Descubra las opciones más habituales para vivir de las personas mayores de 65 años en España una vez que se ha divorciado de su pareja.

Las relaciones de pareja, incluso las más duraderas, pueden llegar a su fin. Es lo que está ocurriendo últimamente en España con las personas mayores de 65 años. Y es que el número de divorcios y separaciones a partir de esta edad ha crecido de manera considerable.

Más divorcios a partir de los 65, ¿por qué?

El motivo principal de este suceso es que en ese momento vital la pareja suele pasar más tiempo junta ya que ambos están jubilados y, por tanto, la convivencia se hace más estrecha. Esto puede llevar a tener más roces o pensar que la otra persona es un ‘extraño’ y termina por finalizar la relación.

Un hombre y una mujer se cruzan en un pasillo. / © Cottonbro. Pexels

Esta forma de entender la vida en la que es posible separarse de una persona incluso con más de 65 años es muy moderno. Hasta hace muy poco, una situación de este tipo era prácticamente imposible de ver y solía obtener el rechazo de la sociedad.

«las generaciones anteriores de personas mayores ni siquiera tenían la posibilidad real de plantearse el cambio»

Mariano Urraco, profesor de la Universidad a Distancia de Madrid

El sociólogo Mariano Urraco, profesor de la Universidad a Distancia de Madrid, explica: «antes las personas vivían una sola vida y ahora viven varias. Los individuos toman muchas más decisiones sobre su vida, han ganado más libertad, más margen de maniobra, y a nivel social está mejor visto».

¿Qué pasa con la vivienda?

Toda separación o divorcio que se precie, sea a la edad que sea, implica un cambio de vida en ambas personas y uno de los puntos clave es la vivienda. A partir de los 65 años de edad, las opciones en este aspecto también dependen de la capacidad económica de las personas.

Las más habituales en España, son las siguientes: alquilar, usar segunda residencia o viviendas colaborativas

En el primer caso, es el ideal para aquellas personas que tienen una gran capacidad económica y que su pensión les permite ese desembolso de dinero. Ofrece mayor autonomía y poder de decisión. Otra de las opciones más reales es el uso por parte de una de las personas de la pareja de la segunda residencia como vivienda habitual o su venta para comprar otra casa posteriormente.

«Las personas mayores de 65 años que se divorcian suelen poner ambas propiedades a la venta para luego poder repartir el importe obtenido. Posteriormente, compran viviendas más pequeñas, de menor nivel y normalmente sin hipoteca»

Jesús Duque, vicepresidente de Alfa Inmobiliaria

En el caso de tener problemas económicos, pueden llegar a vivir en la misma vivienda aunque estén separados y alquilan la segunda residencia para obtener beneficios. Normalmente, esto suele ser temporal hasta que tengan el dinero para poder vivir en casas separadas. También existe la posibilidad de compartir piso, aunque es menos común entre las personas de más de 65 años.

Vivienda colaborativa

La tercera de las alternativas, que está teniendo un gran auge en España, son las viviendas colaborativas o los Senior Cohousing. Son proyectos en los que personas mayores viven en hogares independientes pero con zonas comunes, como si fuera una comunidad.

«Es el plan ideal para combatir la soledad no deseada de las personas mayores»

Pedro Ponce, presidente de la cooperativa Senior Cohousing Huelva

«La máxima de esta alternativa es la solidaridad y la ayuda mutua», explica Jaime Moreno, uno de los fundadores de otra cooperativa de este tipo en Madrid. Entre todas las personas que viven en la Senior Cohousing desembolsan unos 1.200/1.400 euros al mes y cubren todo tipo de gastos: comidas, cocinero, baños terapéuticos, portería, limpieza, suministros, etcétera.

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