Dolor de coxis: ¿cómo se puede evitar?

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Llamado popularmente ‘dolor de culo’, el dolor de coxis es una de las consultas médicas más recurrentes de la Atención Primaria y de la Traumatología.

El coxis o cóccix, más conocido por rabadilla, es el hueso que aúna el final de las vértebras de la columna de la espalda; ubicado en la zona del ‘culo’, su dureza esconde, no obstante, un amplio abanico de patologías.

De una caída de culo a un casi seguro dolor de coxis

Definido como «el hueso propio de los vertebrados que carecen de cola, formado por la unión de las últimas vértebras y articulado por su base con el hueso sacro», según la RAE o la Real Academia Española de la Lengua, el coxis se estructura en tres o cinco vértebras muy unidas pero que no acaban de fusionarse; tienen un cierto movimiento y entre todas ponen fin a la columna vertebral del Homo sapiens.

En opinión de Raúl Torres Eguía, doctor responsable de la Unidad de Cadera de la Clínica CEMTRO, el coxis «es una estructura ósea donde confluyen todas las terminaciones nerviosas que discurrían antaño por el rabo de nuestros antepasados mamíferos». Una zona en la que «se genera una gran tensión muscular, debido a la acción de los ligamentos que conforman la pelvis a ese nivel de la cadera».

Se dice que el dolor de coxis aparece cuando una persona resbala o tropieza y cae de culo sobre un suelo duro, ya se trate de asfalto o cemento, pedregal o pista de hielo. Se trata de una molestia que dura varias semanas, más o menos, y que se presenta con una intensidad un tanto aguda, o así lo explica este facultativo.

«En la mayoría de los casos, los pacientes no podrán sentarse sin sentir molestias, incluso al tumbarse boca arriba o al dar pasos más largos de los habituales; lo que les obligará a andar más despacito. Para el médico no será una patología preocupante porque tenderá a disminuir hasta desaparecer con el paso de los días».

Sin embargo, es importante no confundir la coxidinia, también llamada coccigodinia o coccidinia, con el dolor de coxis, y más cuando el primer término alude a una inflamación del hueso de la rabadilla en cuestión; y es que no es un dolor de coxis cualquiera, sino que más bien consiste en un padecimiento muy localizado que empeora ante el más mínimo intento de movimiento físico, especialmente ante la realización de esas actividades que ejercen presión sobre la base de la columna vertebral.

«Es un dolor residual que causa molestias leves o dolores agudos persistentes que quizá transformen la vida del paciente en un auténtico suplicio», explicó al respecto el doctor Torres. Una infección que las más de las veces aparece a raíz de un golpe en la zona, que ni siquiera tiene que ser reciente y que incluso pudo haber sucedido meses atrás.

Un accidente que a su vez provocó una contractura muscular, la cual ocasionó más tarde una tensión posterior en los ligamentos, dando paso así al bloqueo del coxis, impidiendo asimismo la movilidad normal del paciente.

Las personas aquejadas de esta dolencia «no pueden sentarse a gusto en la silla de su oficina o en el asiento del vehículo», detalla el doctor Torres, añadiendo que son pacientes que «están muy inquietos, sin saber cómo acomodarse». Hablamos de afectados que «llegan a necesitar un cojín o un flotador de piscina para pasar el trance diario».

¿El dolor de coxis cuenta con medidas rehabilitadoras?

Sí, afortunadamente, y la primera de ellas pasa por una rehabilitación de la fisioterapia. ¿Pero qué ocurre si, a pesar de tales tratamientos terapéuticos, el resultado no es completamente satisfactorio? Que entonces se debe recurrir a la osteopatía, cuyas técnicas rehabilitadoras son capaces de acentuar la manipulación de los músculos y los huesos implicados y, con ello, romper el círculo vicioso que tanto la tensión muscular como el bloqueo óseo han creado en la zona afectada.

«A veces es inevitable recurrir al tacto rectal, como haría un urólogo, para activar este huesecillo y recolocarlo en su sitio», hizo ver torres, doctor y traumatólogo, comparando dicha acción con «como solemos hacer con las vértebras del cuello cuando se encuentran bloqueadas».

Solo cuando la osteopatía falla es cuando se recomienda echar mano de la infiltración de fármacos antiinflamatorios. En este sentido, el doctor Torres indica que «se inyecta un corticoide con un poco de anestesia para romper ese círculo vicioso y hacer desaparecer el dolor». ¿Y por qué? Dado que «el paciente, al no sentir molestias, se moverá sin dificultad y recuperará su normalidad corporal».

Cabe señalar, asimismo, que el dolor de coxis sucede con más frecuencia entre las mujeres que entre los hombres, y básicamente porque la anatomía femenina consta de una pelvis más amplia, con un sacro que rota hacia fuera; algo que se diferencia bastante del sacro masculino, que rota hacia adentro.

De hecho, el coxis femenino soporta mucho más el peso del cuerpo que el coxis de los varones; un uso al que se suma la carga extra de las secuelas de un embarazo, que a efectos del coxis se deja sentir especialmente en la cadera.

«En los casos más desesperados, que no se pueden curar con técnicas poco invasivas, no queda más remedio que extirpar el coxis», aclara el traumatólogo Torres, matizando que esta es «una intervención quirúrgica indeseable que intentamos evitar al máximo, ya que esta estructura ósea sirve de anclaje a los ligamentos y forma parte del conjunto de huesos sobre los que nos sentamos».

¿Cómo se puede prevenir el dolor de coxis?

Lo más importante es esquivar todo lo posible esas acciones que corren el riesgo de acabar con el culo contra una superficie dura. ¿Traducción? No correr al bajar las escaleras, por ejemplo; apoyar bien los pies sobre los peldaños, mismamente; o sujetarse bien al pasamanos, sin ir más lejos.

Si bien es cierto que «no podemos esquivar las desgracias», tal y como apunta conclusivamente el doctor torres, sí podemos escoger que el cuerpo no se exponga a tantos peligros. Así, «a la hora de muscular nuestro cuerpo con una tabla de abdominales u otros ejercicios gimnásticos que nos obliguen a estar tumbados boca arriba, debemos hacerlo sobre una colchoneta mullida, ya que mover y aplastar el sacro y el coxis nos conducirá casi con total seguridad a un dolor de culo».

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