Conocer las enfermedades más comunes que más asolan la etapa final de la vida es importante, prioritario, casi. Interesados en saber cuáles son? Seguid leyendo…

Conociendo alguna de esas enfermedades más comunes que aparecen en la tercera edad

Contraer una enfermedad es una espada que siempre pende sobre cualquier persona, invisible, silenciosa, no importa ni su edad ni su procedencia. Forma parte del día a día de la vida, desde una simple gripe hasta alguna otra enfermedad más difícil de tratar. Conforme nos hacemos mayores, sin embargo, aumenta la probabilidad y el riesgo de desarrollar alguna que otra patología. ¿Queréis saber cuáles son las enfermedades más frecuentes de la vejez? Seguid leyendo.

España: Una población envejecida

Si algo caracteriza a la población de España es que tiene una de las más altas tasas de personas mayores de 65 años de la Unión Europea, superando los 6 millones. ¿Cómo es posible? Tal vez porque cada vez son más las personas que nacen y viven, y más las personas longevas que viven durante más tiempo; aunque ello también significa que estamos expuestos a un mayor número de enfermedades que se agravan con la edad, desde la demencia o el Parkinson, pasando por el Alzheimer o la artrosis. Veamos unas cuantas de ellas.

La artrosis, esa patología que atrofia las extremidades

Según la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF) en el 2018, aproximadamente la mitad de las personas de más de 65 años en España tienen algún tipo de artrosis diagnosticada. Ello explica el por qué se considera la artrosis como una de las enfermedades más comunes y principales de ver en las personas mayores.

Afecta especialmente a las mujeres, debido a la aparición de la menopausia y a la pérdida de normalidad de los niveles de estrógenos que traen consigo, algo negativo que tiene consecuencias directas al cartílago.

La artrosis es degenerativa, igual que las enfermedades más comunes anteriormente citadas, aunque a diferencia de la demencia y el Alzheimer y el Parkinson, ésta se centra en las articulaciones de las personas mayores, degenerando el tejido cartilaginoso y el tejido óseo. Tan malos son sus efectos que hasta puede causar discapacidad en las personas mayores que lo padecen, empujándolas, a veces, a acabar encamadas durante un largo periodo de tiempo.

No existe cura ante la artrosis, si bien sí es posible actuar sobre sus síntomas para aliviarlos y retrasar la degeneración. Son medidas que ayudan a evitar o a paliar los dolores característicos de esta enfermedad, como la rigidez, ayudándoles a preservar toda la funcionalidad posible.

El Alzheimer, el enemigo de los recuerdos

La degenerativa enfermedad del Alzheimer es otra de las enfermedades más comunes de la vejez, estrechamente relacionada con muchos de los casos de demencia senil que se diagnostican en las personas mayores. Una de las causas más frecuentes de muerte, según la Organización Mundial de la Salud, y la tragedia más grande del siglo, para científicos como el doctor Nibaldo Inestrosa, adscrito a la Pontificia Universidad Católica de Chile, y miembro activo de la Sociedad de Biología de Chile.

«Hay un área en el cerebro denominada Hipocampo», explica; «ésta se relaciona con la Corteza Entorrinal y la Neocorteza», detalla, señalando al Hipocampo como la zona donde están almacenados todos esos recuerdos que se activan frente a estímulos que se presenten en la vida cotidiana. «Durante el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, las conexiones del Hipocampo comienzan a desconectarse y los pacientes van perdiendo los recuerdos».

De este modo, sabemos que el Alzheimer corrompe las células cerebrales hasta provocar graves daños cognitivos a quien lo padece, y a lo largo de su evolución, la enfermedad lleva consigo la pérdida progresiva de memoria y de la mayoría de las habilidades sociales.

Debido a su carácter neurodegenerativo, el Alzheimer tiende a avanzar de manera progresiva. La memoria, la comunicación y las decisiones cotidianas forman parte de los muchos problemas que llega a desarrollar una persona que padece esta patología para enfrentarse a su día a día, problemas que ganan en complejidad y gravedad conforme evoluciona la enfermedad.

Si bien el Alzheimer suele afectar principalmente a las personas mayores de 60 años, coleccionando cada vez un mayor número de pacientes, existen igualmente casos de diagnósticos de personas menores de 60 años. Sea como sea, es una enfermedad que se va haciendo a medida que la vejez se asienta, y que no debe confundirse con casos puntuales de pérdida de memoria.

No existe en la actualidad ningún tratamiento farmacológico con el que combatir al Alzheimer; entre los tratamientos más frecuentes de esta enfermedad, eso sí, destacan la estimulación cognitiva, la musicoterapia y todos aquellos remedios que ayuden a frenar o retrasar los síntomas nocivos de la demencia típica de esta patología, algo que, dentro de lo malo, supone una ventaja ya que minimiza el riesgo de los pacientes.

«Hay que mantener a la persona que tiene Alzheimer activa y en conexión continua con la sociedad y su núcleo más cercano», aconseja el neurólogo. «No es positivo aislar a los pacientes, ya que la integración es clave para el reconocimiento del entorno; mantenerlos fuera de él estimularía la desvinculación progresiva», instruye.

A ello se suma el consejo de continuar estimulándoles, invitarles a realizar actividades que les hagan felices y alimenten su espíritu. «Que escuchen música si eso les produce alegría; o acompañarlos a caminar si les gusta (las caminatas estimulan la Neurogénesis por medio del ejercicio)».

La demencia senil: una prioridad de salud pública

Según la OMS, la demencia es una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores en el mundo entero. Aunque no es una consecuencia del envejecimiento, cada año logra aumentar su número de pacientes. Se trata de un tipo de enfermedad neurodegenerativa que afecta directamente a las funciones intelectuales de las personas mayores, provocando que la cognición deje de trabajar de manera regular. Para el doctor Nibaldo Inestrosa, tanto la demencia senil como la pre-senil son «un tipo de Alzheimer».

Padecer esta enfermedad implica sobrellevar un deterioro que corroe el intelecto, el comportamiento, la memoria y la capacidad para realizar actividades cotidianas.

De ahí que la demencia senil resulte nociva para los mayores, ya que causa estragos en su vida diaria, debido al modo en que sus síntomas les afectan; de este modo, con la desorientación, la confusión y la pérdida de memoria todo se vuelve patas arriba. «Normalmente pasado los 65 años las personas comienzan a perder agua. El cerebro también pierde agua, factor que genera un 10% de pérdida de volumen cerebral», señala Inestrosa.

La demencia senil es una de las enfermedades más comunes en la vejez, al ser de las que más se diagnostican a partir de los 65 años. Se dice, de hecho, que a partir de los 90 los casos aumentan hasta más del 50%. «Al existir menor volumen y nivel de Neurogénesis, hay una baja considerable en el total de neuronas», expone el doctor, refiriéndose al nivel de pérdida neuronal que se produce con esta enfermedad.

«Con estos antecedentes, la pérdida de volumen total en una persona con Alzheimer es del orden del 25%, en comparación a un cerebro normal, cuya pérdida de volumen oscila entre el 7 y el 10 %».

Por su carácter degenerativo, la demencia senil, que incluimos entre los puestos principales en la lista de las enfermedades más comunes de la vejez, es irreversible. Y es que los cuidados se vuelven más exigentes conforme la enfermedad evoluciona, hasta el punto de tornarse tan necesarios para su estabilidad como el beber y el comer lo es para su subsistencia.

Parkinson: la enfermedad de los temblores

Si bien esta es una enfermedad cuyo grupo de aflicción suelen ser las personas de la tercera edad, lo cierto es que el Parkinson también puede afectar a personas más jóvenes, por poca extendida que esté esa enfermedad en dicho colectivo, por lo que no es del todo justo asociarla con la vejez.

Tan neurodegenerativa como la demencia y el Alzheimer, mencionar el Parkinson es mencionar la muerte de las células cerebrales. La enfermedad se caracteriza por la falta absoluta de producción de un neurotransmisor llamado dopamina, el mismo que se encarga de regular la actividad motora. Como consecuencia de esta nula producción, aparecen síntomas propios del Parkinson, tales como la rigidez del cuerpo, los temblores en las extremidades, la descoordinación, la inestabilidad al caminar y otro largo etcétera. Pero hay otros síntomas, según cuenta el doctor Francisco Grandas, antiguo director de la Unidad de Parkinson y Trastornos del Movimiento del Hospital Beata María Ana de Madrid:

«Además de los síntomas motores de la enfermedad que se mencionaron anteriormente, pueden aparecer otros síntomas como depresión, ansiedad, estreñimiento, dolor, trastornos del sueño, etcétera. Algunos de estos síntomas mejoran con el mismo tratamiento de los síntomas motores, pero otros precisan tratamientos específicos».

Lo que está claro, es que cuando esta enfermedad afecta a una persona mayor supone la pérdida final de sus facultades. De ahí la importancia de recibir unos cuidados especiales; porque deben vigilarse muy concienzudamente la movilidad, el control de la medicación e incluso la alimentación que reciben.

El Parkinson sí tiene tratamiento farmacológico (y no farmacológico). Se les trata con medicamentos que incrementen y favorezcan la producción de dopamina en el cerebro, lo que les ayuda a regularizar sus niveles. En cuanto a los tratamientos alejados de la medicación, abarcan aquellos que buscan actuar sobre los síntomas de una manera menos invasiva, poniendo especial atención en su actividad física.

La ateroesclerosis: arterias poco sanas

La ateroesclerosis es, según la página especializada de medicina de Mayo Clinic, «la acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias dentro de las arterias y sobre sus paredes». Se trata, por tanto, de una enfermedad que afecta directamente a las arterias de las personas mayores. ¿Dónde reside su problema?

Para captar el peligro de la ateroesclerosis hay que entender que las arterias son las encargadas de hacer llegar el oxígeno al corazón, enviándolo igualmente a todas las partes del cuerpo. La ateroesclerosis se produce, por tanto, cuando las paredes interiores de estas arterias transportadoras se obstruyen, a causa de la acumulación de grasas o colesterol u otras diversas sustancias. Una obstrucción que roba la elasticidad a las arterias y las vuelve rígidas.

«Esta acumulación se llama placa», matizan desde Mayo Clinic. «La placa puede provocar el estrechamiento de las arterias, obstruyendo el flujo sanguíneo. La placa también puede reventar, formando un coágulo de sangre».

El hecho de que la vejez tienda a provocar rigidez en los vasos sanguíneos convierte, y con razón, a la ateroesclerosis en una de las enfermedades más comunes en las personas mayores. Con la enfermedad, llega también la probabilidad, aumentada, de que se produzcan coágulos, y de que exista bloqueo del flujo de sangre en el sistema circulatorio. Entre sus consecuencias cabe señalar las dificultades respiratorias que provoca, así como un dolor en la caja torácica.

No obstante, y para ser justos, la vejez no es el único factor que propensa la aparición de esta enfermedad; otros factores de riesgo son el hábito de consumir tabaco, presentar altos niveles de colesterol y/o de grasa, tener hipertensión arterial, tener obesidad y/o sedentarismo.

Cada una de estas enfermedades arriba mencionadas, suponen un mundo de inestabilidad sanitaria; una vejez marcada por el dolor. Por tanto, aprender sobre ellas es prepararse para esa lotería que toque (o puede que no) en una etapa en el que todos, tarde o temprano, llegaremos al final de la vida.

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