La cosa anda entre los deberes conyugales del marido de Jennifer López —que se ha paseado bajo el tórrido sol de París más que un tonto con un lápiz, con tal de no fichar una-vez-más, según consta en sus capitulaciones matrimoniales— y la corbata de nuestro presidente, Pedro Sánchez, quien promete regular los calores y aconseja a propios y a extraños que, si no hay más remedio, pueden llevarla.

Ben Affleck, antes un hombre de buen porte y mejor fotogenia, era el querido por todas y mantenido por una. Al final, Dyeylóu, la López, que para eso tiene un apellido españolo torero, hizo lo que dice el refrán: «el que la sigue, la consigue». El pobre, que es tonting topic ya por su careto desesperado en busca del arca perdida, considera que en la ciudad de Emmanuel Macron —otro que tal baila—, debe cumplir con cinco caliqueños diarios o la santa se divorcia, oye.

Aquí andamos con cuestiones mundanas, ya que somos más de gazpacho y melón; y por ello intentamos pasar el mes por antonomasia y no nos da por eso. Agosto llega, esos días vacíos… porque si trabajas, eres un pringao (sin d); y si no, es que que figuras en las listas de Yolanda Díaz —la requeteteñida galega—, y no se sabe qué es peor, porque nunca hay dos sin tres.

Hemos pasado el ecuador de este año 22 de este siglo XXI, para mayor gloria de los que nos precedieron; y seguimos sin dar pie con bola, porque la inflación ya roza el número once y sigue creciendo como los letreros allí donde las mangueras ya tienen menos guasa: las gasolineras.

Los niños ya están entretenidos con la paga del tío Iceta, que les brinda disponer de cuatrocientos lereles para su ocio y disfrute, mientras les recuerda que por fin son mayores para votar (les), aunque ya lleven dos abortos. Y mientras todo eso sucede, Ben Affleck firma un contrato para ser Batman en la próxima temporada. Se conoce que así no le pillará la López y al menos podrá enredarse cual araña en su propia maraña.

Entretanto, en el pueblo, con el botijo —sin que se entere nadie—, te tiras el farol de que has ido a veranear sin corbata a Tombuctú —porque en este país somos muy de tirarnos el folio—; y como puedes, sorteas con legumbres, tortillas de un huevo y algo de carne —el día que toca— esa crisis que no te permite comer como hace un año, porque la cosa no para de subir. No sé qué pensará la flamante hija de Jorge, Verstrynge para los amigos, exnovia del excoletas, ahora secretaria de Estado para la Agenda 2030. Quizá tampoco le llegue p’a comer con el sueldazo de ciento veintitrés mil euros de vellón a los 29 años. «Qué cosas tiene mi novio», decía un anuncio de Praims. La veo cantando eso, porque lo de la III República se le da reguleras.

Pedro Sánchez sin corbata. © Europa Press

Y cuando ya lucen los días de agosto, esos que frío en rostro nos recordarán en treinta ratos que esto se acaba (para volver a empezar), vemos cómo una política de altura, Macarena Olona, se retira de la escena porque la salud decide por ella, y por tanto, no hay nada que rascar. Para entonces Ben, que ya se habrá recorrido el Sena de cabo a rabo —no me digan que no merece una sonrisa—, estará a punto de entrar en una clínica de rehabilitación cuando la recauchutada Jennifer —que lleva un bolso Kelly con chanclas, la muy hortera—, se pasee diciendo eso de «este hombre es mío y hago con él lo que me da la gana»…

Ben Affleck fotografía a su flamante esposa, Jennifer López. @Reuters

Entre col y col aparece el cartelito de Irene Montero, en donde nos recuerda que las gordas, gordos y gordes pueden visitar la arena de las playas españolas —porque tú lo vales, como el champú—; y que gracias a ella, nos bañaremos sin que nos denuncien por no tener cuerpazo (como haría la López con Affleck si no ficha, no pierdan ripio, que se me despistan). Eso sí, en el cartelaco de Jesmar no aparecen hombres. Debe ser que este género no pisa la arena como Eva María, se fue…

Para contratos, el del gas ese que nos va a explotar en la cara cuando arranque el curso escolar y cuando empecemos a notar el frío y los fríos, esos que no podremos combatir, porque —aunque ya no tengamos corbata ni calzones— no seremos capaces de pagar la factura que nos venga encima. Veremos lo que dicen Argelia, Rusia y la madre que los trajo a todos ellos porque Pedro, el de la corbata, nos tiene preparada una para que te vayas con los soldaos (sin d). No sé qué nos contará Marisu, pero tranquilos todos, que siempre se le ocurre algo.

Y como dice el refrán español: «ande yo caliente, y ríase la gente». Les deseamos desde Prensa Social un feliz descanso y que nos lean, porque nos ponemos la corbata cuando corresponde, no cuando conviene; y escribimos libremente, no vaya a ser que perdamos esta sana costumbre de informar con rigor y la verdad por delante. Y entonces esto empiece a ser la descojonación, como esta querida Nación.

Ea, con Dios. Cuídense y no se olviden: la salud decide por nosotros, siempre.

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