Estimada directora:

Me cuesta comprender la supremacía moral, por la que se considera que todo lo que se aprueba es democrático y lo que derogan no lo era.
Los «progres» autocalifican binariamente de progresista o «facha» todo cuanto sucede, con absoluta desfachatez. Por este sistema maniqueo, se han considerado avances, cuestiones que son auténticamente disparatadas que se asumen socialmente como normales.
Con esta «lógica», resulta que cuando el líder manda mutar, los que siguen fieles a la ideología, son calificados de reaccionarios. No solo sucede con políticos y votantes que no quieren seguir la ideología mutada. Un ejemplo curioso de «facha» es Juan Luis Cebrián (exdirector de El País casi 40 años). Vivir para ver…


Fernando López Clarós
Barcelona, 05.05.24

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