En la celebración del septuagésimo quinto aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por las Naciones Unidas (ONU) en 1948, aún, las personas con discapacidad muestran y demuestran seguir con faltas y carencias derivadas de su condición. Es un derecho pero no cuentan con ello.

Sin duda, para poder continuar la labor y bajo la apostilla —se ha avanzado mucho— las personas con alguna discapacidad, bien sea sobrevenida, bien sea congénita o bien por la edad u otras circunstancias, aún deben justificarse, pedir ayuda, apoyos y en definitiva, considerarse autónomos y demostrar su valía a diario, no solo en el trabajo sino en su vida laboral y personal.

Especialmente las mujeres y niñas con discapacidad mantienen la doble discriminación por el mero hecho de haber nacido y además, tener una discapacidad.

Estamos lejos de seguir avanzando en materia de accesibilidad, de discapacidad, de derechos humanos, en definitiva. No existe ninguna razón sino aquella que se deriva de la desidia de los que tienen y disponen de las necesidades de los otros.

Casi nada; en sus manos, aún estamos pidiendo.

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Directora de Prensa Social. Periodista. Doctora en Ciencias de la Comunicación. Máster en Dirección Comercial y Marketing y Gestión de RR.HH.. Profesora Universitaria Ciencias de la Información. Estudios de Psicología y Derecho. Miembro de The Geneva Global Media United Nations, Presidente de DOCE, Miembro del Comité Asesor de la Fundación López-Ibor, Miembro del Comité de Ética Sociosanitarios EULEN, Consultora de Comunicación loquetunoves.com. Autora libros: Actos sociales y familiares, fotografía social. Junio 2012. Coautora: El cerebro religioso con María Inés López-Ibor. Enero 2019.

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