La accesibilidad empieza en uno mismo. ¿Cuáles son las competencias que puede desarrollar una persona con discapacidad para llegar a ser más independiente?

Cuando la accesibilidad es la principal psicóloga para afrontar el mundo

Aunque a veces realizar tareas domésticas, personales y socializar supone un desafío, todo ello acarrea competencias que resultan necesarias trabajarlas bien y a fondo, si cualquiera que tiene discapacidad pretende ganar en autonomía y llegar a ser más independiente.

Porque la independencia personal mejora la calidad de vida

Gozar de independencia y autonomía es una aptitud que, en ocasiones, puede resultar un desafío para las personas con discapacidad. Lo que siempre es, no obstante, es una necesidad para mejorar notablemente la calidad de vida, para darse satisfacción a uno mismo y para el crecimiento de la autoestima.

Ahora bien, para conseguir esto, conviene que las personas con algún tipo de discapacidad intelectual o física desarrollen competencias que les permitan no depender tanto de los demás en su día a día.

La propuesta cabal de una organización.

La Fundación Juan XXIII, que lleva más de 50 años trabajando en la inclusión social, ha saltado a la plaza de ruedos de la autonomía de quienes tienen dificultades para realizarlo, enfrentándose al toro que azuza los problemas e impedimentos, y ha propuesto potenciar el aprendizaje de las competencias fundamentales, ponerlas en práctica en una situación real y, así, con el ejemplo de vivir la experiencia en carne propia, ayudar a toda aquella persona que lo necesita a ser más independiente.

A este proyecto se le ha bautizado con el nombre de ‘VIVO’, y aunque apenas está empezando a despuntar en el horizonte de la discapacidad, la integración y la accesibilidad, ya ha generado unas expectativas muy altas. ¿Pero cuáles son, específicamente, las competencias que pretende desarrollar?

Competencias para el desarrollo de tareas personales

Lavarse los dientes, ducharse o vestirse pueden son acciones que se podrían hacer con los ojos cerrados, aun cuando la mayor parte de las veces se haga echando una ojeada automática. Son acciones fáciles para algunos, y la diferencia entre ser autónomas o no para otros.

Pensando en las personas con discapacidad que buscan fomentar su oportunidad de ser más independientes, la Fundación Juan XXIII plantea este tipo de acciones matutinas como una de las competencias básicas con las que iniciarse en la perseguida meta, esa que tiene como objetivo el trabajar por una autonomía mayor.

Bien es cierto que gracias a una serie de recursos y herramientas se va adquiriendo poco a poco destrezas para poder tener más autonomía personal; por no hablar de que se gana en confianza, que a su vez fortalece la capacidad para prevenir o esquivar ciertos peligros como caídas, cortes, accidentes, etc.

¿Cómo lograr todo ello? Echando mano en ocasiones de la ortopedia. No en vano existen trapecios para incorporarse de la cama con facilidad, sillas de ducha y WC para no tener que depender de nadie, incluso hay diversos modelos de calzadores en el mercado.

Competencias para el desarrollo de tareas domésticas

Existen otras competencias fundamentales para las personas con discapacidad que también les ayudarán a ser más independientes hasta el punto de cambiarles la vida, como son las destinadas a agudizar la autonomía en las tareas domésticas. Cocinar, limpiar la casa, sacar la basura, participar en la economía familiar… trabajando esto bien, se consiguen altos índices de satisfacción personal.

De ahí la importancia de concienciar a las familias de que su ayuda, por muy buena intención que le rodee al entregarla, no solo no es necesaria, a veces, sino que, además, proporcionada con tanta frecuencia, crea dependencia, sobreprotección, necesidad constante de ella y, más importante, arrebata la oportunidad de conseguir ser más independiente.

¿Qué hacer, entonces? ¿Cómo evitar caer en este error?

Mejor esperar a que pidan ayuda, ver si realmente la necesitan para realizar la actividad, que echar constantemente una mano. Porque a veces, la ayuda excesiva puede desembocar en un impedimento del desarrollo de este tipo de competencias, lo que a la larga se vuelve frustrante, generando una impotencia que trae malestar.

Por lo tanto, confianza; confianza en la persona con discapacidad; confianza en la posibilidad de que sí pueda desarrollar sus competencias, no importa el método ni el tiempo que le tome.

Competencias para el desarrollo de habilidades sociales

Según el Observatorio estatal de la Discapacidad (OED) tanto la soledad como el aislamiento no deseado, son invitados non gratos con los que las personas con discapacidad se ven obligados a convivir día sí y día también, sufriendo mucho por su presencia y por el regusto a impotencia que dejan.

A este respecto, es importante percatarse de que a veces se sufren porque las propias personas con discapacidad, precisamente, son las primeras en creer que tienen limitaciones por su discapacidad, sintiéndose mal consigo mismas, obviamente. Este punto de vista es importante tratarlo enseguida, sin demora, trabajando de forma constante su aspecto social. Luchando contra esa imagen que hunde y que impide ver las cosas que se pueden hacer aun con discapacidad.

Porque la sociedad vive de la sociedad

Después de todo, somos seres que respiran compañía, que requieren de un mínimo de interacción como los pulmones precisan de un mínimo de oxígeno para inhalar y exhalar, que necesitan mucho el socializar con los demás.

Por tanto, si las personas discapacitadas no cuentan con estos recursos, por pocas o cortas que sean sus dosis, perfectamente pueden terminar aislándose y cayendo en una depresión de la que, al final, cuesta mucho más salir.

Para evitar ese final tan depresivo, conviene desarrollar competencias relacionadas con el ámbito social. Así, estar en contacto con los amigos o conocer a nueva gente, practicar algún deporte que exija la compañía de otras personas con o sin discapacidad, continuar haciendo los entretenimientos de toda la vida, en caso de no haber nacido con la discapacidad ya impuesta… Para conseguir todo ello, por supuesto, se tiene que trabajar la autodeterminación, las habilidades comunicativas, afinar las aptitudes para desenvolverse adecuadamente en la comunidad social… por nombras unos cuantos.

Sin menospreciar la inclusión laboral, absolutamente importante para otras áreas de las personas con discapacidad, existen muchas cosas en la vida diaria que no es bueno descuidar ni dejar de lado. Y esas, precisamente, son las que el proyecto ‘VIVO’ pretende cambiar, afinar, agudizarlas hasta el punto de desarrollar competencias para que las personas con discapacidad, amén de llegar a ser más independientes, también sean más felices, autónomas y puedan disfrutar de una mejor calidad de vida.

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