La covid persistente deja su rastro infeccioso en el tracto digestivo

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La investigación sobre la Long Covid o covid persistente continúa descubriéndose recientemente en el tracto digestivo las primeras respuestas a la enfermedad.

Muchas son las investigaciones pasadas y presentes que tienen a la covid persistente por foco de estudio y examen. Todas, no obstante, persiguen el mismo fin: conocer la enfermedad en profundidad y destripar sus misterios, a fin de generar con lo hallado contraataques científicos, farmacológicos y sanitarios que frenen la enfermedad o, como mínimo, lo controlen.

Después de todo, estamos hablando de una enfermedad cuyas consecuencias de su sintomatología resulta incapacitante las más de las veces, dificultando o impidiendo la realización de las tareas cotidianas; un estorbo que explica el porqué de las numerosas reclamaciones de las personas con covid persistente, demandando más investigación, estudios que ayuden a hallar respuestas y tratamientos de dicha patología tenaz.

El virus de la Covid persistente deja restos en el intestino delgado de pacientes con PCR negativa

¿Sabía que persisten restos del virus SARS-CoV-2 en diferentes puntos del intestino delgado, incluso tres meses después de detectarse la infección? Sí, en ese momento en que los pacientes están asintomáticos y llegan incluso a dar negativo en las pruebas de PCR.

Tal es la lectura final que concluyó el estudio llevado a cabo en 2020 sobre la población de Nueva York, Estados Unidos, tras examinar a pacientes que han llegado a padecer de Covid-19, suponiendo así el primer paso hallado que responde con información detallada a la Covid persistente, enfermedad localizada en personas que continúan teniendo numerosos síntomas del coronavirus incluso seis meses después de la infección inicial.

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Al respecto, la doctora Pilar Rodríguez Ledo, actual vicepresidenta de la Sociedad española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), declaró ante el medio iSanidad que tal investigación estadounidense «es un punto de partida muy interesante». De sus palabras se destila que «la capacidad del virus de quedar escondido en otros tejidos «es algo que todos sospechamos, aunque quizá la primera prueba contundente que aparece es este estudio».

Una señalización que hizo en calidad de máxima responsable de una investigación nacional acerca de los pacientes con la covid persistente, una enfermedad que, por otra parte, afecta mayoritariamente a mujeres jóvenes, en su opinión.

Su investigación, realizada mediante encuesta a 2.120 pacientes que en la primera ola de la pandemia tuvieron Covid-19 mostró, de hecho, que el 85 por ciento de esas personas presentaban una gran variedad de síntomas que se extendían en seis meses después de la infección, generando una lista de hasta 200 signos de coronavirus, donde el 79 por ciento eran mujeres cuya edad media oscilaba en torno a los 43 años.

La covid persistente ha pasado desapercibida, camuflada bajo un diagnóstico de reinfección

Desde su papel como codirector de una de las vacunas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el doctor Luis Enjuanes, por su parte, apuntó que los restos del virus acantonados, es decir, establecidos, bien pueden representar la razón escondida tras algunos casos de la covid persistente que, por falta de conocimiento, han ultimado catalogándose como reinfecciones.

La investigación sobre la Covid persistente arrojó nuevas luces de conocimiento en los grados adquiridos de inmunidad.

El trabajo realizado en un muestreo sobre la población contagiada del virus en Nueva York, se concentró en examinar y analizar la evolución de la inmunidad de los anticuerpos específicos del virus que genera la infección del coronavirus. Para ello se valió de un minucioso estudio a 87 pacientes, todos evaluados en diferentes momentos, habiendo entre los participantes un último voluntario que contaba con seis meses de post infección a la espalda.

Entrando en detalles de la investigación, los científicos involucrados en el trabajo pudieron comprobar el modo y ritmo específico de evolución de las células B, la traza de estela que produjeron a lo largo de los meses transcurridos desde la primera infección.

¿Qué descubrieron con esta técnica de observación? La insistente supervivencia y mantenimiento en el tiempo por parte de los anticuerpos IgA, especialmente frente a la espícula del virus, los llamados RBD.

Y es que 38 de los 87 pacientes afirmaron que continuaban padeciendo ese compendio de síntomas atribuibles al coronavirus y, no obstante, todos dieron negativo al hacerles las pruebas PCR de saliva del virus, un método oral aprobado en Estados Unidos.

De igual forma, los investigadores hallaron restos del virus en la mitad de los pacientes voluntarios que aceptaron pasar por el aro de biopsias para el tracto digestivo. Más concretamente, 14 participantes se sometieron a biopsias del tracto gastrointestinal superior e inferior. ¿Cuándo? Unos tres o cuatro meses después del inicio de la infección, aproximadamente, exponiéndose así a su análisis.

Como resultado, las muestras revelaron que los restos del virus localizados en siete de los voluntarios daban negativo, aun cuando sus PCR hechas con muestras nasofaríngeas se realizaron al unísono con las biopsias; llegando así a hallarse viriones del SARS-CoV-2, amén de proteína ACE2 y N en ciertas zonas como el íleon, el duodeno y los enterocitos intestinales.

Un compendio de datos que, resumiendo, llevó a los investigadores a concluir que la evolución detectada en las células B tras la infección significa la respuesta a la constante permanencia del antígeno, generando así la aparición de la enfermedad de la Covid persistente.

¿Qué supuso este estudio para los conocimientos recopilados de la covid persistente?

Por un lado, que el virus «puede permanecer acantonado en el tubo digestivo», tal y como explicó la Dra. Rodríguez Ledo, agregando a su vez que también «puede estar presente en algún otro tejido».

Con todo, existe asimismo la posibilidad de que dicha infección deje de «ser detectado con las pruebas habituales, como la PCR con muestra orofaríngea», siendo esta idea la primera de las hipótesis que la doctora llevaba tiempo barajando e investigando.

A juicio de lo afirmado por la presidenta del SEMG, el SARS-CoV-2 es un virus «con un tropismo muy importante, sobre mucosas, tanto oral como del resto digestivo, y también sabemos que tiene una afinidad especial por el sistema neurológico», pudiendo sus restos permanecer incluso «acantonado en el tubo digestivo y en algún otro tejido».

¿Eso supone que con la covid persistente el virus reside en estado infeccioso?

En opinión de Rodríguez Ledo, la evolución de las células B memoria de la que hablan los investigadores del trabajo sobre la Covid persistente ya mencionado, valga la redundancia, la persistencia de los anticuerpos IgA frente al SARS-CoV-2 responden en gran parte a esos fragmentos del virus acantonado en tejidos.

Así, aunque tales restos no son capaces de mantenerse infectivos, su fuerza sí es suficiente para que la inmunidad celular y humoral de la enfermedad del Long Covid «produzca una serie de marcadores de inflamación crónica; alteraciones inmunológicas responsables de esa diversidad de síntomas».

De todo ello se deduce, por tanto, que «esto no quiere decir que el virus persista de forma infectante, como cuando estaba en la mucosa orofaríngea y causaba el cuadro agudo», aclaró al respecto la doctora Pilar Rodríguez Ledo.

«Pueden persistir fragmentos del virus que sean suficientes para desencadenar una cascada inflamatoria crónica de alteraciones inmunológicas que tome por sí misma suficiente entidad como para seguir produciendo los síntomas de una forma multiorgánica», matizó, planteando la posibilidad como una segunda hipótesis de trabajo.

Porque no es pereza lo que convalece a un paciente con Covid persistente, sino una auténtica enfermedad.

«De un modo otro tiene que haber explicación para que, básicamente, mujeres sanas tengan una persistencia de síntomas que no tienen otro tipo de pacientes», defendió Rodríguez Ledo. «Esa explicación puede ser por alteraciones inmunológicas más propias de las mujeres, como por alteraciones hormonales. Todavía hay muchas personas que piensan que los síntomas que tienen se explican única y exclusivamente por el estado de ansiedad. No se trata de eso», rechazó. «Tenemos que ser sinceros y honestos con la ciencia y con nosotros mismos, y reconocer que no sabemos de esta enfermedad», apostilló, por último.

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2 COMENTARIOS

  1. Buenas tardes, me dirijo a ustedes para comentar mi caso y pedirles ayuda,. En noviembre de 2020 pasé el covid grave, entubada 16 días y luego en planta, desde entonces no estoy bien, tengo mucha fatiga, al hacer la cama me fatigo, y un dolor de cabe y oídos horribles, por tres veces me he desorientado y me he perdido pir la calle aún conociendo el camino, si pudieran ayudarme, estoy muy preocupada

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