Covid-19: más de 6.500 mayores de 60 años han muerto en la séptima ola, según Sanidad

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El certificado Covid, diferente utilidad en cada CCAA
© Europa Press. Archivo

Considerada por unos como la octava ola y por otros como la séptima, todavía, el brote de contagios por Covid-19 sigue descargando muerte entre la gente mayor.

Con el Informe ejecutivo de vacunación Covid-19 en la mano, documento que cada viernes actualiza y publica el Ministerio de Sanidad, se puede ver que en el país ya reside un 93,1 por ciento de su población mayor de 12 años con una dosis contra el Covid-19, como mínimo, mientras que el 92,8 tiene puesta la pauta completa y el 54,4 por ciento se ha animado a inyectarse el tercer pinchazo, es decir, la primera dosis de refuerzo; registros que se retrotraen desde que la vacunación empezara el 27 de diciembre de 2020.

Un goteo de fallecidos que no cesa

Fue el pasado 28 de abril cuando el Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) empezó a recomendar la implementación de un cuarto pinchazo o segunda dosis de refuerzo del suero contra el covid-19; un consejo, en forma de comunicado, que selló junto a la Agencia Europea de Medicamentos, y transmitiendo en dicho informe la importancia de administrar un cuarto pinchazo para evitar un sustancial número de afectados por Coronavirus para este otoño.

Se trata de una dosis extra prevista a administrarse también entre las personas mayores de 60 años, al contarse entre los perfiles de los grupos vulnerables. Un guante de recomendación que países como Alemania, Francia o Portugal, por ejemplo, no vacilaron en recoger y aplicar, mientras que España asistió a la reiteración de la recomendación de ambos organismos de la UE para decidirse a dar el paso y afirmar inyectar la dosis de refuerzo entre su población vulnerable. ¿La instigación final? La ola de contagios dejada por las subvariantes de ómicron BA. 4 y BA. 5, esencialmente.

No obstante, y pese al fuerte descenso de las hospitalizaciones por covid-19, España contabiliza en el cierre de la actual ola vigente con más de 6.500 fallecidos entre los mayores de 60 años. Y mientras 16 países de la Unión Europea han optado por empezar a recomendar la cuarta dosis de la vacuna contra el covid-19 a su población mayor de 60, el Ministerio de Sanidad español insiste en esperar a la llegada del otoño para dar el pistoletazo de salida a la que sería la segunda dosis de refuerzo.

Una espera que para algunos supone un retraso por parte de la Administración, y que a sus ojos explica el incremento de registros de casos fallecidos por covid-19 que el país ha estado viviendo desde junio, 2,27 por 100.000 habitantes entre los mayores de 60, que en ese entonces aún continuaban recibiendo la tercera dosis.

Una vulnerabilidad que aumenta cuanto más asciende la edad

Para Amós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología, el motivo por el que Salud Pública sigue posponiendo la segunda dosis de refuerzo hasta otoño es más bien un enfoque previsor.

«En primer lugar, es previsible que en septiembre-octubre lleguen las vacunas que logran una protección adecuada frente a las nuevas variantes de ómicron, lo que genera un plus para la defensa de nuestros casos vulnerables», atestiguó. «En segundo lugar, también entendemos que el mayor impacto de la enfermedad será en invierno, y la última vacunación es demasiado reciente».

Según los últimos datos reflejados por el Ministerio que dirige Carolina Darias, se han registrado un total de 6.597 muertes por Covid-19 en mayores de 60 años, desde el uno de abril hasta el 25 de julio, periodo en el que las subvariantes de ómicron BA.4 y BA.5 comenzaron a tomar más protagonismo. Un factor que se une a la diferencia de vacunas recibidas según cada CCAA y cada grupo de edad.

Un contraste que probablemente responde a «la fatiga pandémica», en opinión de García Rojas, reflejando así cómo «muchas personas jóvenes y adultas se infectaron durante la última ola. Eso, junto con un cuadro clínico generalmente no muy grave, puede llevarlas a rechazar la vacuna. Pueden tener también la falsa sensación de que, con las dos primeras dosis y la enfermedad, pueden estar protegidos».

Entre tanto, los centros sanitarios llevan ingresados desde el viernes 5 1.139 pacientes menos que el martes 2 de agosto, con un ritmo de contagios que en el plazo de esos mismos tres días ha caído un 17 por ciento.

Una incidencia de contagios que, sin embargo, se ha mostrado bastante generalizada en los últimos 14 días por cada 100.000 habitantes, con un retroceso del 16 y 18 por ciento entre los de más de 70 años y los de 60 a 70, respectivamente.

Y si bien será un descenso continuo y reiterado durante los próximos siete días, según lo anticipado en la tasa que mide la velocidad de propagación de las infecciones, augurando que en una semana esa misma tasa estará por debajo de 318, el problema de la vacunación continúa y continuará, incluso en esos mismos periodos.

Para García, empero, lo más importante «es que precisamente esta segunda dosis se va a dar a colectivos que tienen muy adherida la vacunación», contrastando de lleno con la fatiga pandémica, que más se da en los menores de 40. ¿Traducción? «No creo que vaya a producirse ningún tipo de rechazo en las personas sensibles a recibirla».

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