José María del Pozo aprendió a producir prótesis durante el confinamiento y consiguió enviarlas a Ruanda. Está a la espera del visto bueno del Gobierno del país africano para enseñarles a producirlas allí.
Roberto Palomo en El País, miércoles 5 de enero de 2022.
«Yo creo en la compasión, esa semilla que todos llevamos dentro», reflexiona José María del Pozo, (Badajoz, 53 años). «Vivo de mi trabajo y al principio no era más que una curiosidad, pero al ver una foto de una niña sin mano se me saltaron las lágrimas», confiesa este abogado, que aprendió a fabricar prótesis ortopédicas de manos durante el confinamiento con su impresora 3D y que ahora las envía a personas en Ruanda de manera totalmente altruista.
Del Pozo dedicó su tiempo libre durante el confinamiento a «enredar» con su impresora 3D. Al principio construía cabezas de personas y objetos de decoración. Mejoraba la técnica y pasaba el rato. Pero, un día, navegando en la red, se topó con un vídeo de Gino Tubaro, un joven argentino que fabrica prótesis para personas desfavorecidas, y decidió dedicar todo su esfuerzo a ello.
«Empecé a hacer las manos de Gino y luego conocí una comunidad internacional en internet que se llama Enabling The Future donde se comparten modelos muchos más sofisticados», explica Del Pozo.
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