El alzhéimer y los consejos más eficaces contra su demencia

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¿Sabe cómo prevenir el alzhéimer? He aquí unas cuantas recomendaciones para ayudar al cerebro a intentar eludir esta enfermedad neurodegenerativa y otras demencias.

Pese a no ser una enfermedad específica, sino más bien una condición general que pone a la deriva a las funciones mentales, empujando al deterioro y limitando la autonomía de quien lo sufre, la demencia tiene más de 100 causas conocidas, siendo el alzhéimer la más común de todas ellas, acumulando entre el 50 y el 70 por ciento de los casos de demencia reconocidos a nivel mundial.

Por ello, y con motivo del Día Mundial contra el Alzhéimer, hoy, 21 de septiembre, vamos a hablar de lo que uno puede hacer para intentar no caer en las garras de esta patología. Y decimos intentar, porque es preciso matizar que el alzhéimer tiene un origen desconocido (por ahora), por lo que de momento es incurable. Y aunque aún persiste la creencia de que es una demencia hereditaria con origen genético, esto es más bien falso, porque solo se lega en un porcentaje muy pequeño de casos, según estimaciones.

Alzhéimer, un proceso silencioso de degeneración paulatina

Entendida a grandes rasgos médicos como una acumulación anormal de las proteínas tau y amiloide en el cerebro, la enfermedad de Alzhéimer tiene un desarrollo que implica la involución de sus pacientes, despertando incluso hasta varias décadas antes de diagnosticarse.

Los casos genéticos y hereditarios de esta patología rondan el 1 por ciento del total de detecciones, e incluso menos, y en tales circunstancias suele deberse a una mutación específica en los genes PSEN1, PSNE2 y APP.

Pero lo cierto es que buena parte de los casos de esta enfermedad responden a causas esporádicas, donde los factores ambientales son los principales culpables de inducir a los genes a pasar por un proceso gradual de cambios silentes en sus actividades, desencadenando con ello la aparición final de la demencia.

En este sentido, y según las hipótesis más epigenéticas, tanto la exposición a tóxicos como el estrés o el tipo de dieta que uno tiene constituyen los incentivos más causales de esta enfermedad neuronal. ¿La buena noticia? Que, al tratarse de factores tan ambientales, la posibilidad de poder prevenir la enfermedad va cobrando más importancia, realismo y factibilidad.

Y más cuando el panorama de la demencia ha ido cambiando y disminuyendo con el paso de los últimos años, especialmente en algunos de los países más desarrollados; tan tangible es actualmente esta perspectiva de prevención, que incluso instituciones sanitarias como la Comisión Lancet o la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablan abiertamente de prevención en los informes que dedican a esta enfermedad.

¿Cómo? Abriendo las puertas de la investigación científica hacia intervenciones basadas en la modificación de los propios factores de riesgo, los señalados arriba, básicamente, y siempre y cuando se disponga de una evidencia contrastada, por supuesto.

Ejemplo de esta opinión de prevención del Alzhéimer es el manifiesto de Berlín, publicado en 2019, en el que se sugiere que más de un tercio de las demencias actuales pueden prevenirse si se empieza evitando los infartos cerebrales. O la postura del profesor Gill Livingston, del University College de Londres (UCL).

Bajo la perspectiva de este facultativo, si el factor del Alzhéimer es eliminado, se pueden conseguir ciertos porcentajes específicos de reducción; su equipo, de hecho, segmenta en 12 factores los elementos que más propician el riesgo modificable de la demencia, desde la educación recibida en la vida temprana y la pérdida auditiva al envejecer, hasta la obesidad y la diabetes, la inactividad física y el respirar aire contaminado; pasando por la hipertensión, el traumatismo cerebral, el fumar, el consumo excesivo de alcohol… e incluso por la depresión y el aislamiento social.

¿Cómo cuidar debidamente el cerebro?

El modelo actual de la organización sociolaboral, más tecnológico e industrializado, por cierto, ha propiciado cambios significativos en los hábitos de vida, azuzado a su vez por la costumbre humana de aglutinarse en las grandes urbes. Basta ver cómo el estrés, el sedentarismo y la inadecuada alimentación han aumentado sus tasas para percatarse de esto.

Unas modificaciones de los hábitos que se han repetido varias veces a lo largo de la historia, alcanzando lenta y progresivamente al cerebro y al resto del sistema biológico. Un fenómeno que es la esencia de la neuroplasticidad, desde luego, siendo una propiedad intrínseca de las redes neuronales la capacidad de adaptarse y reorganizarse para sobrevivir.

Por ello no es descabellado afirmar que ciertos hábitos pueden mejorar la salud cerebral, consiguiendo preservar durante más tiempo su funcionamiento óptimo, por un lado, lo que a su vez permite limitar la aparición de procesos neuropatológicos, por otra parte.

Volviendo al concepto de la neuroplasticidad y su relación con el Alzhéimer, para el profesor Stern, de la Universidad de Columbia, en EEUU, todo se reduce a la “reserva cognitiva”; es decir, a la combinación de capacidades que permiten al cerebro afrontar de forma activa el daño cerebral recibido, ya vengan propiciados por elementos innatos o factores adquiridos con la experiencia, véase la ocupación y la educación, por ejemplo.

En opinión de este facultativo, el cerebro tiene mucha resiliencia, lo que viene a significar que puede desarrollar una cierta capacidad para sobreponerse a situaciones no favorables; ¿Cómo? Optando por la compensación, que activa redes cerebrales alternativas, o apostando por algunas estrategias cognitivas, especialmente las que ayudan a preservar mejor el funcionamiento de una persona.

Estas son las recomendaciones más reiteradas contra el Alzhéimer

Por todo lo expuesto, entre los consejos más eficaces para actuar a tiempo contra el aguijón de esta demencia patológica destaca el tener una dieta saludable y equilibrada como la mediterránea, según los expertos; mantener la mente activa, desde luego, realizar actividad física de forma regular y moderada, sin ir más lejos, y potenciar relaciones sociales de calidad. Sin olvidar, cómo no, reducir el estrés, eliminar el consumo de tabaco y alcohol, dormir adecuadamente, es decir, al menos seis horas al día, y promover el bienestar emocional.

Y aunque aún no está claramente demostrado que la influencia de diversos factores ha contribuido a disminuir los casos de demencia que actualmente experimentan algunos países desarrollados, tal y como apuntan los datos de estudios e instituciones, las huellas plausibles señalan que en la ecuación sí ha tenido mucho que ver el control de la hipertensión, el colesterol y demás factores de riesgo vasculares, así como las mejoras en la educación, en la nutrición y en las restantes condiciones socioeconómicas. Y lo mismo se le atribuye a la adopción de hábitos de vida saludables, por cierto, que hasta han podido reducir la inflamación entre los pacientes.

En cualquier caso, y siempre priorizando la salud pública, resulta incuestionable lo importante que es concienciar a la población sobre los factores de riesgo modificables, sembrando en este proceso de visibilidad la necesidad de abrazar y promover los hábitos de vida más saludables. Uno, porque la ponderación de mecanismos neurobiológicos específicos está asociados a cada factor; y dos, porque ello implica riesgo y protección, y un subtipo de demencia que puede poner en jaque la salud del futuro, si no se actúa a tiempo.

Así, y aunque no exista realmente un camino de baldosas amarillas que seguir con precisión para prevenir el Alzhéimer y otras demencias, está más que visto que imponer algunos cambios en la vida cotidiana pueden ayudar a eludir esta trampa que, si bien no es mortal (directamente), sí es fulminantemente degenerativa y terminante.

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