Saber limpiar los oídos correctamente sin dañar el canal auditivo es recomendable, no en vano la audición representa uno de los cinco sentidos más importantes.

Del mismo modo en que la salud bucal existe, y es bastante relevante, la salud auditiva debe preservarse, pues la pérdida o dificultad localizada en ese foco sensitivo conlleva una de las grandes discapacidades sensoriales. Por ello, seguir los consejos básicos que abajo les dejamos sobre cómo limpiar los oídos puede ayudarles a mantener sano el canal auditivo.

¿Hay alguna manera correcta y sana de mantener limpio el interior de los oídos?

Efectivamente, la hay. Desde que el mundo es mundo o, más exactamente, desde que el ser humano tomó conciencia de su presencia corporal y sensorial, muchas y variadas han sido sus inquietudes, manifestadas en forma de preguntas existenciales.

La salud auditiva ha formado parte siempre de este tipo de interrogantes reflexivos, a decir verdad, desde la búsqueda exhaustiva para hallar con el modo adecuado de limpiar los oídos, hasta dar con remedios efectivos que eliminen el cerumen acumulado.

Y aunque en todos estos siglos de vida humana la ciencia médica ha sufrido una evolución mayúscula, pareja únicamente a la experimentada por el hombre, la inquietud de cómo mantener los oídos limpios sin poner en riesgo la salud auditiva sigue encabezando la lista de preguntas frecuentes planteadas a los especialistas del oído.

Y es esto, precisamente, lo que les presentamos en este artículo: una serie de consejos y recomendaciones con las que prevenir malestares que emboten la salud auditiva.

¿Limpiar los oídos implica la desaparición de la cera?

Realmente no. De hecho, la sustancia del cerumen, también llamada cera de oído guarda bajo su cometido una función bastante esencial en la salud auditiva, aunque no lo parezca, y lo hace desde las glándulas donde se ubica, justo en el interior del propio oído.

Cabe aclarar, antes que nada, que no todas las personas producen la misma cantidad de cera. La media semanal oscila en torno a 2,8 miligramos; una cantidad de cerumen que, en cualquier caso, varía según las glándulas de cada persona, cambiando tanto en cantidad como en consistencia. En este sentido, los otorrinos coinciden en que mejor pecar de unas glándulas que produzca mucha cera que andar escaso con unas que generen poca, aun cuando ello acaree sufrir los incómodos tapones.

Tal vez se capte y entienda mejor esta preferencia al explicar que entre los principales quehaceres de la cera se encuentra el proteger al oído de la suciedad llegada del exterior; repeler el agua y, con ello, evitar que se formen infecciones por humedad en el interior del canal auditivo; mantener un pH ácido para el oído e impedir que las estrías de las paredes del canal auditivo se sequen y terminen agrietándose.

A todas estas ventajas de la cera de oído se suma además su función lubricante y protectora, un papel defensor que entra en acción y en modo bactericida cuando se halla frente a la H. Influenzae, el E. Coli, y otros patógenos habituales.

¿Qué prácticas se deben evitar para limpiar los oídos?

Primero, las velas para los oídos. No son seguras, contrariamente a lo que afirma la creencia popular, y carecen absolutamente de evidencia científica. Nos referimos por supuesto a la práctica de colocar frente al orificio del oído una vela hueca encendida.

No es verdad que el calor que se origina dentro de la vela hace que el cerumen resbale por el canal auditivo hasta salir expulsado por completo; eso es un mito, porque la cera que se ve corresponde en realidad a la de la propia vela, ya derretida, no a la del oído. De hecho, el uso de esta práctica es bastante nociva, porque puede provocar quemaduras en la oreja, en la cara y, encima, en el interior del propio oído.

Otro componente no muy a favor de limpiar los oídos son los espráis salinos. Aunque no son nocivos a priori con un oído sano, tampoco es que tienen un beneficio claro, precisamente. Señalar, como apunte en contra, que su uso tiende a incrementar la humedad dentro del oído, lo que a posteriori facilita la aparición de infecciones en la zona.

¿Por qué es contraproducente meter los bastoncillos en el oído?

¿Son realmente aconsejables los bastoncillos de algodón para limpiar el oído? Esta es una buena pregunta. A pesar de su popularidad, los bastoncillos de algodón no son buenos para la salud auditiva; basta leer el mensaje de advertencia impreso en su envase para darse cuenta de la inconveniencia de introducirlos en el oído. Toda una gran paradoja que muchas personas ignoran, al no molestarse en leer las instrucciones de su uso.

Porque se corre el riesgo de empujar el cerumen hacia dentro, convirtiéndolo en una masa compacta que se hace difícil expulsar; también uno se arriesga a algo peor, y es acabar perforándose el tímpano sin querer.

La incongruencia de la venta de los bastoncillos de algodón como accesorios fiables para el oído se agudiza al asomarse estos al canal auditivo, suponiendo una enorme amenaza para este sentido; pues no son pocos ni aislados los casos en los que el algodón que corona el extremo del bastoncillo ha ultimado por quedar atrapado cerca del tímpano, de modo que ha sido necesario acudir a Urgencias para que lo retiren lo antes posible, evitando con la extracción una infección o, peor aún, una pérdida de audición.

Volvamos pues al punto de partida: ¿cómo debemos limpiar los oídos?

La primera preocupación por resolver, en lo que a la salud auditiva se trata, es la limpieza en sí de las orejas. ¿Cómo? Lavando únicamente la parte externa, la concha visible, por decirlo de una forma, sin tocar para nada el canal auditivo.

Ahora bien; lo que sí se puede hacer, como mucho, es frotar con suavidad la zona que rodea al orificio del oído. ¿Con qué? Con la punta de una toalla fina. ¿Y para qué? A fin de ayudar a la zona a mantener así un aspecto higiénico; importante, eso sí, es mantenerla siempre por fuera y nunca introducirla en el canal.

Eso significa que no es necesario molestarse en retirar la zona del canal auditivo, ya que el oído cuenta con su propio sistema de autolimpieza, desde los numerosos movimientos de la mandíbula al hablar y al comer, hasta el movimiento migratorio de la piel del propio conducto auditivo.

Y es que ambos factores favorecen la expulsión al exterior del cerumen; de manera lenta y paulatina, sí, pero igualmente efectiva y natural. De ahí la importancia de ser conscientes del bien que supone para la salud auditiva mantener aseadas las orejas, porque la cera expulsada se retira al final con la limpieza rutinaria de dicha zona.

En los casos en que se genera mucho cerumen es mejor acudir a la consulta médica, en lugar de optar por remedios de segunda fila nada fiables. También es aconsejable pedir revisión especialista si alguien tiene un conducto auditivo más estrecho o angulado de lo normal, ya que en esos casos existe el peligro de que se le formen tapones de cera.

Una problemática que es aconsejable dejar en manos de enfermeros u otorrinos y otros especialistas sanitarios duchos en la materia, pues su profesionalidad los llevará a tratar el asunto con mirada crítica y sabida y valor experto.

Lo importante, resumiendo, es andar con precaución, ser conscientes de que intentarlo por cuenta propia es arriesgarse a perforarse uno el tímpano, o acabar con una colección de heridas e infecciones en el canal auditivo.

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