amenaza a la convivencia en libertad de los españoles«. Y añade: «La versión de la historia que tratan de imponer es evidentemente falsa. Si no fuera falsa, dejaría el problema al debate intelectual democrático en la sociedad. Pero es indudable que esa versión no puede sostenerse en un debate libre […] y por lo tanto necesita respaldarse en una Ley tiránica y delictiva. Al prohibir, amenazando con gruesas multas, lo que llama «exaltación del franquismo», sigue los dictados de los sectores más peligrosos para la continuidad de España y de la democracia. Porque es verdad: quienes muestran tal odio liberticida —y además evidentemente enfermizo, porque el franquismo dejó de existir hace más de cuarenta años, oiga— son precisamente los asesinos de la ETA y sus simpatizantes». Y refiriéndose inequívocamente al presidente del Gobierno, remata: «Si este delincuente no termina en la cárcel, convertirá en cárcel a España».

La reacción de los diputados de Podemos, Bildu y ERC, que durante el debate de la Ley abandonaron el Hemiciclo al tomar la palabra el diputado de Vox Francisco José Contreras, catedrático de Derecho Constitucional y buen conocedor de nuestra historia reciente, negándole el derecho a réplica, parece dar la razón a Moa, al menos en cuanto a su denuncia de la amenaza contra la libertad de expresión y cátedra, y el hurto de todo debate libre. Que además se produzca en el Parlamento, templo de la palabra, dice todo sobre las intenciones que animan a los promotores de esta Ley revanchista. Lo mejor que se puede decir de ellos es que, como malos estudiantes, se ausentaron de una lección que necesitaban aprovechando que la asistencia no es obligatoria.

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