¿Cuáles son los mejores tratamientos para combatir la infertilidad?

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¿Sabe qué es la salud sexual y reproductiva? ¿Conoce los tratamientos que mejor combaten la infertilidad? Aquí se los contamos.

Son muchas las personas que necesitan ayuda para lograr exitosamente un embarazo. Nada como el Día Mundial de la Fertilidad, hoy 4 de junio, para hablar de la lucha contra la infertilidad y los tratamientos fértiles existentes que pueden aumentar las posibilidades de acabar teniendo un bebé.

¿Para qué sirven realmente los tratamientos fértiles?

El avance de la tecnología ha permitido que muchos sueños se cumplan, más cuando encima permite ayudar a las personas y resolver, o casi, los problemas que puedan encontrar en diversas áreas. Los tratamientos fértiles no son la excepción a este aliento de esperanza y, de hecho, existen diversas opciones que se pueden aplicar, siempre en función de la situación biológica de cada uno, por supuesto, pues de ello depende la causa de la infertilidad que se sufra.

Generalmente es él o bien ella quien necesita el tratamiento, aunque no son pocas las parejas que presentan problemas en los dos frentes, debiendo recurrir por tanto a una combinación de tratamientos.

Dentro de este abanico de opciones contra la infertilidad se contempla la toma de ciertos medicamentos, aquellos que estimulan las hormonas y la ovulación; pero en la lista también figuran los  procedimientos quirúrgicos menores, una tecnología de reproducción asistida que abarca varios tipos  de programaciones, aunque todas están orientados a alcanzar la misma meta, la de tener un bebé.

Y es que son procedimientos que facilitan que un espermatozoide fecunde un óvulo, por ejemplo, aunque a veces se aplica para que directamente contribuya a que este se implante en el útero. Así, las tecnologías de reproducción asistida cobran forma y práctica en la subrogación, los portadores de gestación; en la donación de esperma u óvulos, igualmente; y en la criopreservación, la congelación de óvulos, esperma o embriones.

Estos tres ejemplos se aplican generalmente en parejas del mismo sexo, por ejemplo, en personas solas que desean tener un bebé e, incluso, en aquellos cuya infertilidad se esconde en un problema con los propios espermatozoides u óvulos, debiendo recurrir para ello al esperma u óvulo de un donante.

Decantarse por un tratamiento u otro dependerá en gran parte por lo recomendado por el ginecólogo o urólogo u otro especialista en embarazo o infertilidad de turno, pues su visión y consejo profesional ayudará a escoger qué tratamiento resulta el más adecuado.

Existe, en cualquier caso, dos tipos de tratamientos fértiles más comunes, y esos son la fertilización in vitro y la inseminación intrauterina.

¿En qué consisten estas dos fórmulas terapéuticas de embarazo?

Ambos representan las fórmulas más comunes para alcanzar el tan esquivo y deseado embarazo, ciertamente. No obstante, mientras la inseminación intrauterina utiliza un esperma sano previamente recolectado que más tarde se inserta en el útero durante el periodo de ovulación, la fertilización in vitro, en cambio, recurre a la táctica de extraer los óvulos almacenados en los ovarios, para luego fecundarlos con el esperma, todo ello en un ambiente de laboratorio; allí se desarrollan como embriones y, una vez listos, se colocan directamente en el interior del útero.

Puede decirse, por tanto, que la fertilización in vitro (FIV) contribuye a la fecundación, inequívocamente, aunque también toca otras áreas como el desarrollo del embrión y la implantación final, haciendo posible alcanzar el sueño del embarazo.

Los tratamientos fértiles que siguen esta línea terapéutica contra la infertilidad demandan una combinación de medicamentos y procedimientos quirúrgicos, eso sí, los cuales facilitan que el esperma fecunde el óvulo, por un lado, y apoyan a este último en la fase de implantación en el útero, una vez ya se encuentre fecundado.

Todo empieza con la toma de medicamentos; fármacos que hacen madurar a los óvulos, preparándolos para la fecundación. Pasada esa fase, el médico extrae los óvulos, los fusiona con el esperma, y entre tres y cinco días después introduce la mezcla resultante directamente dentro del útero, ya que se han convertido en embriones.

Normalmente se suelen introducir más de un embrión, y así aumentar las posibilidades; solo si cualquiera de los embriones se implanta en el revestimiento del útero puede hablarse exitosamente de embarazo, propiamente dicho.

El coste económico de este procedimiento es alto, cierto, aunque el monto final varía según la clínica o centro especializado que lo oferte. En cualquier caso, suelen incluir medicamentos y procedimientos, anestesia y ultrasonidos, análisis de sangre y trabajo de laboratorio, almacenamiento de embriones y, cómo no, la fase final de seguimiento.

En comparación, el procedimiento de la inseminación intrauterina es mucho, muchísimo más simple. Consiste apenas en colocar el esperma directamente dentro del útero, táctica que permite que los espermatozoides sanos y previamente escogidos, lleguen más cerca del óvulo de lo que lo harían por su cuenta.

Llamada también inseminación alternativa, inseminación de donante o inseminación artificial, en este tipo de tratamientos fértiles se aprovecha el momento de ovulación de la mujer para introducir artificialmente los espermatozoides en el útero, reduciendo el tiempo y la distancia de espera y, con ello, favoreciendo la fecundación final del óvulo.

En el proceso de esta técnica se incluye la toma de medicamentos para la fertilidad (aunque esto no es necesario a veces), prescritos y pensados para estimular la ovulación. Luego se almacena el semen del hombre, ya pertenezca a la pareja o a un donante, y se le somete al “lavado de esperma”, procedimiento donde se recoge una cantidad concentrada de espermatozoides sanos.

Más adelante el médico coloca el esperma directamente en el útero, al igual que ocurre con la inseminación artificial y, de la misma forma, se considera que el proceso ha tenido éxito cuando alguno de los espermatozoides, como mínimo, fecunda a alguno de los óvulos disponibles, tras lo cual se implanta en el revestimiento del útero.

Debido a la baja tecnología que exige, la inseminación intrauterina es bastante menos costosa que otros tipos de tratamientos fértiles, ciertamente. Y aunque sí aumenta las posibilidades de embarazo, cada cuerpo es un mundo y muchas veces suelen presentarse complicaciones, por lo que los expertos no suelen garantizar que funcione.

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