El reto de un país que envejece es hoy más alarmante que nunca porque la cifra de mayores y personas en situación de dependencia no hace más que crecer. Las políticas sociales no llegan a cuidar a los mayores ni a los baby boomers que ya se jubilan y que muchos tienen patologías complejas que les lleva a tener un modus vivendi siendo dependientes sine die.
La presión sobre el sistema seguirá aumentando sin duda ya que España afronta un progresivo envejecimiento de la población y, con él, un incremento de las necesidades de cuidados de larga duración. El propio Ministerio de Derechos Sociales estima que el sistema necesitará alrededor de 260.000 trabajadoras más de aquí a 2030 para responder a la demanda prevista. Si se reconocen más derechos perono existen suficientes profesionales para prestar los servicios, el sistema puede seguir teniendo dificultades para convertir un derecho reconocido en una atención efectiva.
El desafío, por tanto, no consiste únicamente en reducir una cifra administrativa. Consiste en conseguir que la valoración y la ayudalleguen mientras todavía pueden cambiar la vida de quien las solicita. Porque detrás de cada expediente hay una persona. Y detrás de cada fallecimiento registrado durante una espera hay una familia que, quizá durante meses, tuvo que asumir por sí sola unos cuidados que esperaba que el sistema público ayudara a sostener.
La cifra obliga a plantear una pregunta que será cada vez más difícil de evitar: ¿quién va a cuidar a una población que envejece rápidamente?
La dependencia no espera. La enfermedad no espera. El deterioro tampoco y la vejez llega, vaya si llega. Para quienes envejecen o pierden su autonomía, una resolución que llega después de la muerte deja de ser una solución y se convierte únicamente en un expediente cerrado.
El Ministerio estima que en los próximos cinco años habrá más de 400.000 personas dependientes adicionales. Al mismo tiempo, calcula que serán necesarias unas 751.000 trabajadoras en el sector de los cuidados en 2030, frente a unas 490.000 en 2024.
El sistema necesita gerocultoras, auxiliares de ayuda a domicilio, personal de enfermería, fisioterapeutas, psicólogos y otros perfiles profesionales. Además, más del 80 % de quienes trabajan actualmente en el sistema son mujeres, según el Ministerio. Por ello, España necesita construir un mercado laboral de cuidados capazde atraer, formar y retener a cientos de miles de profesionales justo cuando aumenta rápidamente el número de personas que necesitan atención.
España tendrá que afrontar simultáneamente tres transformaciones: más personas necesitarán cuidados, habrá menos familiares disponibles para asumirlos y será necesario incorporar cientos de miles de profesionales al sector. La respuesta determinará en buena medida si los derechos reconocidos por la Ley de Dependencia pueden convertirse en atención efectiva.
Porque la dependencia no se resuelve únicamente con una resolución administrativa. Se resuelve cuando alguien puede acudir a casa de una persona que no puede valerse por sí misma, ayudarla a levantarse, asearse, comer o salir a la calle. Se resuelve cuando una residencia dispone de personal suficiente para atender a sus residentes. Y se resuelve cuando una familia deja de enfrentarse sola a una situación que puede prolongarse durante años.

























