Discapacidad, incapacidad, dependencia: las diferencias

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discapacidad y dependencia destacada.

Discapacidad y dependencia no son lo mismo. En ‘Prensa Social’ le explicamos las diferencias entre una y otra.

Discapacidad y dependencia son dos situaciones distintas, aunque ambas pueden sobrevenir a una persona a lo largo de su vida. De hecho, una y otra son cada vez más susceptibles de aparecer con el paso de los años.

La Real Academia Española (RAE) define discapacidad en su primera acepción como «situación de la persona que por sus condiciones físicas o mentales duraderas se enfrenta con notables barreras de acceso a su participación social». Así mismo, se refiere a dependencia en su séptima acepción como «situación de una persona que no puede valerse por sí misma».

De ambas definiciones se deduce que la principal diferencia entre discapacidad y dependencia es la autonomía personal. Es decir, la discapacidad implica «barreras», pero no impide a una persona participar por sí misma en la comunidad. En el caso de la dependencia, se necesitan apoyos de terceros para realizar actividades cotidianas, como vestirse, ducharse o comer.

«La discapacidad se tiene», apuntan desde la plataforma de personas con enfermedades crónicas In-pacient.es. «Por ello se dice que una persona está discapacitada y no que es discapacitada», añaden. Respecto a la dependencia, señalan que esta «pérdida de autonomía se puede deber, por ejemplo, a una enfermedad o una discapacidad».

¿Qué es la incapacidad?

Cuando discapacidad y dependencia tienen unos grados muy elevados, pueden dar lugar a la incapacidad de una persona. Esto es, «aquella situación en que la persona no tiene capacidad suficiente para gobernar su persona o bienes», explican en In-pacient.es. En los casos más extremos, siempre por vía judicial, se designa una persona que represente y tome decisiones por la persona que está incapacitada.

La incapacitación legal de una persona no debe confundirse en ningún caso con la incapacidad laboral o invalidez. Esta se produce cuando, «debido a una discapacidad, una persona no puede desarrollar actividad profesional asalariada, total o parcialmente, independientemente de si tiene o no capacidad suficiente para gobernar su persona y bienes», aclaran desde la plataforma de personas con enfermedades crónicas.

discapacidad y dependencia interior.
La incapacidad de un persona es aquella situación en que la persona no tiene capacidad suficiente para gobernarse a sí misma o sus bienes./ Foto cedida por ©truthseeker08.

Tal y como explicó el abogado experto en discapacidad Néstor González Jiménez durante la jornada informativa ‘Planificando el futuro planificando el futuro en situaciones de discapacidad’, organizada por el Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia (CEDDD) y la Federación de Sindicatos Independientes de Enseñanza (FSIE), la incapacitación de una persona con discapacidad «tiene que obtenerse siempre por sentencia judicial».

Esta sentencia debe de ser «como un traje a medida», afirmó González Jiménez, de tal forma que ha de «determinar la extensión y límites de la incapacitación, además del régimen de tutela o guarda asignado a la persona incapacitada». En este sentido, el juez puede establecer la tutela, la curatela o el defensor judicial de dicha persona.

La tutela se asigna cuando queda acreditada una limitación funcional de la persona para regir su capacidad y administrar sus bienes; la curatela se establece para aquellas personas que, en atención a su grado de discernimiento, requieren apoyos en el marco patrimonial y personal; y el defensor judicial se aplica en casos con conflictos de intereses entre el sometido a tutela, curatela o patria potestad y el que la ejerce. En cualquier caso, destacó el abogado, hay que tener en cuenta que «la incapacidad es siempre reversible».

Cifras de discapacidad y dependencia

Según los últimos datos publicados en 2008 por el Instituto Nacional de Estadística (INE), con cifras de 2007, en España hay más de 3,8 millones de personas con discapacidad. En términos porcentuales, casi el 9% de la población.

Por su parte, en cuanto a números de personas en situación de dependencia en nuestro país, no existen cifras exactas. Ello se debe a los largos plazos que implica la tramitación de un grado de dependencia, provocando muchas personas fallezcan sin llegar a ver reconocida su situación.

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