Las contracturas y los puntos gatillo tienen ciertas similitudes, pero en este artículo vamos a enseñarle en qué se diferencian y cómo puede tratarlos desde casa.

Tras entrar a valorar qué son las contracturas, y abordar las diferentes posibilidades a adoptar para que no aparezcan ni en el hombro ni en la espalda, toca hablar de los puntos gatillo, esos dolores molestos que no son plato del gusto para nadie.

¿Qué son los puntos gatillo?

Tanto las malas posturas como las lesiones pueden acabar en nudos que causan dolor, contracturas que hasta la tensión acumulada pueden suscitar. Y es que el cuerpo tiende a reaccionar ante una situación estresante tensando los músculos, reduciendo con ello el flujo sanguíneo hacia esas zonas que se han puesto rígidas.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando dicha tensión se mantiene durante mucho tiempo? Que muy probablemente aparezcan los nódulos miofasciales, que son contracturas musculares de lo más molestas. Y he ahí cuando entran en acción los puntos gatillo.

Miofasciales e hipersensibles, se trata de puntos específicos del músculo, reconocibles al tacto por la forma de nódulo que adoptan. Y es que no son más que contracturas musculares hechos nudos, nudos que se forman por bandas musculares tensionadas, bandas que tras la estimulación que las ha vuelto rígidas no han recuperado su posición de relajación.

Así, los puntos gatillo provocan que el músculo en el que se encuentran esté permanentemente contraído, tan tenso que resulta rígido al tacto, disminuyendo la capacidad de movimiento de dicha zona del cuerpo.

Resumiendo, que mientras que las contracturas son puntuales —producidas por el sobreesfuerzo de un músculo debilitado, carente de la fuerza necesaria para realizar la actividad exigida—, los puntos gatillo se presentan como bandas tensas de fibras musculares.

Y si bien ambas molestias pueden deberse a un estiramiento brusco o a una postura forzada y repetitiva que estresa el músculo —igual que a la ansiedad del día a día—, las contracturas son pasajeras, pudiendo disiparse solas con un poco de descanso, al tanto que los puntos gatillo descargan un ramalazo de dolor al tocarlos directamente, y al intentar estirar o contraer el músculo en el que se localizan, exigiendo por tanto una intervención terapéutica, por ligera que sea, para tratarlos y acabar con su molestia.

¿Todos los músculos son susceptibles de provocar contracturas?

Ciertamente sí, aunque es más habitual que estos nódulos se formen en el cuello y en los hombros, en la espalda y en los glúteos, pasando incluso por las piernas; lo que desde luego puede llegar a resultar doloroso (aunque no siempre).

Solo cuando los puntos gatillo están activos llega el dolor; agudo, espontáneo, latente, expansivo; un padecimiento que a veces se extiende a otras zonas del cuerpo, provocando hormigueo o adormecimiento u otras desafortunadas sensaciones. ¿La suerte? Que en tales zonas no suelen ser dolorosos, salvo, claro está, que se toquen.

¡Aprenda a actuar ante el dolor muscular!

Nada como un buen descanso de dos o tres días para hacer desaparecer las contracturas; si además se aplica en la zona una esterilla o bolsa de agua caliente durante 20 minutos, mejor todavía.

Y es que el calor calma el dolor, reconforta la extremidad, y genera un aumento del flujo sanguíneo, por lo que se suele recomendar estirar en casa los diferentes grupos musculares, y realizar masajes suaves sobre la zona tensionada, valiéndose de la ayuda de una pelota, si fuera necesario.

Entre los ejercicios que los especialistas suelen prescribir para hacer en el domicilio para paliar los dolores de las contracturas destaca el de las cervicales, por ejemplo, consistente en tumbarse bocarriba, colocar una pelota de gomaespuma pequeña en el punto donde se localiza el dolor, y presionar así durante unos segundos.

El problema importante aparece cuando ese mismo músculo fatigado, más propenso a activar puntos gatillo adicionales, empieza a generar tantas brotes de dolor que son incapacitantes impidiendo realizar las actividades diarias. Es ahí cuando se recomienda acudir al médico o al fisioterapeuta ya que pueden ejercer técnicas más profesionales y aún más eficaces.

Tomarse alguno de los antiinflamatorios que hayan sido pautados previamente para relajar la musculatura, por un lado, y reducir la contracción, por otra, el paciente notará especialmente sus beneficios cuando el dolor sea muy acusado.

Pero repetimos, son medicamentos, después de todo y, como tales, deben tomarse bajo prescripción médica, siendo aconsejable acudir al reumatólogo si alguno de los puntos gatillo que se perciben acaban afectando severa y negativamente a los huesos, los músculos y/o las articulaciones, tal y como debe hacerse siempre cuando estas partes están de por medio.

Para prevenir los puntos gatillo es mejor evitar primero las contracturas, ya que esta última suele conducir a la primera, y así lo recalcan desde la Sociedad Española de Reumatología (SER). ¿De qué manera se pueden soslayar?

Siguiendo consejos como el evitar las posturas incorrectas, mantener una buena postura corporal durante el día, escuchar al propio cuerpo, mejorar la flexibilidad muscular con estiramientos diarios, ganar fuerza y resistencia, realizar ejercicios de relajación, y sortear la fatiga muscular a golpe de entrenamientos físicos adaptados a la condición de cada uno.

No en vano practicar ejercicio físico supone una de las mejores formas de prevenir y aliviar las tensiones musculares, puntos de gatillo incluido, ya que la musculatura se fortalece y oxigena, debiendo trabajarlo paulatinamente, eso sí, sin forzar la intensidad, y siguiendo programas preventivos que impidan su reaparición.

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