La anosmia, o pérdida de olfato, es uno de esos síntomas duraderos del Covid persistente, esa afección que convierte a las secuelas del Coronavirus en algo crónico.

¿Sabía que las personas que sufren una pérdida del olfato debido al covid persistente muestran diferentes patrones de actividad en determinadas regiones de su cerebro? O eso sugiere una nueva investigación observacional publicada recientemente en eClinicalMedicine‘, bajo cuya dirección han estado a cargo investigadores pertenecientes al University College de Londres (UCL), centro ubicado en Reino Unido.

La anosmia sigue estrechando lazos con la covid persistente

Después de ver qué es la anosmia, y de comprobar que la covid-19 empuja a una distorsión y alucinación sensorial que ya aqueja a más del 25 por ciento de los pacientes y va en aumento, por no hablar de que esta pérdida olfativa tiene cosas en común con la pérdida de memoria o del gusto, por cierto, la ciencia ha seguido indagando sobre estas conexiones sensoriales, solo que a un nivel neuronal y cerebral.

De hecho y a juzgar por lo que revela el trabajo, los pacientes de Long covid que presentan una pérdida prolongada del olfato muestran una actividad cerebral reducida; es más, hasta dan pruebas de sufrir una comunicación alterada entre dos partes de su cerebro. Hablamos del córtex prefrontal y del córtex orbitofrontal, para ser exactos, ambas vinculadas al importante procesamiento de la información olfativa. Una conexión que, por cierto, no aparece alterada en aquellas personas que recuperaron el sentido del olfato tras superar la infección por SARS-CoV-2, dicho sea de paso.

Cabe explicar, en este punto, que, durante la investigación, el equipo de científicos involucrado optó por anotar la actividad cerebral de los pacientes participantes con covid persistente que perdían el sentido del olfato y compararla con aquellas personas cuyo olfato había vuelto a la normalidad tras la infección, valiéndose para ello de una resonancia magnética, y haciendo otro tanto con otro grupo de participantes que nunca habían dado positivo en la prueba del virus corona.

Se trata, por tanto, de unos hallazgos observacionales que sugieren que la anosmia o pérdida de olfato originada por el coronavirus de larga duración guarda relación con un cambio en el cerebro; una alteración que, en concreto, impide que los olores se procesen adecuadamente. Este efecto es clínicamente reversible, o así ha quedado demostrado en algunos sujetos, según los investigadores, por lo que dicha reposición plantea la opción de entrenar al cerebro, al menos de cara a que recupere el sentido del olfato en personas que sufren los efectos secundarios de la covid persistente.

«El olfato es algo que damos por sentado, pero nos guía de muchas maneras y está estrechamente relacionado con nuestro bienestar general», en palabras de Jed Wingrove, doctor y autor principal del ensayo. «Nuestro estudio garantiza que, en la mayoría de las personas que recuperan el sentido del olfato, no se producen cambios permanentes en la actividad cerebral», atestiguó después.

Una postura con la que también se ha mostrado de acuerdo Claudia Wheeler-Kingshott, profesora y coautora principal, al afirmar que estos hallazgos «ponen de relieve el impacto que la covid-19 está teniendo en la función cerebral»; es más, hasta plantean la posibilidad de que «el entrenamiento olfativo podría ayudar al cerebro a recuperar las vías perdidas, y ayudar a las personas con covid-19 prolongado a recuperar su sentido del olfato».

Porque la covid persistente también se deja rastrear a nivel cerebral

En este sentido, y según el parecer de los investigadores, estos hallazgos también vienen a respaldar la idea de que los cerebros de las personas con anosmia podrían estar compensando el sentido del olfato, una vez sufrida la pérdida prolongada, por supuesto, potenciando en el proceso las conexiones con otras regiones sensoriales.

Y es que los cerebros que analizaron, al menos los correspondientes a los pacientes con Covid persistente y anosmia, presentaban una mayor actividad entre las partes del cerebro y el córtex visual, precisamente las áreas que procesan la vista.

«Este es el primer estudio que se conoce en el que se analiza cómo cambia la actividad cerebral en personas con pérdida de olfato prolongada», presentó y resumió y concluyó por su parte Rachel Batterham, profesora y otra de las coautoras principales del ensayo.

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