«Si no hay otro remedio, voy». Este es el comentario que hacen la mayor parte de los mayores que se conforman porque no tienen otra opción ya que el 90% no quieren ir a las residencias.

Tres de cada cuatro residencias son privadas lo que supone que muchos mayores esperen a que les toque el turno de la pública porque no pueden pagarse otra. Esto se suma a aquellos que no cumplen los requisitos.

Los mayores cambian su circunstancia personal en días porque pueden pasar de no tener deterioro cognitivo a tenerlo, de no tener problemas de movilidad a que estos no les permitan ser autónomos. Disponer de fisioterapeuta, asistencia médica, enfermera, cuidados personales, control de la medicación entre otras cuestiones, amén de una dieta adecuada es lo más importante llegados a esta situación vital.

Los pros y los contras están encima de la mesa porque la soledad embarga la vida de los mayores y eso, no es necesariamente bueno. La compañía alarga la vida y también supone un considerable ahorro si hablamos de compartir gastos una vez que el mayor decide quedarse en casa porque está razonablemente bien.

En el caso de los pisos tutelados, los mayores pueden solicitarlos al ser alojamientos públicos pero no es fácil que sean concedidos. Igual sucede con el cohousing o el coliving, compatir piso (en castellano).

En todo caso, según H.V. psicólogo, respetar la decisión de los mayores es lo que se debe hacer porque son ellos los que saben qué les conviene llegados a esa edad.

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