Está de moda, es popular. El ayuno intermitente promete pérdida de calorías, garantiza una forma segura de adelgazar. ¿Pero es realmente así? ¿Cómo funciona?

Escribir ayuno intermitente en un buscador cualquiera de internet; es el atajo certero por encontrar un sinfín de resultados digitales que lo presentan como alternativa a la restricción calórica continuada.

Son páginas enteras de sitios webs que ponen la miel en los labios a aquellas personas que buscan métodos para adelgazar, aumentando sus expectativas sobre la potencialidad de esta dieta a la hora de perder peso y mejorar la salud cardiometabólica. ¿Pero es cierto que el ayuno intermitente sirve para decirle adiós a esos kilos de más? Descúbranlo abajo.

¿Qué es el ayuno intermitente?

Explicada brevemente y en pocas palabras, se trata de un tipo de abstinencia controlada y limitada en el tiempo. Es un concepto que choca de frente con el aún más clásico concepto de reducción calórica, reconocible por su cualidad para disminuir la cantidad de calorías totales ingeridas; una restricción que implique una ingestión calórica, pero siempre situándose por encima de 1.000 o 1.200 kcal al día.

El ayuno intermitente, en cambio, esquiva su versión extrema de no ingerir ningún tipo de alimento durante un mínimo de 12 horas, si bien este es un periodo muy variable que suele aumentar, según cada persona y los diversos conceptos específicos que cada uno abrace del ayuno intermitente.

Y es que esta técnica de abstinencia alterna el ayuno completo o parcial con una amplia gama de formas de alimentación y fórmulas nutricionales, si bien todos comparten el común denominador del permiso para tomar agua, infusiones y otros líquidos sin endulzar.

Esta abstinencia de alimentos permite modificar a mejor los hábitos nutricionales de una persona, al menos durante la fase de ingestión alimentaria, aunque también puede empujarle a ir a peor. Es una apuesta “dietética” en el que importa más el tiempo sin comer que uno aguante, a decir verdad, que los alimentos en sí que uno vaya a ingerir cuando llegue el momento de llevarse algo sólido al estómago.

¿Cuál es la evidencia científica del ayuno intermitente?

Pese a su popularidad, esta es una técnica de adelgazamiento que continúa a la espera de recibir confirmaciones definitivas de la ciencia, tal y como advierten desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU); una rama dietética que aún hoy sigue huérfana de trabajos que muestren sus beneficios en el metabolismo, y lo hagan además de una forma contante y sonante.

Mientras algunos estudios la presentan como una estrategia prometedora bien encaminada a la pérdida de peso, al menos a largo plazo, otros ensayos van más allá, llegando hasta el punto de dotarla de una gran capacidad para reducir enfermedades metabólicas; sí, esas patologías de la talla de la diabetes o de la obesidad.

Lo que es indiscutible, eso sí, es que los diferentes tipos de ayuno conducen a un cambio en el metabolismo, siempre en función de la frecuencia y duración con la que uno lo practique. ¿Pero es esto necesariamente bueno? Ni la ciencia tiene una respuesta concluyente, ciertamente, al menos no todavía.

En las líneas de la última revisión ‘Cochrane’, una biblioteca que colecciona de manera independiente las evidencias de mayor calidad científica del momento, a fin de fundamentar la toma de decisiones sanitarias, se matiza claramente que hoy en día no existe certeza sobre el ayuno intermitente y sus efectos en la mortalidad, como tampoco hay pruebas empíricas que verifiquen su predisposición a ahuyentar la insuficiencia cardíaca o el infarto de miocardio.

¿En otras palabras? Que sí, el ayuno intermitente resulta más eficaz para adelgazar que una alimentación sin restricciones; de hecho, podría ser tan eficaz como una continua restricción energética; pero el quid de todo ello está en el “podría”, precisamente, a falta de estudios científicos que avalen esta cualidad.

Hablamos, por tanto, de una dieta con muchos deberes científicos por delante, estudios bien diseñados y planteados a largo plazo que permitan conocer de una vez por todas qué tipo de ayuno específico se plantea, y en qué condiciones resulta más beneficioso practicarla.

Las cuestiones que el ayuno intermitente aún debe resolver y esclarecer, con la ciencia como aliada, va desde qué grupos de pacientes se beneficiarían mejor o no de su metodología, hasta los efectos que pueda dejar en el organismo, sobre todo a largo plazo; amén, cómo no, de su papel en la reparación a nivel celular y en la optimización funcional y metabólica, así como su contribución en la obtención de energía del organismo, sus reservas y su riesgo cardiovascular y metabólico.

¿Cómo afecta al rendimiento cognitivo? ¿En qué grado puede mejorar la salud metabólica? ¿Tiene efectos negativos y adversos a largo plazo? ¿Cómo actúa a la hora de perder peso? ¿Posee parámetros cardiovasculares a futuro? ¿En qué sentido exacto comulga con los ciclos circadianos que marcan el reloj biológico que modifica la flora intestinal y rige el metabolismo? ¿De qué manera influye o determina en el estrés nutricional provocado durante la fase de ayuno? ¿Cómo utiliza la grasa almacenada en el tejido adiposo? Etc, etc.

Todas estas cuestiones son aún incógnitas que el ayuno intermitente debe plantear, resolver y mostrar en diferentes investigaciones científicas, aclarando en el proceso los detalles y pormenores de sus efectos adelgazantes.

¿Cuánto se puede llegar a adelgazar con el ayuno intermitente?

Los pocos estudios que hay sobre el tema apuntan a que con esta técnica alimenticia se consigue una perceptible reducción del peso corporal. La cantidad varía según cada ensayo, eso sí, igual que el periodo en el que debe prolongarse la práctica. Se precisa no obstante de una pérdida media de peso de unos 7 kg, cantidad de suficiente magnitud para determinar beneficios clínicos, y que en porcentaje se traduciría en un 5 o un 10 por ciento, aproximadamente.

¿Y cuáles son los peligros de esta táctica dietética?

Al señalar antes que la abstinencia intermitente terapéutica esquiva las versiones más extremas del ayuno, nos referimos a que en su definición no invita a fomentar largos periodos de ayuno continuado, mantenidos entre 5 y 7 semanas.

Esto permite que aquellas personas que se dejan guiar por este mecanismo físicamente reductor no se expongan realmente a sufrir efectos adversos como la anemia o la inanición, la pérdida excesiva de peso o una diarrea crónica, delirios y otras situaciones críticas que consumen y desgastan músculos y órganos en la búsqueda del cuerpo por encontrar fuentes de energía, exponiéndose así a otra serie de reacciones adversas que pueden desembocar en la muerte.

El ayuno intermitente, en cambio, podría resultar contraproducente en cierta forma, tanto cuando se practica con demasiada frecuencia, por ejemplo, como cuando se prolonga su práctica durante muchos días seguidos, mismamente.

En tales casos se llega a sufrir debilidad, dolor de cabeza, aturdimiento, desmayos, sensación de frío, punzadas de hambre, cambios de humor… etc. Hay casos extremos en los que, de hecho, ha llegado a generar problemas en la conducta alimentaria.

Lo que debe quedar bien claro, eso sí, es que el ayuno intermitente no es sinónimo de dejar de comer durante unas horas. En este sentido, y para que el ayuno intermitente sea efectivo y no resienta ni la estabilidad ni el bienestar de la salud, es preciso actuar con responsabilidad; ¿en otras palabras? contar con la supervisión de un dietista nutricionista.

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