Lograr que toda una generación mundial no sea fumadora parece un sueño pero es el objetivo que persiguen las asociaciones contra el tabaco. ¿Se puede alcanzar?

La Unión Europea lo persigue y las sociedades científicas que conforman en España el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) lo han convertido en su bandera. ¿El qué? Conseguir que el tabaco no tenga haciendo palmas de adicción a más del 25 por ciento de los europeos y, por el contrario, se convierta en un vicio no habitual, practicado únicamente por menos del 5 por ciento de las personas. Algo que implicaría una generación futura libre de estos humos, por cierto, la primera en conseguirlo desde que el mundo es mundo, dicho sea de paso.

Tabaco: ese veneno para el planeta

Codo con codo el CNPT y el Ministerio de Sanidad llevan tiempo trabajando en la elaboración de una nueva ley anti-tabaco, prevista a ver la luz en 2023. Pero tiempo es lo que se han tomado para culminarla, por lo visto, porque no parece nada probable que la normativa termine de dictar sus puntos este año, siquiera, y ya parece hasta misión imposible que entre en vigor en las fechas previstas.

Mientras la indecisión campa a sus anchas entre las autoridades sanitarias, y el coronavirus y el virus del mono y demás urgencias de salud le roban la atención y prioridad a Sanidad, el tabaco continúa extendiendo su humo y haciendo sucumbir a más de 14.000 españoles al año por enfermedades cardiovasculares, según datos de un estudio amparado por la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la Fundación Española del Corazón (FEC).

Los recientes datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) reflejan, de hecho, que el tabaco no es nocivo solo para la salud, a la que arrebata más de 8 millones de vidas humanas en todo el mundo, sino también para el medio ambiente, al que causa anualmente un daño considerable e irreversible.

Una industria tabaquera que hiere al planeta con 600 millones de árboles, 200.000 hectáreas de tierra, 22.000 millones de toneladas de agua y 84 millones de toneladas de CO2.

He ahí la razón por la que expertos y asociaciones no fumadores como la Sociedad Española de Epidemiología, mismamente, han utilizado el Día Mundial contra el Tabaco 2022, hoy, 31 de mayo, para marcar y recordar cuál es la mejor ruta de actuación contra este vicio insano al humo, que inhala adicción y exhala insalubridad.

¿Cómo podríamos frenarle los humos al tabaco?

Evitando su consumo. Este es el punto de partida desde el que arrancan todas las posibles hojas de ruta contra el tabaco planteadas como medidas para avanzar en las normas antifumadoras. Y desnormalizar el consumo de esta sustancia implica desincentivar el hábito, que cale en toda la sociedad el mensaje de que el tabaco es un hábito pernicioso. ¿Cómo? Poniéndoselo cada vez más difícil al tabaco y a la industria que lo propaga.

Para ello es fundamental avisar constantemente a la población de los peligros del tabaco, por un lado, apostando entonces por un etiquetado que no incite al consumo. Es básico, asimismo, gravar más el tabaco, monetariamente hablando, para que sea más difícil acceder a él; empezar a impedir que se fume en más espacios públicos y, cómo no, desnormalizar su práctica, tan asociada actualmente al ocio y al relax.

Para Agustín Montes, por ejemplo, miembro del Grupo de Trabajo sobre Tabaquismo, marca adscrita a la Sociedad Española de Epidemiología, entidad científica muy presente en el CNPT, por cierto, hay que emprender varias acciones para evitar que el vicio del tabaco se siga propagando.

«El problema es que el consumo de tabaco está muy normalizado socialmente, porque aún se asocia con el ocio, y es habitual ver agente fumando». Por ello, «El tabaco es una conducta insana aprendida. Así que lo más importante es desnormalizarlo. No verlo como algo normal, porque es dañino. No solamente para ti mismo, sino para los que están a tu alrededor».

En este sentido, el experto razona y advierte que, si bien «en consumidores de otras drogas los daños físicos se producen por el consumo de la sustancia», con el tabaco no ocurre lo mismo; y es que «a pesar de que tú no lo consumas, puede dañarte si lo hace alguien de tu alrededor».

Imagen cigarrillo @Pixabay

Basta ver los resultados obtenidos a raíz de la entrada en vigor de las leyes de 2005 y de 2010 en España, para comprobar cómo una sola normativa puede marcar la diferencia en el control del tabaquismo y salvar vidas. Y es que el porcentaje de fumadores en el país descendió a ojos vista; vertiginosamente, primero, y poco a poco, ahora.

Actualmente el 22 por ciento de la población mantiene como costumbre este vicio, en comparación con el 23 por ciento de pocos años atrás, pero la tasa sigue siendo demasiado elevada, y demasiado costosa para la salud de todos y para el medioambiente, que también es responsabilidad de todos.

«Los avances que se han producido con las leyes del tabaco de 2005 y de 2010 deben seguir adelante», sostuvo el epidemiólogo, remachando que «hay que avanzar». A su parecer, permitir fumar en las terrazas o las playas, solo contribuye a traslada un mensaje de que fumar es normal, dado que tales zonas son lugares de socialización, por donde además transitan niños… que lo interiorizan y normalizan.

«Por eso se prohibió fumar en parques infantiles», recordó, «porque la contaminación al aire libre era mínima. pero el espíritu era de educación: para no dar mal ejemplo». Es hora de marcarse otro tanto de progreso y ejemplo, y actuar cortando al tabaco por lo sano.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí