Alejandro García Guerrero, psicólogo, para Prensa Social.

Dícese que se dice, que la actividad física (AF) es buena para todo, pero, aun así, muchas personas no la realizan; siendo que siempre hay más excusas para no hacerla que hechos para realizarla.

Vamos a hablar de por qué el ejercicio es bueno para nuestra salud y cuáles son las diversas maneras para poder aumentar la motivación visto desde el punto de vista de la psicología.

Con respecto a la salud, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. (OMS, 2020a).

Uno de los factores en la mortalidad global es la inactividad física, catalogada como el cuarto factor principal relacionado con las enfermedades no comunicables y contribuye al 6% de las muertes a nivel global (Cheah, Chang, Helmy, & Wan Manan, 2019). La ausencia de AF se ha asociado con el desarrollo de hábitos de vida nocivos (tabaco, mala alimentación…), cuya consecuencia parece ser un aumento de los factores de riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y metabólicas, siendo estas las enfermedades crónicas más diagnosticadas en la población general de España según la Encuesta Nacional de Salud (ENSE) en su última actualización de 2017, con especial mención de hipertensión arterial, colesterol, obesidad y diabetes (Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, 2018).

Con respecto a la salud mental, en el caso de la depresión mayor (DM) con sintomatología moderada, la AF se ha recomendado como co-terapia, opción de intervención primaria y como monoterapia por la American Psychological Association (APA); en población general (sin patología grave diagnosticada), según la ENSE 2017, la sintomatología clínica más diagnosticada en España es la ansiosa y la depresiva, siendo que un 5.6% de la población adulta reconoce tomar antidepresivos o estimulantes y un 12.5% tranquilizantes o pastillas para dormir.

Tomando como referencia de efectividad la patología, se ha demostrado que 90 minutos de ejercicio entre moderado y vigoroso a la semana pueden reducir significativamente los síntomas psiquiátricos (Glowacki, Weatherson, & Faulkner, 2019); esto entronca con las recomendaciones de la OMS para personas entre 18 y 64 años, realizar AF moderada al menos entre 150 y 300 minutos a la semana, intensa al menos entre 75 y 150 o una combinación de ambas (OMS, 2020b), siendo que según la ENSE, en España no se cumplen estas directrices.

A la hora de adquirir un hábito, la persona debe entenderse y conocerse a sí misma para poder actuar. Un marco teórico muy utilizado es el modelo transteórico de cambio conductual (Prochaska, Redding y Evers, 2008 citado en Sanjuán & Rueda, 2014), este entiende la adopción de una conducta como un proceso en el que hay que determinar el punto del proceso donde se encuentra la persona, ya que cada estadio tiene unas características y precisa de una intervención específica, como ser puede ver en el cuadro.

Ahora toca saber, si sé que es bueno y la etapa en la que estoy, ¿por qué no lo hago?. Para esto se puede usar la entrevista motivacional (EM), es un “estilo de conversación colaborativo cuyo propósito es reforzar la motivación y el compromiso de la propia persona con el cambio” (Miller & Rollnick, 2015). Tiene como objetivo principal el superar la ambivalencia ante el cambio, consistiendo esta, en querer y no querer algo al mismo tiempo, o querer dos cosas incompatibles; la persona presenta un discurso de cambio con argumentos de la propia persona en favor del cambio (afirmaciones automotivacionales), y al mismo tiempo un discurso de mantenimiento con argumentos de la propia persona para no cambiar y mantener la situación actual. La EM se desarrolla en un proceso de cuatro fases (vincular, enfocar, evocar y planificar) para llegar a realizar el hábito.

Por último, con respecto a la motivación, el cumplimiento íntegro de las sesiones de ejercicio y el fomento de la adherencia; las actividades deben incluir aspectos sensoperceptivos que permitan vincular el movimiento con el placer, de esta manera, el gozar con el ejercicio puede ser lo más valioso para comprometerse con ello (Brener & Arias, 2017).

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