Cocinar: una apuesta por la interacción entre mayores

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Cocinar es una de las actividades principales de cualquier programa social que favorece el envejecimiento activo. ¿Quieren saber cuáles son sus beneficios?

Que los adultos de la tercera edad salgan de casa y realicen actividades que entretengan su mente y cuerpo es un importante plus a la estabilidad de su salud, tanto a nivel físico y psicológico como anímico y espiritual. El informe de la Fundación BBVA, ‘Calidad de vida y envejecimiento: la visión de los mayores sobre sus condiciones de vida’, así lo respalda. Al igual que respalda la teoría de que entre muchas de esas actividades beneficiosas está el cocinar. ¿Quieren saber por qué? Sigan leyendo.

Una apuesta a favor de las relaciones sociales entre los mayores

Muchos son los programas sociales de envejecimiento activo que hay activos hoy en día a nivel nacional y de comunidad. El informe antes mencionado señala, de hecho, que realizar esas actividades que exijan para su ejecución una participación física y/o cognitiva ayuda a mantener la estabilidad de la salud de los mayores, con especial afectación al colectivo de adultos de 85 años en adelante.

Tantos son los socorros de cocinar, que varias son las residencias y centros de mayores de España que ya han incorporado la actividad en su propuesta sociosanitaria.

¿Qué beneficios aporta a la salud el cocinar en grupo?

Toda actividad realizada en equipo fomenta la interacción social. El cocinar no es la excepción, y en el caso de los mayores se convierte en una propuesta para confiar en los demás. Un beneficio de lo que las residencias y centros de mayores son conscientes y, por ende, lo fomentan y sacan partido, incorporando a su lista de actividades el cocinar en grupo.

La cocina entretiene, absorbe y a algunos hasta les relaja. Es una actividad culinaria que se puede realizar con éxito tenga uno poca, mucha o nula habilidad. Al hacerse en equipo, tener mano o no en la cocina no es en absoluto trascendental, ya que uno aprende en la marcha, con la ayuda de otros, elaborando entre todos platos exquisitos, compartiendo los fallos y celebrando los aciertos.

Al cocinar en grupo, además, se habla con los compañeros, se conoce a la gente con la que se comparte un momento del día, se crean, en suma, lazos sociales que convierte al centro que lo imparte en un entorno de esparcimiento, recreo y distracción.

Cocinar, además, mejora las funciones cognitivas. ¿De qué modo? Empezando por la selección del plato que se quiere elaborar, y continuando después con la disección de su receta, enumeración y compra de sus ingredientes, calculación del tiempo de preparación, separación de los utensilios que se van a precisar, planificación de la función de cada miembro implicado y el cumplimiento de la tarea encomendada durante el proceso de realización del plato escogido.

Las personas mayores que asisten a los talleres para cocinar acaban participando e involucrándose en las pequeñas cosas de la cocina y, al hacerlo, desarrollan sus funciones cognitivas sin siquiera darse cuenta. De ahí que participar en una actividad tan cotidiana como es el cocinar sea también un plus a su bienestar cognitivo.

Porque ayuda a los mayores a concentrarse, a prestar atención, a organizarse y planificar sus siguientes movimientos, retener en la memoria información relevante para el buen hacer de las recetas. Una lluvia de habilidades cognitivas que, al hacerse en equipo, se desarrollan y potencian mejor.

¿Saben que cocinar también alimenta la autoestima?

Cocinar solos o en equipo… no importa. Que una receta guste y triunfe entre las personas que se animan a probarla es un chute de energía, ciertamente; un subidón de elogios que puede ser clave para fomentar sanamente la autoestima de los cocineros.

Todo taller de cocina, de hecho, tiene por norma premiar a los participantes al gong del fin de cada receta. ¿De qué modo? Dejando que compartan el plato elaborado con otras personas externas al equipo de preparación, una compartición que, tras sembrar esfuerzo, recoge juicios y halagos sobre la captación del resultado final.

Y si una receta no ha resultado ser lo que debe y no sale como uno quería… no importa. repetir la receta es una buena fórmula para aprender de los errores; de hecho, conseguir el objetivo en el segundo o tercer o enésimo intento hace que uno saboree mejor el éxito obtenido, logra que la motivación y el subidón de autoestima sea aún mayor.

Los beneficios físicos de cocinar

Cocinar también viene bien para la salud física. Es una actividad manual, después de todo, ya que precisa en todo momento de las manos. Un quehacer que requiere de manos que laven, corten, agreguen, remuevan… que se mueva por toda la cocina.

Los cursos de cocina que residencias y centros de mayores y otras instituciones ofrecen a las personas de edad avanzada están formulados y planificados a conciencia.

Orientados también para darle presteza a las manos, para evitar que las articulaciones se duerman en los laureles, para propiciar el agarre y agilidad de dichas extremidades… batallando así con uno de los grandes inconvenientes de la tercera edad: la rigidez y atrofiamiento de las articulaciones manuales.

Escribir la lista de la compra, preparar los ingredientes, manejar los utensilios, moldear una masa o remover una mezcla, limpiar platos y cubiertos y asear la propia cocina al finalizar… todo ello beneficia la articulación de las manos, constante y automáticamente.

Cocinar: una alternativa de lo más útil

Provechosa y lucrativa para el cuerpo y la mente y las emociones, cocinar es muy importante para la salud de los más mayores, en definitiva, un interés cuyos beneficios ya explicados señalan y justifican por sí solos todas sus ventajas.

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