La Administración considera que una persona es dependiente desde el momento en el que por razones derivadas de la edad, enfermedad o discapacidad tienen falta de independencia y autonomía para realizar las actividades básicas de la vida diaria.

La Dependencia se clasifica en tres grados. El grado I corresponde a la dependencia moderada que es cuando la persona necesita ayuda para realizar pequeñas tareas al menos una vez al día o bien necesita un apoyo intermitente para su autonomía personal.

El grado II conocido como dependencia severa, se reconoce cuando la persona necesita asistencia pero tiene necesidades permanentes de un cuidador y la gran dependencia o grado III corresponde al apoyo indispensable e imprescindible porque ha perdido totalmente su autonomía física, mental, sensorial o intelectual.

Solicitud para ser valorado

El médico de familia deberá realizar un informe en el que hará una valoración de la situación de dependencia y sobre las condiciones de salud del solicitante.

Así mismo, necesitará la documentación acreditativa de los ingresos. A posteriori se hará una valoración en el domicilio del solicitante para ver in situ la situación del paciente y posteriormente se le informará de las prestaciones a las que tiene derecho para que en el plazo de diez días sepa la resolución.

En el caso de muchos ayuntamientos también se puede solicitar la ayuda del asistente social para realizar tareas domésticas o gestiones con el paciente y tiene derecho el cuidador a solicitar la ayuda económica para sufragar parte del coste que supone dicha estancia en un centro residencial durante un mes al año. En este caso deberán aportar el reconocimiento de la prestación económica de cuidados en el entorno familiar.

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