La edad es usada con frecuencia como instrumento de discriminación, condicionando nuestras relaciones personales y las oportunidades en términos de accesibilidad a un empleo, a los servicios de salud o a las plataformas políticas. Se produce entonces un caso de edadismo.

España es un país «muy edadista»

Es un concepto bastante nuevo en nuestro país, pero que fue acuñado ya en 1968, por el gerontólogo y psiquiatra Robert Butler, para referirse a la discriminación contra las personas mayores basándose en la edad. Más tarde, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo definía como «los estereotipos, los prejuicios y la discriminación contra las personas debido a su edad».

Manos de persona mayor. Foto: ©Pixabay

El 18 de marzo de 2021 se emitió el primer Informe mundial sobre el edadismo, elaborado por la Organización Mundial de la Salud en colaboración con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas y el Fondo de Población de las Naciones Unidas.

Según dicho informe la mitad de la población mundial muestra comportamientos discriminatorios contra las personas mayores. Aunque todos los países tienen este problema, se asegura que en España «somos muy edadistas».

Un ejemplo de esta conducta es el uso del término «abuelos», porque reduce todo lo que es una persona a una categoría familiar. 

El edadismo nos afecta a todos a lo largo de la vida. A partir de los 4 años empezamos a interiorizar los estereotipos relativos a la edad; y éstos guiarán, de forma más o menos consciente, la conducta a lo largo de nuestra vida.

El problema es que el edadismo no está presente en las agendas políticas y parece no suscitar demasiado interés.

Hasta ahora se ha hablado muy poco de ello en España cuando, paradójicamente, es un problema universal porque todos, con suerte, acabaremos siendo personas de edad avanzada.

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