La vida se va como un soplo de aire fresco. Pasan los años y nosotros con ellos. Entretanto mueren personas que conocimos; esas que acaso nos hicieron ser lo que somos. Y en ese afán perdemos muchos días; tantos, que si hiciéramos una verdadera reflexión nunca nos permitiríamos ese desliz.

Los días se van también y decimos en voz alta esa frase que nos da más vértigo aún: «Ya estamos en Navidad». Esta es la que nos devuelve a la infancia, a la inocencia, a lo que soñamos alguna vez. Y arrancará otro año lleno de buenos deseos y lo que es auténtico se marcha, nos deja, porque todo lo que queremos se nos irá.

Cada día perdemos referencias, personajes que nos encandilaron con sus letras, con sus palabras o con su música. Otros, más sencillos, simplemente nos tendieron su mano; otros fueron los que nos dijeron que por ahí no era; y otros tantos los recordamos acaso de pasada.

Y un día cualquiera, cuando ya apenas le importe a nadie, nos convertiremos en la nada porque «aquí estamos de paso», otra frase que escucho con cierta calma. Y es verdad. En el breve espacio en que no estás, reconocemos lo auténtico, lo que verdaderamente nos pertenece; eso que de forma singular nos hace conjugar el verbo amar.

Pablo Milanés nos dejó la belleza de sus canciones y hoy, como ayer, murieron otros tantos que no tenían ni siquiera un perrito que les ladrara, pero no serán recordados. Esas personas eran, si cabe, más importantes. Porque en el anonimato nos perdemos los amores, los deseos, los minutos de conciliación con la vida y estrechamos un enorme lazo con nuestra propia existencia. Quizá no nos detenemos a pensar que nos quedan pocos días y perderlos no es la mejor elección. Nos quedan pocos ratos con nuestros mayores; con nuestra pareja; con nuestros amigos; la vida se nos escapa de entre las manos y esas gloriosas sensaciones que nos evocan los acordes y momentos únicos, se esfumarán.

«Estás en lo mejor de lo que te queda», decía mi querido padre, y es verdad, pero nunca lo pensamos. Nos creemos eternos, no nos prestamos atención; no cuidamos de los que realmente merecen nuestro tiempo y nos cabreamos a diario con pequeñeces que nos quitan vida.

Quizá vivir sea algo más sencillo: estar en el mejor sitio del mundo no es poseer cosas, sino recostarte en el pecho de alguien que te abraza y sentir que flotas en un universo lleno de poesía. Algo tan simple como bello; algo que hoy, no nos querríamos perder. No es dónde; es con quien y vivir empieza a ser un asunto urgente.

Pablo, tu música me ha hecho reflexionar hoy y no, no voy a perderme la vida y lo que me es dado. En el breve espacio en que no estás siempre quedará el enorme legado de los acordes que hoy nos hace palidecer; la belleza convulsa de tus magníficas letras. Esas siempre te devolverán a este lugar. Casi nada. Descansa en paz.

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